No confundamos «figurar» y trabajar

Hay cierta prensa, cierta opinión pública y, desde luego, una parte muy importante de las redes sociales que postula para el ámbito de los políticos la identidad entre «ser popular», «aparecer todos los días en programas de radio y televisión y en las columnas de la prensa (incluidas las de chismes) y hacer el trabajo que a uno le toca hacer, es decir, analizar las situaciones, tratar de gestionar los problemas, e incluso adelantarse a ellos, negociar con todas las partes implicadas y decidir. Eso viene a cuento de la coincidencia en no pocos medios de comunicación de una crítica al ministro «Castells» como «desaparecido».

estoy convencido de que, como todos los máximos responsables de la acción de gobierno, el ministro Castells debe estar sujeto a control y se deben analizar, debatir y criticar con publicidad y libertad todas sus decisiones e intervenciones; también, en su caso, sus omisiones. Faltaría más. Todos los debemos hacer, con ánimo constructivo, máxime en las circunstancias que nos ha tocado vivir en 2020. Que no son las normales, por si hace falta recordarlo: y que no lo sean no es razón para reducir ni el control ni el diálogo, aunque evidentemente las circunstancias obligan a replanteamientos de las modalidades de llevarlo a cabo.

Pero me gustaría hacer un par de comentarios a propósito de la calificación de «ministro desaparecido», que se ha difundido por algunos medios.

Veamos: una cosa es estar permanentemente en el ruido mediático, en las tertulias y programas, y otra es no estar dispuesto e incluso tomar la iniciativa cuando se trata de comparecer en sesiones de control ante las Cámaras o de reunirse con los agentes de la política universitaria.

Respecto a lo primero, está claro que este ministro no tiene el estilo de ir de tele en tele, de tertulia en tertulia. Eso no quiere decir, por cierto, que no haya accedido a cuantas entrevistas se le han solicitado. Es una cuestión de hecho: no ha puesto ningún problema. Lo más importante para juzgar su tarea, a mi enteder, es si el ministro está al frente de la gestión que le corresponde, si lo hace con acierto y si responde y está dispuesto a responder de ello ante el Congreso y el Senado, en pleno y en Comisiones. También es muy relevante si tiene iniciativa en el diálogo con los sectores implicados en la Universidad.

Luego hablamos de si lo hace con acierto o no. Que el ministro responde, no rehúye ninguna pregunta y toma la iniciativa para comparecer, me parece más que probado. Tiene, por cierto, el récord de comparecencia en una Comisión del Senado: estuvo más de 8 horas hablando y contestando una por una a cuantas preguntas se le formularon, con réplicas y dúplicas. Yo fui uno de los testigos de esa Comision, en mi calidad de presidente de la misma.

Que ha tenido iniciativa para escuchar a los agentes de la Universidad, en particular a los estudiantes, a la CRUE y a los sindicatos, mientras fue posible hacerlo con normalidad (hasta Marzo y luego desde junio) me parece también probado. Quizá se puede criticar que se ha reunido menos con representantes de PAS y Profesorado (que no son sólo lo sindicatos, como éstos parecen entender). Obviamente, a no pocos (los sindicatos, por ejemplo y no sólo ellos) les habría gustado otro tipo de reuniones y sobre todo otro tipo de decisiones. Ahí entramos en el juicio sobre el modelo que propone el ministro y las prioridades que ha decidido en su actuación. Lo comento luego.

Que el Ministerio de Universidades tiene escasas y -al tiempo- complicadas competencias, no es un secreto para nadie. Ni el ministro, ni quien suscribe, ni tantísimos profesores, PAS, estudiantes, equipos de gobierno, rectores, etc, estuvimos de acuerdo con la división del Ministerio de Ciencia, innovación y Universidades Seguimos echando en falta el organismo de coordinación. Creo que tampoco hay que olvidar, cuando se debate su capacidad de liderazgo que si creo que debe tener el Ministerio, que, en aplicación de la distribución competencial y del principio de autonomía universitaria, el Ministerio no tiene tanto que decir sustantivamente, respecto al margen que corresponde a las CCAA y a los Rectorados.

