EN EL DIA DE REFLEXIÓN: EL MÉTODO “LEFTOVER”

Aunque la segunda temporada de la serie de HBO del mismo título haya incrementado su interés, no es ese el motivo de esta columna que, por la fecha de publicación, no quiere ni puede escapar a la convocatoria del domingo 20. Lo cierto es que, como muchos otros ciudadanos, no me parece fácil decidir,  aun después de leer programas electorales y escuchar y seguir por prensa, radio y TV programas de debate y tertulias con representantes de todos los partidos (bueno, de todos no: IU y UPyD lo han tenido muy difícil para hacerse presentes, en una muy peculiar interpretación de la legalidad).

Por esa razón, he seguido el consejo de gente tan sabia como Spinoza, Kant o Hegel y he procedido por el conocido método que recuerda que <toda determinación es negación> y por tanto, que quizá no tenga claro lo que quiero (esto es, que no está clara la coincidencia entre lo que me prometen y lo que yo considero necesario, prioritario, oportuno conseguir), pero resulta más asequible precisar lo que no quiero en modo alguno (cuáles entre las promesas que he leído me parece obligado rechazar o descartar). Descartar y quedarse con lo que sobra, aunque sean restos y no platos exquisitos del chef de moda.

Ahora bien, en esta cita del domingo, ese procedimiento de eliminación que tan buenos resultados me ha ofrecido en muchas ocasiones, me deja paradójicamente muy cerca del asno de Buridán (digo paradójicamente, pues escribí lo contrario en una columna reciente en la Cartelera Turia). Esto es, me tiene sin saber a qué atenerme en la cita del domingo, pese a los descartes. Y eso, pese a la insistencia por tierra, mar y aire de ese mensaje tan grandilocuente como ridículo en su multiplicación (como los <partidos del siglo> que se repiten dos veces al año), que nos avisa de que en este 20 D nos corresponde a los electores el gordo de la lotería, ser protagonistas de un momento histórico, el que se pone fin a una era, la del bipartidismo y la impostura democrática. Así lo predican los apóstoles y hasta el último alevín de ese ensalmo jeremíaco que nos previene de la impostura de la “cultura de la transición” (CT) y sus tristes y viejunos defensores y anuncia –albricias y pan de sicomoro- que todo cambiará cuando se instalen entre nosotros esos mesías (parece que, como mínimo, dos), con su evangelio de un mundo nuevo y post-post-repostmoderno. Líderes jóvenes (eliminemos a los de 40, como a los solteros en la magnífica metáfora de Langosta)  que son demócratas de verdad, como nosotros, y no repugnantes y decadentes corruptos, como los otros y los de los otros. Por cierto, del juego limpio y sin exclusiones que practican esos mesías habla –y no muy bien- su indiferencia, si no su menosprecio, el que dispensan a los mesías anteriores que trataron también de derribar el bipartidismo. En fin, que todo se reduce más a quedarse con descartes o sobras –leftovers– que no a entusiasmarse por haber hallado la verdad, el bien y la belleza gracias a los spots producidos por los gabinetes de comunicación y propaganda.

Mis descartes dejan fuera del voto a PP y a C’s.  Los descarto por su fe de carbonero en las bondades de un mercado cada vez más feroz, sus tesis sobre/contra refugiados e inmigrantes, su estigmatización de los servidores públicos (esos <odiosos funcionarios> con los que hay que acabar), su ninguneo de todo lo que es cultura,  su menosprecio del sistema público de educación, de ciencia e investigación, de la Universidad pública, de la sanidad pública, de la igualdad real entre mujeres y hombres, de la lucha contra la violencia de género, su defensa del <contrato único> y su empecinamiento en una reforma laboral que profundiza en la desigualdad y en la exclusión, su falta de respeto por la diversidad cultural y nacional, su renovado entusiasmo por el ardor bélico y los afanes de “unidad” a lo Santiago y cierra España, su ignorancia y desprecio por las exigencias de un desarrollo sostenible, el primado de una mínima conciencia ecológica…

Por lo demás, no veo capacidad de gobierno en UPyD, ni en esa enésima mutación de IU que encarna -como penúltimo y, pese a todo digno resistente- el Sr Garzón. No me gusta la enésima presencia en las listas del PSOE de personajes a los que identifico como okupas de sillones públicos desde que tengo memoria. Tampoco la prepotencia y el leninismo, devenidos en acomodación a cualquier lema que sirva para ganar votos <(ganar, ganar>), que me ha parecido  detectar como prioridad de la cúpula de Podemos a la que ha abrazado en estas tierras la cúpula de Compromis. Y confieso una vez más que abomino de esos que creen tener la verdad en exclusiva de la identidad, los intereses y necesidades del <nostre poble>, del que a su vez me excluyen, como <mal/poco valenciano> o, lo que es peor, lacayo o colono de ese fantasma que invocan una y otra vez, los “intereses de Madrid”. Para colmo, no creo que tenga sentido hoy, en un marco de pluralidad creciente que hará imposible, por fortuna, las mayorías absolutas, pero que no puede ocultar que las decisiones de peso no se tomarán ni en Madrid ni en Estrasburgo, sino en Berlín, Washington y Wall Street, el recurso al que uno ha echado mano en ocasiones anteriores, apelar al voto <útil>.

Pues eso, que cada uno vea lo que queda y buena suerte para todos.

 

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