Con Weber, a Mariano (Cartelera Turia, 30 09 2016)

En la estrategia de justificación del carácter presuntamente ineludible del apoyo a una investidura de Rajoy para formar Gobierno, aunque sea por la vía de la abstención, hay de todo. Desde el PP abunda la alabanza sin fisuras al líder, a quien acuden, como en aquellos meses de mayo, con Flores a Mariano. Pero son más quienes, faltos de tal entusiasmo, predican  falacias -como la del respeto a la lista más votada, un argumento no relevante en una democracia parlamentaria-, seudoamenazas apocalípticas -miedo al caos, a la huida del capital extranjero, a una nueva recesión- y presiones de todo tipo.

Con todo, también los hay que proponen argumentos. Entre ellos, destacan acreditados profesionales de la ciencia política, como Fernando Vallespín y José Ignacio Torreblanca que, en lugar de ir con flores hasta Mariano, pareciera que fuesen, con o por Weber, hasta concluir en él. Y así, tratan de mostrar que quienes se oponen a que Rajoy forme de una vez gobierno, con Sánchez como arquetipo, son irresponsables políticamente y se apoyan en una muy inadecuada ética de la convicción, típicamente teológica o ideológica y estérilmente moralizante. Sostiene que más valdría optar por la ética de la responsabilidad, en virtud de la cual se debe aceptar con madurez la decisión de dejar que gobierne el PP de Rajoy. Eso, añaden,  permitirá crear una oposición fuerte, formada por políticos responsables que, al no existir una mayoría absoluta, podrían conseguir en el Congreso las reformas que supuestamente jamás logrará el irresponsable e imposible intento de constituir un Gobierno de izquierda, que camina hacia el abismo, entonando el fiat iustitia et pereat mundus.

Parcen olvidar que la pretensión de wertfreiheit en ciencias sociales es mera ilusión. No hay ciencia social que pueda permitirse ser ajena a la ideología: ni la Ciencia política, ni el Derecho. Pero aún es más obvia otra consideración: apoyar a Rajoy no sólo es contrario a las más mínimas exigencias de la ética de la convicción. Es, además, contraria a la ética de la responsabilidad. O sea, políticamente hablando, irresponsable, porque el balance de la gestión de gobierno de Rajoy es desastroso. No digo ya por el grado de corrupción institucional que ha fomentado y anida en su propio partido. Me refiero a su balance, inaceptable de cara a los trabajadores, a los parados, a los pensionistas, al mundo de la enseñanza, al estado de la sanidad, al sistema público de ciencia e investigación, a la gestión de la deuda, al peso y a la presencia de España en la UE, en Latinoamérica, en el mundo árabe…

No. No hay en este caso contradicción alguna entre ética de la convicción y ética de la responsabilidad. Apoyar a Rajoy para que forme Gobierno y sufrirlo cuatro años más, sí que es propio de irresponsables, además de inconsecuentes con los principios y valores de una democracia mínimamente plural e inclusiva.

 

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