LOS OSCARS DE LA DISCRIMINACIÓN

Las referencias a la discriminación marcaron la 88 ceremonia de los Oscars, como lo prueba el éxito del hagstag #OscarsSoWhite. Esa fue la línea roja de toda la intervención de su presentador, Chris Rock, que disparó en casi todas direcciones desde que, en el clásico monólogo inicial, explicó que se trataba de los ‘White People’s Choice awards’, sumándose así a la crítica por el déficit de reconocimiento de diversidad en las candidaturas decididas por la Academia. Claro que, poco después, en un inteligente ejercicio de la crítica a lo políticamente correcto, parodió esa denuncia en el genial homenaje de Angela Basset y su “minuto Black” (que no estaba dedicado a Will Smith, como todo parecía presagiar, sino a Joe Black…). Por lo demás, en el programa se produjeron reivindicaciones de un buen abanico de causas. De la lucha contra el acoso y las agresiones sexuales en los campus, a la reivindicación del orgullo gay y LGTB, pasando por la denuncia del racismo y del fanatismo de Trump o la denuncia de la falta de voluntad política para frenar el calentamiento global. Con todos los respetos, uno no se imagina dónde llegarían los melindres de quienes se sienten heridos por algunas declaraciones políticas en los Goya si se hubieran producido las mismas intervenciones en la soporífera ceremonia de nuestra Academia.

Llama en todo caso la atención que alguien se rasgue las vestiduras por la existencia de intervenciones políticas en una ceremonia de esa importantísima parte de la cultura que es el cine. Dejémoslo en recordar la obviedad de que la cultura, por definición, es política, incluso mucho más, parte imprescindible -y no sólo relevante- de la política, si por tal entendemos algo más que propaganda partidista. Quede al buen juicio de cada uno cuándo hay torpe propaganda y cuándo ejercicio de un derecho de todo ciudadano que es también un deber de ciudadanía: opinar, participar, exigir.

Y, por decirlo todo, también llama la atención esta urgencia por denunciar la discriminación de la Academia (esta discriminación de negros y negras –afroamericanos, vale- ) como si la propia Academia y la industria de Hollywood no fuera una institución que lleva inscrita la discriminación y la endogamia en su ADN. Contra las mujeres (no digamos las que cumplen más de 50) en primer lugar; contra el mundo cinematográfico no yanqui (a lo sumo, no anglosajón) además, olvidando que el cine no es un invento yanqui, ni el cine (ni el mejor cine, claro) se hace sólo en y por los estudios y productores  que dictan su ley –en competencia, claro, como cumple el buen capital- en la Academia. Pero qué demonios, a estas alturas no vamos a descubrir que el mercado no persigue la igualdad, ¿verdad?

 

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