MEDITERRÁNEO, FOSA DE INMIGRANTES, REFUGIADOS Y DEL PROYECTO EUROPEO (Conferencia Magistral en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, México 12.08.2016)

Introducción

Mi intervención esta mañana -en respuesta a la amable invitación de mi querida amiga y colega, la profesora Cuéllar, Decana de esta Facultad- tiene como marco de referencia cuanto ha sucedido en los últimos años en la UE (a partir de 2013, pero sobre todo en 2015  y en el primer semestre de 2016), a propósito de la fallida respuesta de los Gobiernos europeos y de la propia UE ante el incremento del número de refugiados que tratan de llegar a Europa (también de la fallida respuesta  que ofrecen las políticas migratorias de la UE y de sus Estados miembros ante los inmigrantes irregulares, que insistimos en denominar “ilegales”).

Déjenme que avance una conclusión que a buen seguro no les sorprenderá: no hay tal crisis europea debida a los refugiados. Tampoco hay, en sentido estricto, una crisis específica de refugiados que afecte a la UE (en todo caso, un indiscutible impacto de los que huyen de la guerra civil en Siria, pero infinitamente menor que el impacto sobre los países limítrofes, Líbano, Jordania, el propio Iraq y Turquía). Lo que sí existe es una enorme crisis del proyecto político de la UE. Una crisis que va más allá del Brexit, de la dudosa gestión de la respuesta a la crisis financiera, con la imposición de políticas austericidas a los países del Sur de la UE, que ha incrementado la doble fractura que se evidencia: de un lado, la fractura resultante de un muy deficiente proceso de ampliación al Este y, de otro,  la fractura entre el núcleo y el Sur de Europa, que (sobre todo como consecuencia de la decadencia francesa y del Brexit) nos aboca a una Europa alemana que, a su vez, asienta las dos velocidades en el seno de la UE. Es en ese contexto donde, como trataré de argumentar, la UE parece renunciar a lo mejor de su proyecto, el modelo político que no podría no ser otra cosa sino un modelo federal

Una última precisión: se dice que no sólo es que Europa viva una crisis de refugiados, sino que es la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. Es una mentira, por mucho que se insista en ello. Es cierto que en 2015 llegaron a la UE cerca de 1 millón de personas (solicitantes de asilo, pero también inmigrantes, pues se trata de lo que se denominan <flujos mixtos>), pero eso no es la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial, porque, como se ha señalado desde el propio ACNUR, las dimensiones de esta crisis no sobrepasan a ninguna de las grandes crisis (y son más de 25) que ha habido desde la Segunda Guerra Mundial. De conformidad con las cifras del ACNUR, en 2015 se ha elevado a 20 millones el número de personas refugiadas en todo el mundo, lo que, sumado a los 45 millones de desplazados, nos da una cifra global de 65 millones. En ese sentido, sí es cierto que hemos alcanzado una cota global de refugiados que en términos absolutos es la más importante desde la Segunda Guerra Mundial. Ahora bien, todas las afirmaciones sobre la gravedad de la crisis de refugiados que afectaría a Europa o a la UE de forma muy particular, son desmentidas por una mínima atención a la realidad. Baste pensar en el volumen de los desplazamientos forzosos en el cuerno de Africa, en Sudán del Sur, en la República Centroafricana, en Mali. De los 20 millones de refugiados en sentido estricto, sólo el 14% está llegando a Europa. El resto, como es lógico, arriba a países limítrofes del propio, que es del que huyen. Es verdad que el país que en este momento genera más refugiados es Siria, pero hablamos de menos de un tercio del total de esos 20 millones de refugiados: ¿a quién le importan el resto (insisto, entre 13/15 millones), que parecen invisibles a ojos de los medios de comunicación, de la opinión pública internacional?

