LO QUE SIGNIFICA TOMAR EN SERIO EL DERECHO DE ASILO

Ante la manida “crisis de los refugiados”, nuestros políticos habían adoptado la pose de haber entendido que nos encontrábamos ante una “emergencia humanitaria” y derramaban lágrimas y se mostraban compungidos, al mismo tiempo que condenaban las imágenes terribles que aparecían en los medios (desde la foto del niño Aylan Kurdi). Mientras, con la boca pequeña, susurraban que, por otra parte, se trata de una <avalancha> que nos sumía en enormes dificultades y amenazaba la garantía del Estado del bienestar (qué cosa? nos preguntamos muchos) y en particular de los ciudadanos europeos más desfavorecidos. Ese sutil mensaje de xenofobia ha dado sus frutos. Hoy se multiplican las manifestaciones y actos contra los refugiados, fruto en gran medida de la dimisión de esos responsables (y de los responsables de muchos medios de comunicación) de su tarea ineludible, obligada al menos para quien quiera merecer el nombre de político  de periodista dignos, que consiste en explicar a la población la realidad. También los deberes que tenemos contraídos con los otros. Y la necesidad de cumplir con esos deberes.

Así, hemos pasado a admitir como rutina y después a digerir, a mirar con indiferencia e incomodidad, imágenes inaceptables para una sociedad civilizada. Las imágenes que actualizan y aun empeoran por su extensión la degradación que el régimen de Hitler impuso a millones de seres humanos en su política racista que culminó en la “solución final”. Vallas, alambradas, ancianos, mujeres y niños abandonados a su suerte, masas acarreadas como ganado, a veces apaleadas, manifestaciones crecientes que transparentan un odio que hace aún más insoportable la mirada avasalladora de la discriminación hacia esos otros que son inmigrantes y refugiados. Sobre todo, esos dos iconos del horror más profundo de la conciencia europea que son los trenes y los campos. Trenes abarrotados de infrahumanos tratados como ganado; campos en los que se acaban amontonados y sin esperanza. Lo dejó escrito Arendt: la historia contemporánea ha creado un nuevo tipo de seres humanos, los que son confinados en campos de concentración por sus enemigos y en campos de internamiento por sus amigos.

Pero no: el asilo no es una cuestión de caridad, ni de hospitalidad o de piedad en el sentido moral (menos aún, de ese hipócrita sucedáneo que es la moralina al uso). Es un derecho. Un derecho que la inmensa mayoría de los gobernantes europeos (con honrosas excepciones) no toman  en serio e incluso sitúan en grave riesgo de desaparición o de una desnaturalización tan profunda que pierde su sentido. Porque sometido a recortes, procedimientos extrarigurosos, condiciones onerosísimas para con quien huye por salvar su vida, políticas de externalización, étc., el asilo se desvanece. Se hace inasequible, impracticable.  Justo en el momento en que, según prueban las estadísticas del ACNUR, cada vez más seres humanos, por millones, necesitan de esa esperanza del Derecho.

Los políticos europeos no quieren tomar en serio ese derecho, que tiene costes, sí. Porque las prestaciones que son el derecho de los asilados no son gratis. Pero es que lo sabíamos y quisimos aceptar esa obligación en 1951, por solidaridad, por sentido del la justicia y del Derecho, cualidades que pareciera que se han desvanecido en Europa. Así lo prueban las disposiciones adoptadas por el Parlamento danés, a la imagen de Suiza y de los Estados alemanes de Baviera y Baden-Wurtembgerg, que imponen contribuciones económicas (verdaderas exacciones) a los propios refugiados, so pretexto de la igualdad con los ciudadanos daneses que gozan del salario social (¿qué broma es esa, igualdad entre un huido de la guerra de siria y un parado danés?) y para poder asumir la <carga económica>del asilo. Dinamarca, cuyo PIB comparado con el de el Líbano, Jordania, Turqúia o Kenia (países receptores de refugiados por centenares de miles) lo multiplica por decenas! Lo mismo sucede en este momento en Alemania, donde la coalición gubernamental ha alcanzado un acuerdo para restringir las admisiones, disminuir el número y duración de las prestaciones a quienes se concede el derecho de asilo o la protección subsidiaria y favorecer la denegación y expulsión de los solicitantes de asilo. La existencia de los campos de Calais y Grande-Synthe evidencia también el doble rasero que emplea Francia y desvanece el asilo en lo que fuera tierra de promisión de los refugiados. Y la política del Gobierno Rajoy, que exhibe sin disimulo la supeditación del derecho de asilo a una mal entendida defensa de la soberanía del territorio, como lo ejemplifican Ceuta y melilla, no contribuyen a ofrecer esperanza. Todo ellos sin hablar de las reformas contra el asilo en los 4 países del grupo de Visegrado (Hungría, Chequia, Eslovaquia y Polonia), los primeros que se opusieron a un sistema común y obligatorio con cuotas solidarias para distribución de reasentamiento y de acogida. España, Francia, Italia y el Reino Unido contemplan restricciones en los procedimientos administrativos y criterios arbitrariamente selectivos respecto a los países de procedencia. Noruega y Finlandia expulsan hacia Rusia a los refugiados que llegaron a pie a esos países cruzando territorio ártico. Suecia aminora sus cuotas y trata de agilizar los procedimientos de explusión.

