Sobre el futuro de la filosofía. Un cuestionario de la Revista Canibaal

A pesar del entusiasmo –sentimiento siempre equívoco– con el que hemos pergeñado el número dedicado a la ironía y la brevedad, una latente y casi frankfurtiana sospecha sobrevuela la redacción de Canibaal. Tenemos una duda, o mejor, algunas dudas. Hemos decidido consultar a varios pensadores con la esperanza de que las disipen. En nuestras conversaciones sobre el leitmotiv del número nos hemos preguntado si, además de una inquietante «adolescentización» general de las conductas –o, dicho hegelianamente, del ansia de reconocimiento–, la modificación del sentido del tiempo y, especialmente, la mutación de los hábitos de lectura, escritura y pensamiento propiciados por la así llamada «revolución digital» –mutación signada por la histeria de la inmediatez y el casi lunático imperativo de la urgencia– han provocado la pauperización del pensar, la frivolización de la reflexión, el insano primado de la listeza sobre la inteligencia y, en fin, la pulverización de la filosofía tal y como la hemos conocido hasta antes de ayer. No sabemos si nos hallamos ante un logos demasiado tecno-estresado, incapaz de seguir haciendo honor a su tarea milenaria… Es difícil formular una cuestión sintética. Tal vez resulte aquí plausible preguntar mediante una paráfrasis de aquella (inexacta pero célebre) pregunta de Adorno sobre la poesía después de Auschwitz («¿Es posible el pensamiento después de Internet»?). O quizás sea más adecuado echar mano de la terminología de Foucault y pediros una suerte de breve ontología de nuestro convulso presente digital en relación con el estado de salud y el porvenir de la filosofía… Ayudadnos, por favor…

 

 

 

 

Confieso mi rubor ante etiquetas como la de “pensadores”* ; incluso la de “filósofos”*. Quizá ahí descansen algunos elementos de mi tentativa de respuesta a vuestra pregunta, ya sea modo Adorno o Foucault; incluso, al estilo del famoso aserto de Benjamin sobre el quehacer de la investigación filosófica como la iluminación que nos proporcionan los “pasajes”.

Casi desde el principio de la tradición filosófica ésta se ha enfrentado a crisis, algunas de ellas vinculadas con la aparición de los primeros productos de la técnica y no digamos de la tecnología. El caso de los Adorno, Foucault… que arrancan del horror de Auscwitz y del fin de la ingenuidad del ideal del humanismo, se vincula a ese desbordamiento de lo que se debe hacer, querer y esperar, por el vértigo de lo que se puede hacer, que conduce  una experiencia de deshumanización hasta ese momento inconcebible. Imposible de pensar porque es la experiencia de tocar esa manera abisal del mal que vinculamos a una total pérdida del sentido del respeto a la vida humana, a la vida. Si es que alguna vez lo tuvimos, lo tuvieron, perdemos el sentido de ser pastores, pero no del ser, sino cuidadores de la vida. No en aras de nuestra voluntad o imperativo de dominio, sino porque es lo que podemos y debemos hacer.

Pero debo añadir de inmediato que no soy de los que vinculan la filosofía a la pertinencia de la pregunta por el sentido de la vida. Estoy próximo a la visión más que irónica, sarcástica, de los Monty Pyton en su The Meaning of Life…. Insisto: está claro que este quehacer no se identifica con la búsqueda de un sentido de la vida. Me resulta más sencillo vincular la filosofía, como sucede en su origen griego, con la política en un sentido –a falta de otra palabra- ecológico: pensar la vida social como vida buena, con el añadido que heredamos de la Ilustración y de Hegel. Se trata de entender el esfuerzo filosófico como una tarea humana común, la de pensar el propio tiempo…para desarrollar la autonomía. Pero no la autonomía como proyecto asequible sólo al individuo excelente, sino la igualdad inclusiva de esa pluralidad constitutiva de todos  cada uno de nosotros y todos los otros, que adivinara Pessoa. Por eso me interesa la filosofía política (ese pleonasmo). Por eso me interesa la pregunta por el imperativo de reconocimiento de todos los otros en el sentido más amplio.

¿Es que la tecnología, el imperio de la imagen y de la instantaneidad, unidas a imperio infantil de la satisfacción inmediata del deseo, esterilizan ese modo de entender  el pensamiento? No creo en absoluto que internet signifique el fin de la filosofía y menos aún el del pensamiento. Todas las profecías y pronunciamientos agoreros sobre el fin del pensamiento, su sustitución por el más grosero positivismo cientista, se han visto incumplidas. Y en algunos casos el pensamiento filosófico ha ofrecido cumbres de la reflexión a este propósito: baste pensar en Heidegger.

Otra cosa es el indiscutible impacto de un modo de vida que no veo mejor ejemplificado que en la película Wall-E. Los seres humanos convertidos en consumidores satisfechos y extraordinariamente pasivos, reducidos a un permanente estado de adolescencia, pero sin el espíritu crítico, la pasión de descubrir y/o rehacer el mundo característicos del joven. Bien es cierto que la ideología del liberalismo económico que desarrolla el capitalismo hasta alcanzar ese grado de achatamiento del ser que profetizara Ferguson en su Ensayo sobre la sociedad civil (el mercado hará perder a los hombres su alma de ciudadano, al precio de su más superficial satisfacción, una satisfacción de necesidades inducidas y permanentemente renovables, cadiucables).

 


* si hay un homo sapiens que, como tal, no es la excepción de Rodin sino el denominador de ese estadio evolutivo de la especie humana, qué sentido tiene hablar de pensador? O es que salvo esas mujeres y hombres excepcionales a quienes se atribuye la categoría, todos los demás humanos no “piensan”?

* asombra que tanto graduado en filosofía se proclame como tal, “filósofo”. Es obvia la licitud de un calificativo similar al de “jurista” o “médico”. Como lo es que la mayoría de quienes reivindican esa condición/profesión, son, en todo caso, profesores de filosofía, algo muy distinto de lo que entendemos en sentido estricto por “filosofo”, título que debiéramos reservar a quienes por la originalidad, profundidad y coherencia pueden aspirar a tener un pensamiento filosófico propio…

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