Entrevista de Amparo Soria a J de Lucas en Levante-EMV, 24 de marzo de 2019

Javier de Lucas parafrasea a René Char en una carta que escribe a Albert Camus, para explicar su decisión de ir como número 1 en las listas del PSPV-PSOE al Senado, como independiente: «Hay dos tipos de conducta frente a la vida. Una es soñarla y la otra es tratar de vivirla y realizarla».

De Lucas (Murcia, 1952) describe así su salto de la academia a la política, donde cree que mantendrá su independencia. Durante la entrevista firma los papeles oficiales que le postulan a la Cámara Alta, donde llegaría como «catedrático y activista» por los derechos humanos.

¿Costó mucho convencerle?

La propuesta me la hizo el President y fue un honor. Yo no tengo otra cosa más que mi trabajo y mi independencia de criterio, que me la da la universidad. Me ha costado arriesgarlo en el último tramo de vida profesional tras haber vuelto de París al Instituto de Derechos Humanos de la Universitat de València. Al mismo tiempo, reconozco que me presionaron bien con eso de que no bastaba con dar ideas y criticar desde fuera. Naturalmente, tengo mis diferencias.

Sí, ha mostrado discrepancias con el Gobierno de Sánchez.

En política de inmigración he criticado a todos los partidos, también al socialista. En esta legislatura con Pedro Sánchez he criticado ferozmente las posiciones del ministro Grande-Marlaska, al que respeto como juez pero en materia de inmigración, no. No voy a renunciar a decir lo que pienso, como que estoy contra los CIE y quiero que se cierren, que no es la posición del partido, y la defenderé. En la medida en que la propuesta me garantizaba que podía mantener mi criterio, dije que sí, pese a todo lo que yo he criticado a esa institución a la que no encontraba utilidad.

Si la oferta se la hubiera hecho Podemos, con quién tiene más afinidad en cuestiones de migración, ¿habría aceptado?

Nunca he militado en ningún partido pero no me importa reconocer que cuando surgió Podemos tuve buena relación con ellos, participé en los debates. Tengo muy buena relación con Antonio Montiel, Fabiola Meco y Lola Bañón. No así con Podemos en Madrid, con la cúpula, aunque sí con su gente. Maria Eugenia Rodríguez Palop, que será eurodiputada, es muy amiga mía. Discutí el programa de derechos humanos del partido porque así me lo pidieron. Ya lo he confesado antes: en las elecciones pasadas voté a Compromís en València y a Podemos en las autonómicas y apoyé la candidatura de Oltra a la presidencia. No di por hecho a Puig como presidente.

¿Qué cambió?

Ha ejercido muy bien la labor de presidente, dejando espacio a Oltra, en cuya conselleria hemos colaborado en asuntos como el «Aquarius». No soy nacionalista y ese componente me separa bastante de una parte de Compromís, no del todo. No por el catalanismo, que tengo muy claro que la batalla contra el catalán es una estupidez.

 

Como ha dicho en numerosas ocasiones, la labor del Senado está cuestionada. ¿Es un cementerio de elefantes?

El Senado es una cámara desaprovechada. Tendría que ser una cámara territorial con otra configuración constitucional. Hay varias razones para ir al Senado. Puede haber un debate importante sobre el 155 y las propuestas que manejan Cs y PP de aplicarlo de forma permanente no es que sean anticonstitucionales, que lo son, sino que me parecen un disparate. Tengo amigos allí, como Jon Iñarritu, de Bildu, y ahora va Manuel Cruz, uno de los pocos filósofos de verdad. Además, el Senado envía representantes al Consejo de Europa y a la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa. En el consejo hay una comisión jurídica de derechos humanos. Sus dictámenes no son vinculantes pero muy importantes.

 

¿Cómo revitalizar el Senado?

Creo que depende de la voluntad de trabajo de los que estén ahí.

 

Sin embargo, al senador más activo de Compromís, Carles Mulet, no le han propuesto repetir.

Hay esa visión de que cuando un senador trabaja mucho hay que pasarlo al Congreso (ríe). Es lógico con la actual configuración. Con alianzas con otros senadores con intereses comunes se puede acceder a información que no tengo como profesor ni activista.

 

¿Cómo se plantearía usted una posible votación del 155?

Por deformación profesional, para mí saltarse la ley no es serio. Me parece respetable y en algunos casos necesario que haya movimientos sociales de desobediencia, siempre que sea pacífica, no como los CDR. Derribar el marco normativo es legítimo, pero no será desobediencia civil, es otra cosa. Desobediencia rebelde, que no rebelión, que no creo que la haya habido en todo lo que ha pasado. Ahora no hay razones para un 155, pero si se desobedece como hace Torra a las instrucciones de la Junta Electoral, está fuera del proceso democrático. Es muy difícil negociar con el señor Torra e imposible con el señor Puigdemont, porque no tienen voluntad de negociación. Hay otros grupos como ERC con los que se debe intentar. La Constitución se puede cambiar, pero con un proceso que no la vulnere.

 

¿Estaría a favor de tender puentes con Cataluña?

Estoy a favor de tender puentes con los que tengan un apoyo social importante. Eso no quiere decir que todas las opiniones sean respetables. Decir «las mujeres son inferiores», es una estupidez, y no se respeta ni tolera, se combate. Las opiniones faltas de razón también se ven en política. Sobre Cataluña, las opiniones que se están negociando son respetables aunque no compartibles. Yo con el señor Puigdemont no negociaría, no tiene voluntad de hablar, sino de imponer.

 

 

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