OPCIONES CORNUDAS

OPCIONES CORNUDAS

Javier de Lucas

 

 

Llegar a Buenos Aires el día en que acaba el ciclo del kirchnerismo tiene su aquél. La victoria de Macri y sus aliados, mucho más apretada de lo que se pronosticaba (la diferencia no llegó al 3%), constituye, dicen, un hecho histórico, un <cambio de época>. Cuando se abandona la euforia, es posible colegir que el baile de esas prima donna de quita y pon, parece mucho menos dramático de lo que nos cuentan. Al fin y al cabo, me resumía un amigo, se trataba de elegir entre el candidato de los fondos buitre y el de los fondos de la corrupción: la diferencia es sobre todo maquillaje ¿o no?

No estoy convencido de que esos corrimientos pendulares, que pasan del acontecimiento galáctico (al estilo del anunciado por una Leyre Pajín que ahora sigue viviendo, por cierto, del sacrificado contribuyente) a la prosaica constatación de que estamos ante los mismos perros aunque lleven distintos collares, no sean una simplificación. Ni la angustia de decidir sobre el destino del mundo, ni la vulgaridad de elegir entre dos marcas blancas, sino alternativas ficticias que responden a un designio único. Quiero decir que, frente al pesimismo realista, hay razones para pensar que el elector no se encontraba ante un argumento cornudo, en el que los dos planteamientos posibles conducen al mismo y triste resultado (como en el viejísimo chiste: qué preferís, nosotros o el caos?…cuando los que lo plantean son el caos…). Macri y Scioli no son tan distintos, pero la opción del primero, un empresario fiel al dogma neoliberal, anuncia recortes en derechos y servicios sociales, privatización de lo público, empeoramiento de la condición de los más vulnerables, ensanchamiento de la desigualdad. Si eso es o no peor que lo que nos proporcionan quienes prometen la prioridad de la intervención de los poderes públicos pero se dedican a engordar sus bolsillos desviando a ellos los fondos de los esforzados contribuyentes mediante variadas técnicas de corrupción es algo que debemos decidir, siempre teniendo en cuenta que, por lo que sabemos, los supuestos liberales debeladores de quienes malgastan y se corrompen han mostrado una capacidad inaudita para corromper y corromperse. Y de eso, aquí en España, sabemos un rato (un Pujol, una Aguirre, y los demás nombres que decoran casos Gürtel, Palau y tuttiquanti).

¿Estaremos el día 20 ante un dilema similar? Hay quien sostiene que sí: al fin y al cabo, parecería que incluso los radicales que reivindicaban el poder de los ciudadanos, de la calle, hayan adoptado en un plazo vertiginoso las mañas que se suponía que lastraban a los viejos partidos (caso omiso de primarias, regreso al leninismo verticalista, renuncia a los principios en pro de los slogans mediáticos…). Por no hablar de esa supuesta renovación de quienes presumen de hacer tabula rasa de la vieja política y resulta que están más agarrados a la bandera que sus padres del PP, y no menos dispuestos, a las primeras de cambio, a falsear curricula y olvidar compromisos de transparencia con tal de tocar poder.

Yo creo que no. Hay test que ayudan a decidir: ¿qué nos ofrecen sobre políticas migratorias y de asilo? Qué harán respecto a la reforma laboral? ¿mantienen los privilegios de las compañías que hacen fortuna con lo que debieran ser necesidades básicas (luz, agua, gas)? Apostarán por un sistema público de educación, investigación y ciencia o por seguir beneficiando chiringuitos mal llamados universidades?…no. no estamos forzados a imitar al asno de Buridán.

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