En la muerte de George Steiner

Ha muerto George Steiner, quizá el mejor representante de lo que significa el intelectual europeo, o, simplemente, el europeo, hasta el punto de que fue descrito como «el último europeo»

Muere el autor que se autodescribió en su magnífico <Errata>, el que nos deja libros como <Fragmentos>, <Los libros que nunca he escrito>, <Nostalgia de lo Absoluto>, <Después de Babel>, <Presencias reales>, <Pasión intacta>, <Lecciones de los maestros>, o <La idea de Europa>

Muere quien seguía el lema de Beckett, <aprender a fracasar mejor>, y quien fustigó la vanidad de los académicos, a quienes gustaba de recordar la diferencia entre el creador y el profesor, él, que reunía de modo soberbio ambas condiciones. Pero eso no significaba que minusvalorase la función de profesor, que entendía como la de un «cartero»: «Es un trabajo muy hermoso ser profesor, ser el que entrega las cartas, aunque no las escriba» aseguró en más de una ocasión…

En el excelente prólogo de Vargas Llosa al, para mí , imprescindible libro de Steiner <La idea de Europa>,
el nobel de literatura resumía en cinco o seis puntos la idea de Europa propuesta por Steiner. No me resisto a recoger esos párrafos:

«¿Es posible resumir en un puñado de instituciones, ideas, tradiciones y costumbres lo que es Europa? George Steiner piensa que sí y ha intentado este resumen en un texto ingenioso y provocador […]. Según él, Europa es ante todo un café repleto de gentes y palabras, donde se escribe poesía, conspira, filosofa […], ese café […] es inseparable de las grandes empresas culturales, artísticas y políticas del Occidente. […] la segunda seña de identidad europea es compartida por todos los países europeos […]: el paisaje caminable, la geografía hecha a la medida de los pies. El tercer rasgo […] es el de poner a las calles y a las plazas el nombre de los grandes estadistas, científicos, artistas y escritores del pasado, algo inconcebible en América […]. La cuarta credencial […] es descender simultáneamente de Atenas y Jerusalén, es decir, de la razón y de la fe, de la tradición que […] hizo posible la coexistencia social, desembocó en la democracia y la sociedad laica, y la que produjo los místicos, la espiritualidad […] y, también, la censura y el dogma. […] La quinta seña de identidad europea es la más inquietante de todas. Europa […] siempre ha creído que perecerá […]. A Steiner lo atormenta la supervivencia, en nuestros días, de […] los odios étnicos, el chovinismo nacionalista, […] y la resurrección […] del antisemitismo. Pero […], sobre todo, la uniformización cultural por lo bajo a consecuencia de la globalización […]: “No es la censura política lo que mata [la cultura]: es el despotismo del mercado y los acicates del estrellato comercializado”»

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