DE OTROS SILENCIOS Y ANONIMATOS

Como es bien sabido, a partir de cierta edad es inevitable incurrir en eso tan molesto para los demás que es repetirse. Volver una y otra vez sobre el mismo argumento: “ya está fulano con su manía”. Pero, por otro lado, ¿cómo no repetirse? ¿cómo no pensar que todo lo que se diga sobre esta inmensa ignominia que es la respuesta europea ante inmigrantes y refugiados que tratan de alcanzar ese ansiado refugio que es para ellos la tierra europea, nunca será suficiente? Yo así lo creo y vuelvo a dar la lata.

Han tratado de convencernos de que el Acuerdo entre la UE y Turquía, proclamado en el Consejo de Europeo de 17-18 de marzo, era la solución –aunque sea la menos mala-  a esta <crisis de refugiados>. No es así. De nuevo los gobernantes europeos y sus burócratas, técnicos y leguleyos tratan de dárnosla con queso. La primera falacia es la de la crisis de los refugiados: es increíble que los europeos pensemos que no había crisis hasta que empezaron a llegar hasta aquí (es decir, más de 3 años y medio después del inicio de la guerra de Siria, por ejemplo; cuando más de 4 millones de Sirios habían obtenido refugio en Líbano, Jordania, Iraq y Turquía). Como alucinante que nos pinten una situación apocalíptica por la llegada de algo más de 1 millón de personas al espacio más próspero, seguro y libre del planeta que es la UE, sin comparación alguna con las cifras que acabo de mencionar.

Pero la más perversa es calificar ese Acuerdo como una solución para quienes buscan asilo. Esta “solución”, para empezar, ha comenzado a aplicarse en manifiesta violación de principios jurídicos elementales, porque su puesta en práctica el pasado 4 de abril, se produce sin que la supuesta norma jurídica hubiera sido siquiera publicada, pues hasta el 9 de abril no apareció en el BOE europeo, DOUE. Pero lo grave no es eso: lo peor es que no es un acuerdo de refugiados. Es lisa y llanamente un instrumento de deportación. Turquía no es hoy un país seguro para refugiados e inmigrantes: es un destino terrible, una trampa para quienes buscaban protección y son tratados como números, mercancías de una compraventa que engrosará las arcas turcas y a nosotros, europeos,  nos permitirá olvidar el problema.

Este sábado 16, muchos acudiremos al regalo que supone un concierto de Raimon en Valencia. Y algunos, cuando evoquemos esos versosjo vinc d’un silenci/antic i molt llarg/de gent sense místics/ni grans capitans,/que viuen i moren/en l’anonimat, pensaremos no sólo en los nuestros, en nuestra buena y sufrida gente, sino también en esos otros que naufragarán, vivirán entre el barro y quizá morirán en esos campos de internamiento, sin que la historia sepa nunca su nombre.

 

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