Aun así, cabe la crítica. Yo mismo he opinado que ni las recomendaciones emanadas del Ministerio y luego acordadas recientísimamente en la Comisión delegada de la Conferencia de política universitaria, sobre el comienzo de curso 2020-21 en la Universidad, eran muy escasas y pecaban de ausencia de criterios claros sobre aspectos docentes a mi juicio cruciales. Añadiré de inmediato que reprocho lo mismo (incluso más, porque su responsabilidad es mayor al tener transferidas las competencias) a la conselleria de Universidades de la GVA que, a mi juicio, y a diferencia de la enorme tarea desplegada por la conselleria de Educación y sobre todo por el secretario autonómico Miquel Soler, sí ha estado ausente, limitándose a indicaciones generales sobre criterios de salud y aún más vagos sobre docencia, sin precisar el empleo de los 400 millones supuestamente dedicados a la Universidad. Del equipo de gobierno no se puede decir que no haya trabajado: ha emanado páginas y paginas de recomendaciones, pero, a mi modesto entender, si abordar ni dar criterio claro en los principales problemas. Quiza, en el caso de la conselleria, porque por estos pagos y en general, interesa mas lo de innovacion (y una peculiar concepción de la ciencia, que atiende casi sólo a la tecnología, sin haber entendido aún el papel de las Humanidades y las ciencias sociales; qué cruz!) que la Universidad, ya que lo primero da ruido mediático y permite sacar pecho de nuevas tecnologías y demás y lo de la Universidad es gestión «aburrida»: a discutir. Tengo excelentes compañeros universitarios y en las Cortes valencianas que piensan lo contrario, como mi apreciado Pedro Ruiz Castell. Ojalá me equivoque yo.

Termino: hay objetivos concretos del proyecto que tiene el equipo del ministro Castells que me parecen muy necesarios e incluso loables. Cinco concretos como muestra: eliminar la montaña de burrocracia que perjudica a la docencia y, sobre todo, a la investigación (por ejemplo en el disparate de las agencias de evaluación); resolver el problema de precariedad, injusticia e inadecuación en el que se encuentran los profesores asociados (lo que no significa que todos tengan que ser profesores estables; menos aún si se tiene en cuenta la perversión de la figura); adoptar medidas eficaces en la lucha contra la endogamia en la selección del profesorado; acabar con la indignidad del Reglamento de disciplina académica; incrementar la participación de los estudiantes. Añado: resolver de una vez el estatuto del PDI.

Otra cosa es que no veo que, en plena pandemia, sea el momento de correr por resolver esto último ni, menos aun una nueva Ley orgánica de Universidades. Tampoco estoy de acuerdo con el empeño en incorporar el modelo angloamericano, mediante la «doble carrera» de profesorado, duplicando por vía contractual a un profesorado cuya garantía de estabilidad reside sobre todo en el puesto estable y ene l actual sistema mixto, a mi juicio y en la simplificación de puestos y «carrera «, frente a lo cual la propuesta del ministro tal y como l conozco y entiendo significa acabar con dos puestos de contrato estable y multiplicar las figuras, justo lo que habría que evitar. En particular, lo de titulares y catedráticos laborales, aunque cuenta con la referencia en el modelo autonómico catalán, con el que el ministro y su equipo parece estar bastante de acuerdo (y del que yo discrepo en no pocos aspectos), me parece propio de otro sistema universitario que no tiene nada que ver con el nuestro y, a mi juicio, comporta más riesgo de endogamia que lo que trata de evitar.

De todo eso, se puede y debe discutir. Pero sin confundir a la opinión pública ni caricaturizar de forma absolutamente desproporcionada y a mi juicio injusta a un ministro y a su equipo, que trabajan en serio -según me consta-, sin tratar de estar todo el día, como decía una de estas celebridades televisivas, «en el candelabro». No hay que confundir trabajar con estar día sí y día también en los programas de Ana Rosa, Evole, en Al Rojo Vivo, el Intermedio o el Objetivo…Ese, sí, es otro mundo. No el nuestro. Al menos, no como entiendo yo la investigación y la docencia universitarias. Pero es que uno tiene ya una edad (como el ministro, por cierto)…

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