Para entendernos: recomendaciones para el verano. Infolibre 10 agosto 2022

Javier de Lucas (Murcia, 1952), es una de las voces más autorizadas de nuestro país en materia de derechos humanos. Su trayectoria es casi inabarcable: catedrático de filosofía del derecho en el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Valencia (del que fue fundador), exdirector del Colegio de España en París y actualmente es senador por el PSOE y presidente de la Comisión de Ciencia, Innovación y Universidades del Senado, ha escrito 25 libros, varios centenares de artículos en revistas especializadas y colabora habitualmente en prensa: así, en Infolibre, csi desde los comienzos. Dentro de toda la actividad intelectual que desarrolla ha dejado hueco, sin embargo, para cultivar su pasión por la lectura y el cine; ahora también, por las series de TV.

«Leo casi compulsivamente», asegura De Lucas, «pero si me preguntas por preferencias, depende del momento. En los dos últimos años, he devorado ensayos que presentan contexto y ayudan al diagnóstico de lo que nos pasa: sigo con atención cuanto escribe Etienne Balibar, como su último Cosmopolitique. Des frontières à l’espèce humaine. También el de Roberto Gargarella, El Derecho, como una conversación entre iguales, y dos de los últimos de Manuel Cruz, El virus del miedo -sobre un asunto que ha tratado muy bien Patricia Simón en su Miedo. Viaje por un mundo que se resiste a ser gobernado por el odio- y Democracia, la última utopía. Más referidas a cuestiones que se debaten hoy, los de José Errasti y Marino Pérez Nadie nace en un cuerpo equivocado. Éxito y miseria de la ideología de género; el de Alvarez Junco, Qué hacer con un pasado sucio; y los de S L Myers El nuevo zar. Ascenso y reinado de Vladimir Putin, y Pitts, Afropean. Notas sobre la Europa negra. Desde hace años me interesa mucho la discusión sobre la cuestión animalista y he leído los libros recientes de Marta Tafalla Filosofía ante la crisis ecológica. Una propuesta de convivencia con las demás especies: decrecimiento, veganismo y rewilding y el de Virtudes Azpitarte, Nietzsche y los animales. más allá de la cultura y de la justicia. Por más que hay sobre todo dos clásicos imprescindibles a los que recurro: las Meditaciones de Marco Aurelio y los Ensayos de Montaigne.

Respecto a la novela, asegura, «confieso que me he hecho mayor, porque prefiero releer que estar al día. Gracias al nobel he descubierto la obra de Abdulrazak Gurnah y me han interesado mucho su Paraíso y A orillas del mar porque suponen un punto de vista diferente (el de la cultura musulmana que ha dominado Zanzibar durante siglos) acerca del comercio de esclavos, las manifestaciones de movilidad humana e incluso los refugiados, en el continente africano. Me gustan dos autores de ese tipo de novela policiaca que permite contextualizar: Markaris (La hora de los hipócritas, Ética para inversores o Cuarentena) y  todo lo que publica Von Schirach».

Sereconoce como un lector regular de poesía, «pero poco cultivado y con un espectro muy reducido, más bien recurrente. Tengo a mano habitualmente a Hölderlin y a Rilke, a Emily Dickinson y a René Char. También a Benedetti y a García Montero».

Cambiando de tercio, el filósofo asegura que, desde el confinamiento, dedica más tiempo ahora a las series de TV que al cine: «porque su formato y duración permite a quienes tienen algo que decir plantear la complejidad y la multiplicidad de factores que moldean nuestra realidad, sin simplismos ni maniqueísmos. Me asomo a muchas series, aunque hay pocas que me mantengan la atención más allá del primer capítulo. Si se trata de las que ayudan a comprender la situación, me resulta difícil mencionar una sola, aunque siempre destacaría Years, years, que describe muy bien a mi juicio algunos de los males que nos acechan y no pocas de nuestras erróneas respuestas. Pero también The Wire (la cuarta temporada, por ejemplo), Succession, Baron Noir y Les sauvages. La última temporada de Borgen es mucho más cercana a los problemas reales de nuestro desorden internacional que las anteriores, es más realista sobre el juego político que esas temporadas anteriores, que me parecen demasiado dramatizadas e idealizadas. Sobre la industria millonaria de las drogas, Zerozerozero. Sobre las epidemias que destrozan los EEUU, American Rust. Me han gustado mucho Mare of East Town y After Life. También me han hecho reír, algo muy de agradecer dos series recientes, The state of the Union y Hacks

