A propósito del relato de Joyce «Los muertos», sobre el que Houston dirigió su maravillosa última película, titulada en España «Dublineses»

He releído el magnífico relato de Joyce, «Los muertos», incluido en su extraordinaria «Dublineses», y de nuevo me ha hecho volver a ver la versión que dirigió para el cine, en 1987, un John Houston que tuvo que llevar a cabo el rodaje en silla de ruedas y con botella de oxígeno, aquejado de un enfisema pulmonar del que murió apenas tres meses después de concluir esta, su 29 película.

Aquí en España, la película se estrenó con el título «Dublineses» (por el título del libro y quizá también por temor a que el título original, «Los muertos» no fuera tan comercial).

Confieso que sigue impresionándome cómo el gran director consigue enlazar su propia visión del amor, la vida y la muerte -llena de poesía y música, de fiesta y de melancolía, los rasgos tan propios del alma irlandesa- con la narración de Joyce.

Suele destacarse el momento mágico en el que la canción «The Lass of Aughrim», interpretada por uno de los asistentes, un tenor local, hace que Greta (gran Anjelica Houston) evoque su amor perdido.

Gabriel, su marido, vive, como escribió A Grijalva en su magnífico análisis del film, varias epifanías: la epifanía de descubrir que el amor -por fugaz que sea, como el que vivieron su mujer y su joven amor, Michael- importa más que la vida y así, en cierto modo, toma también conciencia de que hay distintos modos de entender quiénes son los muertos: los que no viven el amor, los que se han conformado con la rutina, aunque sea llevadera a través de ritos y tradiciones como la fiesta que ofrecen las viejas tías a sus invitados.

Toma conciencia, también, de la epifanía que perseguía Joyce en su relato: la transición entre dos mundos, el de los muertos, del que ellos mismos son herederos y el de un mundo que está por llegar y al que se resiste esa veja sociedad irlandesa que Joyce fustigó y que Houston trata con más melancolía que ira.

Hasta la secuencia final, ese extraordinario plano de tres minutos que describe maravillosamente la inmensa distancia entre Greta y Gabriel, y que cierra la voz en off que reproduce las propias palabras de Joyce, “mientras la nieve cae sobre los vivos y sobre los muertos”.

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