¿POR QUÉ AVANZA LA EXTREMA DERECHA ENTRE LOS JÓVENES, 50 AÑOS DESPUÉS?

Este aniversario redondo, medio siglo de la muerte del dictador, ha propiciado todo tipo de balances sobre los cambios que hemos vivido en España en cincuenta años. Y hay un dato preocupante que emerge, el ascenso entre los más jóvenes de la adhesión o al menos la simpatía hacia postulados de la extrema derecha. Por más que el fenómeno parezca alinearnos con una tendencia global, parece incontestable la tesis de que sectores muy significativos de la juventud se muestran no sólo críticos hacia la democracia liberal, sino abiertamente próximos al modelo franquista, lo que es un rasgo particular de nuestro país. Veamos algunos datos.

Si acudimos al barómetro de octubre de 2025 del CIS (https://www.rtve.es/contenidos/documentos/barometro_cis_octubre_2025.pdf) parece claro que uno de cada cinco ciudadanos opina que los años de dictadura franquista fueron “buenos” o “muy buenos”. El 16 % piensa que la democracia está siendo peor que la dictadura. Por género, un 27 % de los hombres cree que la dictadura fue buena (sólo lo sostiene un 13% de las mujeres). Entre los más jóvenes, un 32,8 % (es decir, uno de cada 3) menores de 18 años ve con buenos ojos a Francisco Franco y uno de cada 4 chicos de 18 a 24 años votaría hoy a Vox, la misma cantidad de votos que PP y PSOE juntos. Es evidente la considerable pérdida del apoyo a los partidos de izquierda y también a la derecha tradicional. Por su parte, la más reciente serie de sondeos de 4DB (https://elpais.com/espana/2025-11-20/una-cuarta-parte-de-los-jovenes-ve-preferible-en-determinadas-circunstancias-un-regimen-autoritario.html) coincide en el importante porcentaje de jóvenes (casi un 20%) acerca del régimen franquista y muestra que VOX es el partido que tiene más apoyos entre ese sector de la población: le votarían alrededor del 30% de los menores de 35 años, frente al 16% de la gente de 50 años y solo un 10% de los mayores de 65 años. Ilustra esa opción ideológica la respuesta de los votantes de VOX a cuáles son sus principales preocupaciones: para el 47%, de los votantes de VOX los dos principales problemas de nuestro país son la inmigración y el rechazo al gobierno y de los partidos políticos; en tercer lugar, y a bastante distancia (un 19%), la corrupción. Sumemos a esos rasgos el porcentaje creciente de los jóvenes que rechazan el feminismo y sostienen tesis machistas.

Se han propuesto algunos análisis interesantes para explicar esta evolución. Por ejemplo, éste, que explora razones multifactoriales, también entre los propios jóvenes de origen inmigrante: https://elpais.com/eps/2025-11-02/los-jovenes-son-mas-de-derechas-que-nunca-estas-son-sus-razones.html. A mi juicio, que no es el de un experto en sociología juvenil, hay dos claves tradicionales que siguen teniendo valor para explicar el hecho de que una parte considerable de la juventud se adhiera hoy a postulados ideológicos y políticos de extrema derecha, un fenómeno que, también en mi opinión, es hasta cierto punto lógico: la clásica reacción antisistema y la frustración de sus expectativas ante lo que les ofrecen el gobierno de coalición y los partidos políticos clásicos de derecha y de izquierda en España, hoy (frustración que alcanza desde luego a jóvenes españoles cuyas familias son inmigrantes de origen). En realidad, los dos argumentos confluyen en el mismo: parece crecer entre los jóvenes la opinión de que el sistema no les ofrece nada más que frustración y condiciones más difíciles que las que tuvieron sus padres.

En efecto, si nos fijamos en el indicador del acceso a la vivienda, que es probablemente el más revelador sobre lo que define hoy el status social para las nuevas generaciones, y también define sus posibilidades de acudir a la movilidad social ascendente, el panorama es desolador. Después de 7 años de un gobierno de coalición de izquierda (y de los dos años de absoluta ineficacia del ministerio creado por Pedro Sánchez en 2023, que recuerdan a la misma ineficacia de la iniciativa del gobierno Zapatero en idéntico sentido) el acceso de los jóvenes a la vivienda ha empeorado (es cierto que también ha golpeado durísimamente sobre los alquileres y desahucios que afectan a personas mayores). Es decir, desde la izquierda no se está ofreciendo soluciones reales a la nueva generación respecto a lo que viven como una necesidad que condiciona su futuro. Pero hay que añadir que la oposición de derecha -el PP y no digamos nada de Vox-, tampoco ofrece absolutamente nada útil para los más jóvenes en relación con la cuestión del derecho a la vivienda. Ni la izquierda -menos aún, los partidos de derecha- han ofrecido soluciones convincentes y eficaces frente al destrozo que ha supuesto en el acceso a la vivienda la irrupción de los fondos buitre y del negocio del alquiler turístico. Y no hablemos e lo que ello supone en términos del incremente exponencial de los precios de alquiler y vivienda en las grandes ciudades o en entornos turísticos como Ibiza.

