EL CAMPEONATO DE LA OBSCENIDAD

Las últimas semanas han venido cargadas hasta el exceso de imágenes, discursos, debates, obscenos. Para los que piensen que se han equivocado de columna o crean que he ampliado mis horizontes de juntaletras, aclararé que no empleo el término en el sentido de lo procaz, lo que ofende a doctrinas morales más o menos reaccionarias o pacatas ante la sexualidad, sino en la acepción más amplia, que remite a lo que resulta repugnante o repulsivo, por indecente, por falto de pudor elemental, por ofensivo.

Obscenidad que se da, por ejemplo, en el debate público en el que se supone que consiste la política. Nada nuevo, desde luego. Vivimos en permanente campaña electoral, un invento que, además de costarnos lo que no está escrito, literalmente digo, es terreno propicio para indecentes seudoargumentaciones. Por autocomplacencia: somos los mejores del mundo mundial y por tanto no hay más ni mejor opción que nosotros. O por la descalificación repulsiva del rival: los otros son gente con cuernos y rabo, que nos traerán tsunamis, terremotos y, en fin, el apocalipsis.

Si tuviera que otorgar la copa en ese campeonato por lo obsceno, mi candidata, por ahora, es la Presidenta del PPCV, la Sra Bonig. Me basta el reciente episodio en el que, para argumentar su condición de inevitable y próxima Presidenta de la Generalitat, tuvo la ocurrencia de exhibir en la tribuna de oradores de les Corts su foto de primera comunión. Obviamente, no hablo de estética fotográfica. Lo obsceno aquí es todo lo que subyace: su utilización en el debate del argumento ad hominem, su autocomplacencia y ombliguismo de más corto alcance y también, por qué no decirlo, su exhibición en el espacio público de sus convicciones religiosas como ejemplo de lo que debe considerarse valioso. Es verdad que no mostró el album de su pila bautismal, sino sólo esa foto. Pero ese orgullo de campanario con el que supuestamente argumenta, hace temer lo peor para quienes no compartimos sus convicciones en caso de que ella ocupara el Palau. Parece que no va a ser así. Le espera un batacazo. Merecido, a mi juicio.

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