En suma la UE no ha conseguido imponer de hecho lo que ya existía como SECA (sistema común y obligatorio) y busca la vía habitual de comprar con millones de euros la externalización de la contención de los refugiados, complementada con el compromiso de aceptar devoluciones incluso colectivas (es el pacto con Erdogan a cambio de 3000 millones de euros). Al mismo tiempo, amonesta severamente a Grecia por no cumplir eficazmente su papel de guardián de la frontera del Egeo convertida en ruta preferente. A Grecia! A la que, por si no tuviera poco con soportar las medidas austericidas que Sypras ha acabado aceptando,  no se ha ofrecido el mínimo de ayuda para al menos salvar y rescatar a los naúfragos en su ruta hacia las islas que ya nos son familiares (Kos, Lesbos). Una tarea que están tratando de cumplir un puñado de ONGs y voluntarios individuales…es decir, que la UE, en lugar de favorecer procedimientos ágiles y asequibles (también por próximos) para plantear las demandas de asilo aprovechando las posibilidades que le ofrece su servicio exterior (el suyo y el de los 28 Estados miembros) y rutas, corredores humanitarios, además de hacer efectivo el procedimiento

Qué hacer? Pueden los estados de la UE asumir ese desafío. Mi respuesta es inequívoca: sí. Sí, siempre que haya un marco obligatorio, común y equitativo entre todos ellos.

Lo primero, crear con una Autoridad o Agencia específica para la gestión del sistema de Asilo y Refugio y de la protección subsidiaria (con especial atención a los programas de reasentamiento). No basta a mi juicio con la FRA (Agencia Europea de derechos fundamentales) ni, evidentemente, con FRONTEX ni aun en su modalidad de verdadera policía de fronteras propuesta por la Comisión en su comunicación del 15 de diciembre.

Además, aumentar y concretar las vías legales asequibles y procedimientos ágiles para la solicitud de asilo. Por ejemplo, garantizar la posibilidad de pedir asilo en embajadas y consulados en los países de origen, limítrofes y tránsito y que se abra así el expediente de asilo, sin que sea necesario llegar a territorio europeo para hacerlo. Y necesitamos un esfuerzo en dotar oficinas europeas de examen de solicitudes de asilo, e coordinación con ACNUR, sobre todo  en los países limítrofes a aquellos en los que existen situaciones de conflicto que generan desplazamientos de refugiados.

Es vital poner las condiciones para hacer efectiva la Directiva Europea de Protección Temporal (2001/55CE del Consejo) activando el mecanismo contemplado para hacer frente a emergencias humanitarias,  y que, además, que habilita medidas que pueden beneficiarse del Fondo Europeo para refugiados. Eso incluye eliminar la exigencia del visado de tránsito para aquellas personas que proceden de países en conflicto y mejorar los programas de reunificación familiar.

Obviamente, es necesario también reforzar e incrementar los programas de reasentamiento en coherencia con el número de refugiados existente, asumiendo un reparto equitativo y solidario entre todos los Estados. La propuesta que hizo la Comisión Europea en su nueva agenda migratoria en mayo de 2015, que suponía una cifra ridícula en comparación con las necesidades reales (16000, cuando sólo Líbano acoge más de 1.100.000) debe y puede ser un buen criterio metodológico. Pero siempre que se centre todo el esfuerzo en agilizar, facilitar y también ordenar, claro el acceso al asilo a quienes lo necesitan, quienes tienen un derecho frente al cual, nosotros no podemos olvidar nuestra obligación.

 

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