SOMOS LENGUAJE Y TIEMPO (Cartelera Turia, nº 2756)

Que nadie se asuste. Esta es la columna quincenal que los amigos de la Turia han brindado a quien suscribe, sí. Y vamos a hablar de cine y del bueno. Porque quiero invitarles a que vean Arrival (La llegada), la última película dirigida por Denis Villeneuve, que a buen seguro será objeto de críticas y comentarios muy diferentes y aun encontrados. A mi juicio, es un film destinado a convertirse en un clásico de la ciencia ficción, casi a la altura de Blade Runner, con la que tiene no pocos elementos en común. Su mérito reside, ante todo, en la forma en la que el director canadiense ha sabido llevar al cine el excepcional relato corto Story of your Life, de Ted Chiang, gracias al sobresaliente guión adaptado por Eric Heisserer. Villeneuve realiza además un sobrio trabajo de dirección de actores, con una destacadísima Amy Adams, un sobrio Jeremy Renner, bien apoyados por Forrest Whitaker. Y no se puede dejar de destacar la banda sonora de Johann Johannsson, completada por una pieza magnífica de Max Richter.

Dos diálogos me llaman poderosamente la atención, sin que suponga hacer spoiler a quien aún no haya ido a verla. En el primero, la protagonista, lingüista a la que se ofrece un insólito trabajo como intérprete, recomienda a su posible empleador que, si va a sondear a otro candidato al mismo puesto, le pregunte cómo se dice <guerra> en sánscrito. En la segunda, un físico teórico y la misma lingüista discuten sobre la base de la civilización. “El lenguaje”, sostiene ella. “La ciencia”, afirma contundentemente el físico. Y debaten sobre la hipótesis Sapir-Whorf, una versión extrema del condicionamiento de nuestro cerebro, de nuestra representación del mundo, por el lenguaje.

Que la hipótesis Sapir-Whorf explore una clave de la identidad humana, como el test Voight-Kampff, o que ambas películas se basen en relatos cortos de dos grandes de la SF, Ph.K.Dick y T. Chiang (éste todavía a cierta distancia del primero) no son, como decía los únicos paralelismos posibles con el clásico de la SF, Blade Runner. También lo es la atención a la memoria y, sobre todo, al modo en que percibimos o, para decirlo mejor, vivimos el tiempo, quizá uno de los más apasionantes enigmas filosóficos y científicos, explorado en esta película de una forma mucho más interesante, a mi juicio, que en Interstellar, el pretencioso film del a mi juicio sobrevalorado Nolan.

La belleza y la inteligencia con la que Villeneuve  interpreta el relato permiten que cada espectador lo recree de muy diferentes maneras, porque la película no nos habla de ellos, sino sobre todo de nosotros: algunos se centrarán en la circularidad de la vida, al modo que encontramos en la Bhagavad Gita y, por ejemplo, en Nietzsche. Otros encontrarán pretexto para reinterpretar nuestra propia situación y recordar que necesitamos más pontífices, en su sentido original (mediadores, incentivadores de cooperación), que caudillos o guerreros, por heroicos que sean. Y no faltarán quienes recuperen la nostalgia de ese período anterior a Babel en el que era posible un lenguaje universal. Todo eso y más, de la mano de Villeneuve.

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