CARMEN (Cartelera Turia, 27.10.2017)

El lunes 23, en un Paraninfo de La Nau completamente abarrotado, se vivió un acto peculiar, una celebración académica, en el pleno –e infrecuente- sentido de esa expresión. Sí: con todos los ritos universitarios de la Universitat de València para la entrega solemne de su medalla. Pero en un ambiente de celebración, en el que el cariño, la amistad, la admiración de académicos, políticos, compañeras y amigos de Carmen Alborch Bataller, superó todo lo que yo, al menos, había visto nunca en esa solemne sala.

La medalla de la Universitat es una distinción que se acuerda, según disponen sus Estatuts y el reglamento ad hoc, “por razón de sus méritos, o de los relevantes servicios prestados a la Universitat.” Creo que la mayoría de los que la conocemos estamos de acuerdo en que ambos argumentos –méritos personales y servicios a la Universidad- concurren en la persona y en la trayectoria universitaria y pública de Carmen, y de forma extraordinaria. Porque Carmen ha sabido y sabe abrir caminos, incluso donde no los hay, para ella y, sobre todo, para los demás. Es así, ha sido siempre así, desde sus primeros tiempos como joven PNN, o cuando -con amigos como Tomás, Salomé y Salvador- pusieron en marcha la galería Temple, un motor de innovación, de vanguardia. Lo que muchas veces genera incomprensión e incluso rechazo. Además, y este es un mérito muy relevante, Carmen ha contribuido como pocos y en primera línea, tanto en la Universidad como en su actividad política, a ganar espacios en la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres. Porque ha sabido llevar esos ideales a un campo en el que su trabajo es particularmente brillante, el de la gestión y dirección cultural, que ella entiende bajo el imperativo de garantizar, de hacer posible el derecho a la cultura a todo el mundo, sin prejuicios, sin discriminaciones: desde el IVAM al Ministerio, o en su trabajo como parlamentaria.

Todo eso desde una pasión por la vida que es la imagen viva de la joie de vivre, una cualidad que, a mi juicio, Carmen encarna como nadie y que sabe transmitir. Esa joie de vivre, cuando se toma en serio, con profundidad, es lo contrario de lo que algunos asimilan erróneamente (creo) a superficialidad, a frivolidad. Porque para practicarla y transmitirla a fondo hace falta una notable inteligencia, una voluntad firme y determinada y una permanente curiosidad, rasgos de la personalidad de una Carmen que hace suyo el lema de los Monty Phyton en La vida de Brian: <Always look at the bright Side of Life>. Por eso, creo, Carmen ha sabido encontrar siempre magníficos compañeras y compañeros en sus proyectos e iniciativas, en todos los ámbitos. Por eso, también, tiene tantos amigos, tantas personas que le quieren, que le están agradecidos.

Y por todo ello, el solemne espacio del Paraninfo de la Universitat se convirtió este lunes en una fiesta. Que buena falta nos hace en estos tiempos.

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