Los organizadores del seminario querían una intervención sobre la guerra y el Derecho internacional humanitario en el siglo XXI, atenta al contexto que vivimos, marcado por la agresión de Rusia a Ucrania y por la brutal respuesta de Israel a los atentados terribles de Hamas el 7 de octubre, una situación que nos estremece y nos llena de impotencia, como ha dejado de forma particularmente clara y reiterada el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres..
Yo he elegido una perspectiva previa, pero que no carece de incidencia sobre lo que estamos viviendo. Cuento, por otra parte, con la intervención de la discussant de hoy, la profesora Raquel Vanyo, que conoce mejor que yo la respuesta del Derecho internacional y del Derecho Internacional Humanitario ante las guerras y, muy en particular, su desmesurado impacto de género…
Como digo, pese a los deseos de los organizadores, me parece que vale la pena discutir la tesis de la guerra como condición y aun horizonte existencial, algo a lo que había prestado atención en un número monográfico de la RFDUEX, del año 2022, que dediqué a la tesis de la guerra perpetua o guerra permanente y que forma parte de los materiales de lectura que he puesto a su disposición en la web de este Seminario Permanente de profesores, una iniciativa que forma parte de lo mejor que atesora nuestra Facultad. De suyo, no es una novedad, aunque, como ha señalado la profesora Ramón Chornet en un libro reciente, hayan sido estudios recientes de Moynin y otros especialistas los que han puesto este concepto sobre el tablero, estudios que en cierta medida desarrollan la tesis de Clausewitz y los más recientes ensayos sobre las “nuevas guerras propuestas entre otros por Kaldor o Ramonet.
En fin, baste pensar en que uno de los textos fundacionales de nuestra cultura es un poema épico, consagrado a una guerra, la Ilíada de Homero, cuyo primer canto, dedicado a la peste y a la ira, comienza con el inmortal verso dedicado a la ira de Aquiles: Ménin aéide theá Peleiádeo Ajiléos [1]: la ira, la cólera sembrará el desastre que afectará a todos, griegos y troyanos.
El caso es que no podemos apartar los ojos de los horrores de la guerra y de su épica…Susan Sontag nos hizo ver lo que ella denominó “nuestra lujuria por el espectáculo de la guerra”: la literatura, el arte (Goya, Hearing), el cine, nos atrapan con sus representaciones de la guerra
La guerra es también, déjenme recordarlo, negocio. Negocio para el complejo militar industrial, como advirtiera el general y presidente de los EEUU, en su discurso de despedida, el 17 de enero de 1961[2]. Negocio para las exportaciones de armamento y para las multinacionales que concentran su producción y explotación: en 2021, las 100 mayores empresas del sector alcanzaron oficialmente los 592.000 millones de dólares, un casi un dos por ciento más que en 2020.[3]
En ese trabajo que he mencionado, remito también a algunos textos sobre la guerra, considerados canónicos, entre los muy numerosos ensayos sobre la guerra que encontramos en la filosofía jurídica y política y también la ciencia política
- Así, el fragmento DK 53 de Heráclito: La guerra es padre y rey de todos, ha creado dioses y hombres; a algunos los hace esclavos, a otros libres”[4]
- A ellos habría que añadir el texto de Tucídides que parece inspirarse en el motto de Heráclito: me refiero a su célebre Historia de la guerra del Peloponeso[5], que se sigue enseñando en todas las Academias militares para hablar de la guerra
- También, algún pasaje del De Civitate Dei de san Agustín[6]
- Desde luego, el “bellum onmium contra omnes” de Hobbes, cuyo único remedio sería entregar todo poder al monstruo Leviathan
- Y, sobre todo, el multicitado parágrafo 333 de los Principios de Filosofía del Derecho de Hegel, resumido con frecuencia en la afirmación “entre los Estados no hay pretor”[7].
