El 28 de junio se publicó un <Manifiesto para la regeneración democrática>, suscrito por más de cien firmantes. Buena parte de ellos, a mi juicio, no pueden ser descritos con esa fórmula entre despreciativa y condescendiente del «grupo de los resentidos» que han utilizado algunos prominentes miembros del PSOE -como el ministro Puente o el portavoz del grupo parlamentario socialista en el Congreso, Patxi López-, para referirse a todos aquellos que hoy hacen públicas sus críticas a la línea de actuación del partido y del gobierno, tras la sacudida del informe de la UCO que nos ha mostrado a los dos últimos secretarios de organización del PSOE liderando una trama corrupta, junto a un entramado que parece más amplio, en el que concurren empresarios sin escrúpulos y militantes con altas responsabilidades en el partido y en el gobierno.
Sin duda, entre quienes hoy se apuntan a la exigencia de responsabilidades y piden que rueden cabezas, sobre todo la del secretario general del PSOE y presidente del gobierno, hay no pocos a quienes parece animar únicamente un afán vengativo, rencoroso, y cuyo único programa parece consistir en echar a Pedro Sánchez de la política, como sea. Con ello, son cómplices de la peor ultraderecha europea, la que representa VOX y de una derecha (la del PP encarnada sobre todo por la señora Díaz Ayuso), que no parece tener otro programa para ofrecer a los ciudadanos españoles que el de mandar a Pedro Sánchez a la papelera: ¡magra propuesta!
Rechazo con firmeza a quienes así actúan, pero tras la lectura del texto del manifiesto, no me parece que responda a esos objetivos espurios. Se podrá estar de acuerdo o no con los argumentos ahí expresados, pero se trata de críticas razonadas. Nada que ver, por cierto, con el reciente pronunciamiento del presidente de la Conferencia episcopal, que parece aspirar a portavoz de VOX. Vale la pena detenerse a leerlas y vale la pena reflexionar sobre la propuesta que se formula: la convocatoria de elecciones generales.
Me apresuro a pedir que no se cometa la falacia de decir que la petición de elecciones generales que hace este manifiesto sólo puede responder al ánimo de echar del gobierno al PSOE (y a su socio de gobierno de coalición) y que quienes la hacen, forzosamente, son cómplices de la derecha y la extrema derecha. Con este manifiesto no se piden elecciones generales para que gane la extrema derecha, sino para que se pronuncien los ciudadanos, que es la lógica estricta de la democracia. Y serán los ciudadanos quienes decidan a quién quieren apoyar. Si optasen por dar la victoria a la derecha e incluso por la extrema derecha, en buena lógica democrática lo que nos cabría a quienes militamos en la izquierda es aprender la lección y mejorar, para recuperar cuanto antes sea posible su confianza.
Pero, en cualquier caso, ante ese manifiesto hay que encontrar los argumentos para decidir si está justificado pedir que se adelanten ya las elecciones como paso necesario para regenerar la democracia en España. Primero, es conveniente leerlo. Lo pueden hacer aquí, por ejemplo:
https://www.eldebate.com/uploads/files/2025/06/28/7446d219-11bf-4451-91a6-28a3a31952f0.pdf
Por mi parte, una vez leído, diré que lo que se argumenta no me parece suficiente para exigir el adelanto electoral. Y razonaré por qué.
Sólo un ciego -o un fanático- puede negar la gravedad de la situación que vivimos. Ante esa excepcionalidad, parece también razonable que las medidas a adoptar vayan más allá de peticiones retóricas de perdón y unos cuantos ceses: no se recupera así la confianza de los ciudadanos, seriamente deteriorada por cuanto venimos conociendo. Porque, frente a los primeros mensajes del partido y del gobierno, esto no es una anécdota, ni el caso de tres manzanas podridas. ¿Qué alternativas hay?
Se ha señalado y así lo creo yo también, que sería inevitable convocar elecciones anticipadas si nos encontrásemos ante un caso de financiación ilegal del PSOE. Por lo que hasta ahora sabemos, no es así. Y añadiré que confío en que no lo sea. Descartado ese supuesto, ¿qué hacer?
A mi entender, para saber qué hacer, hay que tratar de responder a dos cuestiones, que tienen que ver con la recuperación de la confianza de los ciudadanos, de los militantes, de los electores, sin la que no hay democracia que resista. Se ha deteriorado la confianza en el principal partido, el PSOE. Se ha deteriorado también la confianza en el gobierno de coalición. Negarlo no hace más que empeorar la situación.
Pues bien, ante la pregunta sobre qué hacer para que el gobierno recobre la confianza de los ciudadanos, a mi juicio, la opción más coherente es que el gobierno y su presidente se sometan a una cuestión de confianza. Creo que la superarán, y si lo creo es por razones de fondo y también por criterios de conveniencia de los partidos que apoyan al gobierno de coalición: tienen mucho que perder. Pero lo importante no es si la ganan o la pierden (en cuyo caso sería inevitable la convocatoria electoral). Lo importante es mostrar la voluntad política de someterse al debate y al juicio del Congreso, porque estamos en una democracia parlamentaria y en ella lo que cuenta es la confianza del parlamento. Hasta ahora, esta vía se ha excluido por parte del gobierno. Creo que se equivoca.
La segunda cuestión toca a la necesidad de que el PSOE recupere la confianza perdida, como partido que hizo de la lucha contra la corrupción su primera bandera: pues bien, también a mi juicio, lo mejor sería que el secretario general pusiera su cargo a disposición del Comité federal, máximo órgano entre congresos y que se proceda a convocar un congreso extraordinario. Tal y como están las cosas, probablemente Pedro Sánchez sería el único o, en todo caso, el candidato con más posibilidades. Pero, de nuevo, la cuestión no es el resultado: la cuestión, insisto, es cómo recuperar la confianza. En las circunstancias excepcionales que vivimos, creo, la opción más limpia para que el PSOE se muestre como un partido abierto a recuperar la confianza de los ciudadanos, no es repetir el mantra del prietas las filas y amenazar con las tinieblas exteriores a todo aquel que no demuestre fe inquebrantable en el secretario general, sino actuar en la vía de la regeneración. Por lo que sé, no sucederá así. Lo lamento: se pierde una seria oportunidad de abrir de verdad el partido a la sociedad y con ello, me temo, se enviará a un parte de los militantes y, sobre todo, de los votantes del PSOE, al sofá de la abstención.