Unamos a ello la frustración que supone que los jóvenes, que en un alto porcentaje cuentan con estudios especializados y dominio de idiomas, se vean abocados al subempleo, es decir, a trabajos que poco o nada tienen que ver con sus competencias y, además, con muy bajas retribuciones salariales. A propósito de esa sobrecualificación, es interesante destacar que, frente a un tópico arraigado, afecta en mayor grado a los trabajadores inmigrantes que a los nacionales (https://elpais.com/economia/2024-04-18/espana-desperdicia-el-talento-extranjero-uno-de-cada-dos-inmigrantes-trabaja-por-debajo-de-su-cualificacion.html#?rel=mas). En cualquier caso, lo que parece difícil de negar es que el gobierno de coalición no ha conseguido mejorar las expectativas de movilidad social ascendente entre los más jóvenes.

En ese posicionamiento próximo a la extrema derecha también influye, como se detecta en los sondeos de opinión a los que me referí al principio, una educación muy deficiente en términos de conocimiento del pasado y del contexto histórico, algo absolutamente necesario para poder contrapesar el adanismo y presentismo que suele caracterizar a las generaciones jóvenes. Y añadiré que, en buena medida, les hemos deseducado, al fomentar la idea de que cualquier expectativa o deseo que tengan es un derecho, un derecho individual que ven que se les niega, lo que potencia la frustración. Aterrizar en esa dosis de realismo -de negación de las expectativas a las que se cree tener derecho, insisto- es un baño de pesimismo que contribuye al rechazo del sistema.

No quiero dejar de subrayar otro factor que propicia asimismo la respuesta antisistema, incluso en términos de violencia. Me refiero al cambio cultural e ideológico en torno a la violencia, que está presente en los discursos de odio y polarización que caracterizan buena parte del contenido de las redes, que a su vez son la principal fuente de información de una parte importante de esa juventud. Pongo el ejemplo de la violencia sexual y la cosificación de las mujeres que se detecta en un porcentaje significativo de los jóvenes, algo tiene que ver con ese avance del rechazo del feminismo, que no es otra cosa que un rechazo de la igualdad entre hombres y mujeres. A mi juicio, esto no puede desligarse del acceso generalizado a un tipo de pornografía desde edades muy tempranas (una pornografía que reduce a las mujeres a objeto y que asocia el sexo a conductas violentas), muy presente en las redes y que incluso ha sido ensalzado en términos de libertad necesaria por cierta cultura seudoprogre. El vínculo entre violencia, falta de educación e información manipulada, y la generalización del sentimiento de frustración me parecen, pues factores muy importantes que explican por qué una parte de esa juventud se inclina por postulados de extrema derecha, abrazando el negacionismo, la ideología patriarcal o la causa antiinmigración, que ofrece un culpable muy fácil sobre el que volcar esa frustración.

Para terminar este repaso de los motivos que pueden confluir en el incremento de la opción ideológica de extrema derecha entre las generaciones más jóvenes señalaré un fenómeno en cierto modo paradójico: no se puede dejar de reconocer que un importante sector de la juventud, hoy, se muestra como una poderosa fuerza positiva, solidaria. Eso se manifiesta, por ejemplo, en el voluntariado, en la militancia en ONGs. Todos tenemos la imagen de miles de jóvenes acudieron a limpiar los terribles efectos de la riada en poblaciones de Valencia y que supuso un contundente desmentido al calificativo de «generación de cristal», a la supuesta indiferencia y pasividad de los jóvenes frente a los problemas ajenos. Ahora bien, me parece que al mismo tiempo son constatables los intentos de manipular, de engañar a ese sector, para contraponer esa energía solidaria con «la vieja política», con argumentos del tipo «sólo el pueblo salva al pueblo», que son antipolítica pura, y que degradan los mecanismos institucionales de la democracia y del Estado de Derecho, propios de los partidos clásicos de derecha e izquierda. Si unimos a eso los casos de corrupción, tenemos las condiciones que alimentan la antipolítica propia de los partidos de extrema derecha (también de la demagogia de partidos de extrema izquierda), que se presenta con los rasgos de antisistema. La juventud solidaria (también una parte de la juventud ecologista, por ejemplo), preocupada por exigencias a las que no responde la política clásica, porque los partidos tradicionales niegan una y otra vez, o incumplen de forma desvergonzada medidas imprescindibles para preservar el equilibrio ecológico, abandona el campo clásico de la política y deja de ser una fuerza positiva, al mismo tiempo que deja de ser cantera de los partidos de izquierda.

Encauzar políticamente la solidaridad, vincularla a los principios del Estado de Derecho, a la lucha por los derechos en el ámbito institucional es un reto para la política y, desde luego, para la política de la izquierda. Quizá una pista pueda encontrarse en la exitosa estrategia (también mediática) de Zhoran Mamdani, que se ha presentado como un socialista y un demócrata que da prioridad a los problemas reales, y no a las proclamas del wokismo. Por supuesto que atiende y defiende la diversidad social, pero enfoca su programa a satisfacer necesidades reales (vivienda, salud, movilidad) y sobre todo de los más vulnerables. Es la actualización del asunto clave, para la izquierda, y para todos, jóvenes y mayores: la igualdad. Comenzando por la igualdad en el acceso a la satisfacción de necesidades básicas, algo que no garantiza la supuesta meritocracia, ni los extintos ascensores sociales.