EL CARDENAL CAÑIZARES, ¿UN NUEVO ARNALDO AMALRIC?

Algo hemos avanzado desde que, en una célebre batalla contra los cátaros, en 1209, se escuchara aquel grito de “Matadlos a todos, que Dios ya distinguirá a los suyos!”. Suele atribuirse a Simon IV de Montfort, pero aunque el famoso señor feudal del Languedoc sea conocido por su extremada crueldad en la cruzada albigense, lo cierto es que la frase, de ser realmente pronunciada (lo que está en duda), sería un lema del legado papal Arnaldo Amalric.

Simon o Arnaldo, el ilustre príncipe de la Iglesia católica que nos ha tocado en suerte como arzobispo de Valencia, monseñor Cañizares, aunque ya no usa espada ni coraza, si bien gusta de metros de seda para su presentación en sociedad, no les cede en espíritu guerrero, en belicosidad frente a los herejes.

Monseñor está atento y bien atento a cuanto pueda suponer amenaza para la ortodoxia. Y lo interesante es que, como para muchos de los que siguen el modelo <mitad monje, mitad soldado>, el campo de la ortodoxia para nuestro prelado no se reduce a lo espiritual. Quiá. Puede que se trate de su peculiar interpretación del nihil humanum alienum me puto, pero el caso es que nuestro cardenal vela por la salud terrenal y no sólo espiritual de su rebaño y del ajeno. Y así, en fechas recientes ha tenido que salir al paso de peligros que acechan a la ciudad terrenal. Mencionaré tres, para que se vea que no se trata de anécdotas aisladas, sino de su constante y paternal (ista) quehacer.

Sostuvo Cañizares, en la inauguración del curso académico 2015-16 en la Universidad católica, ante un público de profesores, estudiantes y autoridades de diversa laya, que hay que batallar en la calle contra el peligro que representan estos “bárbaros que han ganado” y que quieren imponer sus designios, incompatibles con lo más sagrado de la civilización cristiana. Y pidió a los presentes que se mantuvieran vigilantes y activos frente a esos hunos y a sus infieles y aun perversos designios, que buscan corromper las tiernas almas de quienes se encuentran aún en formación.

Sostuvo Cañizares, en vísperas de las elecciones autonómicas -o referéndum plebiscitario en Catalunya (más lo segundo, debía pensar el prelado), la necesidad de convocar a rebato a la feligresía valenciana para una vigilia en pro de <la unidad de España>, amenazada por los independentistas que, lógicamente, nuestro cardenal debe considerar poco católicos. Y eso que entre ellos se encuentran algunas religiosas, la hermana Forcades o Sor Caram. Por no decir que buen número de los políticos profesionales catalanes son gente de reconocidas convicciones cristianas, tal que el líder de ERC, el señor Junqueras, el mismísimo numero 4 de Junts pel si y hasta algunas conspicuas dirigentes de ANC. Supongo que nuestro arzobispo considerará esos ejemplos como casos de ovejas descarriadas o confundidas, por las que seguramente pidió en sus oraciones para que volvieran a la fe verdadera que, a su entender, incluye la creencia en la unidad indisoluble de España, que no sólo del matrimonio.

Acaba de sostener Cañizares, en un acto del Fórum Europa, una admonición (http://www.laveupv.com/noticia/16443/cardenal-canizares-aquesta-invasio-demigrants-i-de-refugiats-es-tan-bona-com-la-pinten) que constituye el tercer ejemplo de su denodada actitud de preocupación por la amenaza que representan otros bárbaros, lobos con piel de cordero, que se disfrazan de refugiados para poder atacar mejor nuestras propiedades, nuestros derechos y nuestra cultura. En línea con otros prudentes <responsables> políticos, prez y gloria de los católicos militantes, cual Theresa May en el Gobierno Cameron, o el Sr Fernández y el Sr GMargallo en el de Rajoy, Cañizares nos ha prevenido contra el error que supone creer que todos los que aparecen en nuestras fronteras pretendiendo ser refugiados, sean buenas personas. Nada de eso: entre ellos hay ladrones, violadores, y yihadistas que, cual caballo de Troya, tratan insidiosamente de infiltrarse en nuestra casa, razona  nuestro arzobispo.

Estadísticamente, tiene razón. Si tomamos un grupo humano de 900.000 europeos (incluso si son cristianos), a voleo, probablemente encontraremos un porcentaje de criminales: ladrones, homicidas, violadores y terroristas. Inevitable estadísticamente. Pero el mensaje es insidioso, porque pone en el objetivo, bajo sospecha, a todos los que aparezcan como refugiados. Y contribuye a la xenofobia y a la criminalización de todos, siendo como son la mayoría de ellos personas en la condición más vulnerable que podamos imaginar. Quizá es que Monseñor querría seguir las indicaciones del Gobierno de Eslovaquia, que pidió admitir sólo cristianos (le faltó añadir, con fe de bautismo debidamente certificada por su párroco), o como los eurodiputados húngaros y polacos que sólo quieren refugiados que sean afines culturalmente. Sostiene Cañizares, a sensu contrario, que si así son, es que están libres de todo instinto criminal.

Qué bonito, no? Un representante de Cristo, de aquel que resumía su mensaje en el mandato de la caridad en su sentido más exigente –amaos los unos a los otros-, y en la abstención del poder de juzgar las almas (como hizo delante de la adúltera a punto de ser apedreada, Juan, 7:53-8:11), de quien advirtió con aquel “porque fui extranjero y no me acogisteis” (Mateo, 25:43), es el nuevo Arnau de Amalric, que desconoce la piedad en aras de preservar la pureza de la doctrina y de sus convicciones.

Como decía aquel amigo, <es que sois los curas los que nos hacéis perder la fe>. Tengo la más absoluta convicción de que se cuentan por muchos miles los valencianos, pastores y fieles, que son cristianos admirables y ciudadanos ejemplares. Pero entre ellos no está, a mi juicio, este aprendiz de Torquemada.

 

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