Esos textos, unidos a la célebre afirmación de Clausewitz, “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, en la que se inspira a su vez la concepción schmittiana de la política como dialéctica entre amigo y enemigo, nos hablan de la guerra como condición y aun como horizonte existencial, y con no poca frecuencia se nos presentan en un simplista contraste con los de Kant.
En efecto, la respuesta del Derecho ante la guerra, avanzada ya por Kant, consiste básicamente en dos elementos: un Derecho cosmopolita, que a su vez presupone una federación de Estados.
Recordaré que el hecho de que Kant considerase a la guerra como un mal ético, político y jurídico no le convierte en un ingenuo buenista del tipo que gustan fustigar los prestigiosos tertulianos realistas, a lo Guardans, Costas y tutti quanti, que se revisten del supuestamente prestigioso lúcido pesimismo para insistir en el truísmo de la guerra como una constante histórica, invocando a un Hobbes de catecismo o, peor, a un tópico ignaro sobre Heraclito, parafraseado por Saddam Hussein.
Para Kant, en efecto, la guerra es algo natural, si se atiende a lo que podríamos llamar la experiencia histórica de los pueblos: Kant llega a explicarla como un recurso de la naturaleza para obtener sus fines, o incluso un instrumento de progreso cultural de la humanidad y sólo el impacto de la paz de Basilea hace girar su reflexión hacia las exigencias de la razón práctica que devienen en la prohibición de la guerra y en ese proyecto de Derecho cosmopolita, condición de la paz perpetua, que además de inspirar su célebre ensayo, está en el núcleo de su doctrina del Derecho, expuesta en la Metafísica de las costumbres y que, como ha mostrado muy agudamente Manuel Jiménez redondo, es la respuesta de Kant a la Declaración de 1789. La filosofía jurídica y política como la mejor filosofía…
Creo que, en la contraposición entre Hegel y Kant, bajo la mirada de Heraclito, Tucidides y Agustín de Hipona, se encierra el núcleo de lo que debemos discutir acerca de la relación entre Derecho y Guerra. Incluso sobre la respuesta específica que es, de una parte, el Derecho internacional humanitario y, de otra, la vía de una jurisdicción penal internacional avizorada por Kelsen. Porque, ante el horror de la guerra no hay otra opción, no hay otra alternativa que luchar por los derechos, por la vigencia del Derecho internacional y el DIH. Por mucho que el realismo nos aconseje la mirada escéptica, eso no nos excusa de intentar razonarla y encontrarle alternativas, como ya probó a hacer Erasmo en su célebre ensayo Querela pacis perpetua[8]
Pero la enseñanza más importante del poema homérico, la lección última de la Iliada, es la transformación de la cólera de Aquiles en pietas, piedad por los muertos, piedad por las familias de los muertos, la piedad que vence a la crueldad, gracias a la compasión que le despierta la arriesgada visita de Priamo, que quiere recuperar el cadáver de su hijo Héctor. La esperanza está en esa pasión común de la piedad, nacida de la común convicción acerca de la fragilidad humana, que es a su vez la condición común de humanidad, una piedad que nos hace capaces de no sucumbir a la fascinación de la fuerza.
Pues bien, ese es el motor que llevó a Henri Dunant a poner en marcha el Derecho internacional humanitario que se despliega a través de las cuatro convenciones de Ginebra
Pero el Derecho, incluso el DIH, como anticipara nuestro Luis Vives, poco más puede hacer que “sujetar las manos y la ira”. Hay que ir más allá y tener presentes las palabras de Simone Weil:
“No es posible amar y ser justo, más que si se conoce el imperio de la fuerza y se sabe no respetarlo. Quizá podríamos recuperar ese don cuando supiéramos
No confiar en la suerte
No admirar la fuerza
No odiar a nuestros enemigos
No despreciar a los desdichados
Pero es dudoso que eso suceda pronto”
[1] Μῆνιν ἄειδε θεὰ Πηληϊάδεω Ἀχιλῆος “ Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles, la cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes a quienes hizo presa de perros y pasto de aves, cumliendo la voluntad de Zeus, desde que se separaron en disputa el Atrida, rey de hombres y el divino Aquiles”.
