LA CIUDAD, PRESA DEL CAPITLISMO DEPREDADOR. A PROPOSITO DE UN LIBRO DE FERNANDO FLORES

(Columna en el nº 2770 de Cartelera Turia, 03.03.2017)

 

Dos cosas me impresionaron cuando ví por primera vez Le mani sulla cittá. Ante todo, la presencia arrasadora de Rod Steiger. Fue la misma que me provocó Burt Lancaster en el film de Visconti de 1974 que aquí titularon Confidencias (Gruppo di familia in un interno). Además, la maquinaria seudolegal del negocio de la especulación del suelo, que me parecía un rasgo de modernidad comparado con el tipo de criminalidad característica de nuestro país en aquellos años 60, y que reflejaba El Caso.

El tiempo no deja de hacer justicia al diagnóstico que nos ofrecía en 1963 ese maestro del neorrealismo, el napolitano Franco Rossi. Y creo que es lo que ha sabido captar de forma impecable el amigo Fernando Flores, en el espléndido libro que acaba de publicar sobre el film de Rossi en la colección Cine y Derecho y que tiene como subtítulo el que he tomado prestado (sin su permiso, para eso estamos los amigos) en esta columna. Claro que, como explica él mismo, podría haberse subtitulado “retrato de la sociedad Dorian Gray”, un retrato de los vínculos entre urbanismo, corrupción, especulación y demagogia, un análisis de uno de los complejos mecanismos fraudulentos que permiten al capital, de la mano de políticos que no merecen ese nombre, multiplicarse e incrementar –como hoy, exponencialmente- la desigualdad: cada vez más ricos los pocos ricos, cada vez más pobres los muchos pobres.

Fernando Flores ha conseguido una magnífica exposición de una historia vieja: el dinero como depredador y la democracia –la ciudad, como explica, de la mano de Rossi- como su víctima, gracias a la manipulación de todos los instrumentos  de control del poder, comenzando por la perversión de la igualdad ante la ley, incluida esa violencia legal que tantas veces hace del Derecho lo contrario de lo que debiera ser: un instrumento de dominación, discriminación y explotación. Quizá Rossi no había leído Ferguson (Ensayo sobre la historia de la sociedad civil, 1767), que anticipó la inevitable colisión entre capitalismo y democracia. Tampoco a Bauman, que nos dejó un implacable diagnóstico de la fase actual del capitalismo (“industria del desecho humano”). Pero lo dibujó con precisión de relojero. Y aquí en Valencia, lo hemos aprendido en carne propia.

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