Sobre el cine de nuestro país, nos recomienda dos películas de este mismo año: Alcarrás Cinco Lobitos. La primera narra la historia de los Solé, una familia de agricultores catalanes que ve peligrar su forma de vida cuando se instalan en sus terrenos placas solares. El film ha hecho historia al ganar el Oso de Oro en Berlín, convirtiendo a Clara Simón, su directora, en la primera mujer española en hacerse con ese galardón. En cuanto a Cinco Lobitos, trata el tema de la maternidad y de las relaciones familiares desde varias perspectivas y con una gran sensibilidad. De ambas destaca De Lucas que “son cine de calidad, sin alharacas, y las dos historias, aparentemente cotidianas, reflejan las dificultades propias de nuestra situación y las diferentes maneras de encararlas”. Añade un largo, de género documental, de la directora Laura Hojman, «Antonio Machado. Los días azules».

“Creo que las buenas creaciones culturales, qué se yo, el teatro de Mayorga, las películas y series, la poesía o el ensayo que he mencionado, la danza, son siempre refugio y también acicate”, relata el filósofo, que nos invita a preguntarnos qué entendemos por cultura. Para él la clave de esa definición está en incluir a todo aquello que nos ayude a interrogarnos, a mantener la curiosidad y, en lo posible, el sentido del humor o, al menos, la ironía”.

La amistad no admite la procrastinación. De nuevo, en 31 de julio

Como cada 31 de julio, sigo con el hábito de recordar que esta era la fecha del comienzo de las vacaciones de verano para un grupo de amigos que nos reuníamos en Jávea, en casa de Ignacio e Inma.

Sus ausencias, como la de Paco, como la de los otros amigos que se nos han ido en estos años de pandemia sin apenas poderlos despedir, como la muy reciente de Tomás, son ahora las que marcan esta fecha.

Ya no celebramos el santo de Ignacio, con esas veladas llenas de risas, vino y poesía, con su protagonismo -puro pleonasmo, hablando de Ignacio-, al que daba siempre contrapunto un Paco que estaba cargado de poesía, por más que intentara disimularlo.

Ignacio sigue en nuestra memoria e incluso se diría que en ella nos acompaña aún más, a cada año que le echamos en falta. Como nos acompañan esos amigos que son parte de nosotros mismos: Paco, Inma, Tomás…

No era Benedetti uno de los preferidos en esas veladas (Salinas, mucho más), pero me acojo a los versos de Benedetti en su poema «Después», cuando despunta esta mañana del 31 de julio en Jávea, aún tranquila:

«No hay después

Porque después, el té se enfría

después, el interés se pierde,

después, el día se vuelve noche

,después, la gente crece,

después, la gente envejece,

después, la vida se termina

y uno, después, se arrepiente por no hacerlo antes,

cuando tuvo oportunidad»

No escribo esto, hoy, para lamentar mis pérdidas, nuestras pérdidas.

Escribo para aprovechar este día y repetirme, repetir a los amigos, que es ahora cuando tenemos que saber mostrar nuestra amistad, nuestro afecto a las personas que nos importan.

No hace falta escribir como Benedetti o Salinas. Incluso, no hace falta escribir.

Quizá basta que sepan que estamos ahí y que cuentan con nosotros. Al menos, que se lo digamos y no lo dejemos para después.