[2] “Nuestro trabajo, los recursos y los medios de subsistencia son todo lo que tenemos; así es la estructura misma de nuestra sociedad. En los consejos de gobierno, debemos evitar la compra de influencias injustificadas, ya sea buscadas o no, por el complejo industrial-militar. Existe el riesgo de un desastroso desarrollo de un poder usurpado y [ese riesgo] se mantendrá. No debemos permitir nunca que el peso de esta conjunción ponga en peligro nuestras libertades o los procesos democráticos»
[3] https://elordenmundial.com/mapas/quien-importa-el-armamento-en-el-mundo/. El 76% de las exportaciones de armas durante el periodo 2015-2019 estuvo en manos de tan solo cinco países: Estados Unidos, Rusia, Francia, Alemania y China. De ellos, con el 36% del total y hasta 96 clientes, Estados Unidos es el primer país del mundo en venta de armas, tal y como refleja el último informe del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI). La mitad de sus exportaciones tuvo como destino Oriente Próximo y, más concretamente el 25%, Arabia Saudí. El Congreso estadounidense debatió en 2019 establecer algunas restricciones a la venta de armamento que tuviera como destino este país, pero Donald Trump y la monarquía de los Saúd consiguieron evitar estos obstáculos y asegurar el suministro de armas que alimenta la agresiva expansión de Arabia Saudí en la región. Pero es un sector muy importante en Europa: en Europa, donde Francia (clientes, Egipto y Qatar), Alemania, Reino Unido, España e Italia aglutinan el 23% de las exportaciones de armas que se produjeron entre 2015 y 2019, tres puntos porcentuales más que en los cinco años anteriores. Francia centra sus ventas en Oriente Próximo e India, concretamente en la exportación de aviones de combate Rafale; Alemania en el envío de submarinos a Asia y Oceanía; y Reino Unido en Oriente Próximo.
[4] Πόλεμος πάντων μὲν πατήρ ἐστι πάντων δὲ βασιλεύς, καὶ τοὺς μὲν θεοὺς ἔδειξε τοὺς δὲ ἀνθρώπους, τοὺς μὲν δούλους ἐποίησε τοὺς δὲ ἐλευθέρους”. Fragmento DK 53
[5] «desde siempre está instituido que el más débil sea sometido por quien es más poderoso»…“el temor recíproco constituye la única garantía seria”…»la justicia sólo se plantea entre fuerzas iguales» y cuando no es así, “los más fuertes hacen todo lo que está en su poder y los débiles ceden”
[6] “Jamás los leones ni los dragones han desencadenado entre sí mismos guerras semejantes a las humanas”, escribe en De civitate Dei. Y subraya que la esperanza de una paz duradera en el mundo de los hombres, in hoc saeculo et in hac terra, es una quimera: “Quien espera bien tan grande en este siglo y en esta tierra es un insensato”.
[7] «No hay ningún pretor entre los Estados, a lo sumo mediadores y árbitros, e incluso esto de un modo contingente, es decir, según la voluntad particular. La representación kantiana de una paz perpetua por medio de una federación de estados que arbitraría en toda disputa y arreglaría toda desavenencia como un poder reconocido por todos los estados individuales, e impediría así una solución bélica, presupone el acuerdo de los estados, que se basaría en motivos morales o religiosos, y siempre en definitiva en particular voluntad soberana, con lo que continuaría afectada por la contingencia»
[8] Erasmo, Querela pacis undique Gentium ejectae profigataquae. Hay versión castellana, Lamento de la paz (amenazada y menoscabada en todas partes), traducción de Eduardo Gil Bera, Acantilkado, 2020. Inspirado en él, la profesora Ramón Chornet y yo mismo publicamos 2007 el ensayo ¿Querela pacis perpetua? Una reivindicación del Derecho internacional, Servicio de publicaciones de la Universitat de València, un texto que ganó el premio de ensayo Manuel Castillo, convocado por la misma Universidad, en el año anterior.