De huevos y adjetivos (Cartelera Turia nº 2800, 29.09.2107)

En uso del proverbial fair play de los respetados responsables de nuestra Cartelera Turia, utilizaré esta primera columna de la temporada para discrepar, sin acritud, claro.

Me he sentido incluido entre los sentenciados en la imprescindible sección Los huevos de Colón (nº 2796) como ejemplo de la conspiración de los periódicos de Madrid contra todo lo que suena a catalán, o, lo que es incluso peor, como indocumentado, ya que comparto declaraciones que han merecido esos calificativos en los famosos huevos por discutir la actuación de los Mossos. Quizá sea mi ascendencia mesetaria (Soria, por parte de madre), o el rasgo frívolo y connatural a la condición (provisional, protesto) de tertuliano, pero soy de esos que han criticado algo de la actuación de las tropas de Trapero. Aún peor, soy reo de la condena enunciada por Colón, en el nº 2798, frente a declaraciones de algunos cargos municipales de las CUP, que han hablado de “ejecuciones extrajudiciales” por parte de los Mossos de Esquadra, declaraciones que habrían puesto como escarpias los pelos de los huevos. Yo he hablado, mea culpa, de esclarecer que no se haya producido eso. Menos mal que no he “meado fuera del tiesto”, a diferencia de la misma representante, pues no he atribuido a los Mossos ser un “cuerpo represivo que ejerce violencia sobre la clase trabajadora”.

Sobre la importancia de las palabras y también, aunque a veces resulte casi contradictorio, sobre la necesidad de no tomarse a uno mismo ni a nadie demasiado en serio, nadie puede dar, creo, lecciones a la Turia, cuya línea editorial no cree en nada, salvo en la prioridad casi absoluta de la libertad de expresión. Y sin embargo…

Sin embargo: someter a crítica la actuación de los Mossos no necesariamente significa estar comprometido en el complot de los media madrileños (la <meseta>) contra todo lo que suene a catalán. Sólo en un estado de excepción las actuaciones policiales son dogma de fe. Cuando se escribe “un solo agente se cepilló a cuatro terroristas, recibiendo cada uno un solo disparo” no se está haciendo sólo información, sino apología. Y no parece información neutral calificar de “indocumentados” a quienes sugieren que se pudiera disparar contra órganos no vitales, porque eso contradeciría las instrucciones generales frente a terroristas que puedan llevar explosivos, lo que resulta especialmente llamativo en el acto de que 50 Mossos se vieran obligados a abatir (he escrito sobre el uso perverso de ese término) a Younes Abouyaacoub.

No abundaré sobre el viejo contencioso entre las CUP y los Mossos: lo explican mejor en el Polònia. Pero no hace falta ser un conspirador madrileño para encontrar actuaciones extremadamente criticables por su violencia y falta de justificación. Denunciarlas acarrea la carga de la prueba. Pero no impide la denuncia, más necesaria hoy que nunca. Dicho sea sin acritud.

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