INDIGESTIONES

Entre las reacciones que ha suscitado el nuevo y terrible golpe de la amenaza terrorista en la UE, una bastante frecuente es la que recurre a la metáfora de la indigestión. A los europeos se nos habría atravesado la multiculturalidad, la diversidad cultural. Por ende, de esos polvos estos lodos. El último en apuntarse al fino argumento es ese epítome de intelectuales empeñado en la “limpieza” de Badalona, Javier García Albiol.

Vaya por delante que, si admitimos que aliquando dormitabat Homerus, hay que concederle un margen de error al político catalán del PP (lo de la señora Forcadell al respecto es fanatismo talibán de la peor especie: sólo es catalán el que piense como yo y, a més a més, tenga diez apellidos catalanes). Pero este hombre es un campeón de la confusión mental. No sólo confunde multiculturalidad e inmigración, pese a que la llegada de inmigrantes es sólo una de las fuentes –alógena- de la diversidad cultural. Una: esa diversidad  existe también sin ellos, como lo muestra la historia multisecular de la existencia en Europa de minorías culturales, lingüísticas, religiosas, nacionales, etc. No: además, el Sr García Albiol es un acendrado exponente de quienes parecen incapaces de diferenciar el hecho de la multiculturalidad, una realidad tozuda e imparable en un mundo global, con las ideologías del multiculturalismo, que son una más entre las respuestas políticas al reto de la gestión de la diversidad cultural.

Etiénne Balibar, Michel Collon, Robert Castel, Gerard Mauger o Sami Naïr (son sugerencias de lectura; basta con googlear) han explicado muy bien en qué medida el sentimiento de humillación y exclusión que producen las políticas de abandono del Estado aplicadas en las banlieue en Francia, Bélgica, Alemania o el Reino Unido, están en el origen del rechazo y la confrontación social de quienes las habitan. Son viejas y conocidas historias del fracaso de políticas de contención (disfrazadas de integración) de las clases peligrosas. Obreros hace doscientos años; inmigrantes en los últimos setenta años. Y, salvo en el caso ya lejano de algunas experiencias en Alemania, pero sobre todo en el Reino Unido, la multiculturalidad no fue gestionada mediante políticas de multiculturalismo, sino de asimilación más o menos encubierta.  Por cierto, excelente momento para revisar la abundante filmografía sobre la convivencia en sociedades con alto grado de multiculturalidad. Además de buen parte de la producción de Fatih Akin, me permito recomendar el ácido film de Chris Morris (2010), Four Lions.

No. La indigestión no la produce el hecho de que entre nosotros vivan gentes con otros universos culturales, prácticas, instituciones sociales. Digerir ese hecho depende de cómo cocinemos. Como enseñó Rousseau (“la libertad es alimento nutritivo, pero de difícil digestión”), las indigestiones y pesadillas de los García Albiol y compañía tienen otro origen: su incapacidad para reconocer y garantizar la libertad y el pluralismo. Nadie dice que sea fácil. Sobre todo para los fundamentalistas. Como él.

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