Sí, es cierto, en el Mediterráneo están naufragando a diario refugiados e inmigrantes. Sólo en lo que llevamos de 2016, más de 4000 personas han muerto en sus aguas. Pero no debemos olvidar las causas de ese trágico resultado. Y, entre ellas, no se debe olvidar que, como he tratado de llamar la atención en un libro reciente[1], quien está naufragando es la propia UE o incluso el ideal europeo. La mal llamada <crisis de refugiados>, de la que se exhiben como emblema los miles de muertos en naufragios en el Mediterráneo, es el símbolo que evidencia la crisis profunda que afecta a las políticas de la UE, singularmente a su política exterior, con el elemento clave del sistema de Schengen, que blinda las fronteras exteriores para permitir la libre circulación de personas y mercancías. Es ahí donde sea escenificado una falsa alternativa entre mantenimiento de este elemento clave de la UE (espacio privilegiado de libre intercambio y circulación) y el modelo de la UE como espacio privilegiado de libertad, justicia y seguridad, que supone la prioridad del Estado de Derecho, orientado al reconocimiento y garantía de los derechos humanos. Las políticas migratorias y de asilo nos muestran cómo la UE ha optado por el primer objetivo, a costa de los derechos humanos de los otros, sacrificando así principios básicos del Estado de Derecho y de la democracia, pues esta opción supone enmarcar las políticas migratorias y de asilo prioritariamente en el ámbito de la política de policía y orden público y muy recientemente, cada vez más, dentro de las políticas de seguridad y defensa, con la coartada de la lucha contra la amenaza terrorista, que deviene en la estigmatización de inmigrantes y refugiados. Una inaceptable respuesta que desgraciadamente es difícil que vaya a ser corregida en la próxima cumbre de la ONU sobre migración y refugio, prevista para 19 de septiembre de 2016, aunque reconozco que hay elementos positivos en los documentos preparatorios de esa reunión de Alto Nivel[2].

 

 

 

Las políticas migratorias y de asilo, en el marco de las políticas de la UE.

En realidad, como se ha denunciado, la <crisis de los refugiados> que afecta a la UE, además de concernir muy específicamente a las propias políticas migratorias y de asilo[3], es el punto de convergencia de algunas de las políticas más relevantes de la propia UE: la política exterior,  la de policía de fronteras  (en función del mercado de trabajo y del espacio de seguridad, libertad y justicia y bajo el dogma del carácter intocable del sistema Schengen), la relativa a los derechos humanos.

Todos los expertos subrayan que la mejor de las políticas de refugiados es la preventiva, esto es, la que supone actuar directamente sobre las causas que pueden provocar la inevitabilidad de los movimientos de huida ante la persecución. Es cierto que no es nada fácil, pero eso no exime a la comunidad internacional del deber de actuar para evitar la guerra (incluidas las guerras civiles) o ponerle término de la forma más rápida posible mediante procedimientos de mediación pacífica en conflictos. En el caso sirio es evidente que ni la UE ni sus Estados miembros han actuado de esa manera; muy al contrario, sus intereses geopolíticos y económicos de las potencias europeas y en particular los de sus empresas de armamento, han pesado de forma negativa. Está claro que ni como UE ni como potencias nacionales, tienen capacidad dirimente, la que disfrutan los EEUU y la Federación Rusa, pero la UE no ha sido en ese conflicto una potencia mediadora que haya impulsado eficazmente la paz, los derechos humanos, el desarrollo y la democracia.

Muy en particular, parece criticable que esos intereses que dominan en la política exterior hagan asomar cierta lógica neocolonial en las políticas migratorias y de asilo: me refiero a la tendencia, confirmada una vez más tras la cumbre de La Valetta de noviembre de 2015, de utilizar la cooperación internacional, de la que la UE se vanagloria como primer agente mundial, para condicionar las políticas de cooperación y de codesarrollo acordadas con los países de origen y tránsito de los movimientos migratorios y de asilo, supeditando esos acuerdos de cooperación al cumplimiento de funciones de policía, de barrera de esos desplazamientos, e imponiendo cuotas de admisión de las eufemísticamente denominadas “devoluciones”, que son las más de las veces deportaciones encubiertas, como se ha puesto de manifiesto sobre todo en el vergonzoso acuerdo entre la UE y Turquía, del que me he ocupado en otros trabajos[4].

Por lo que se refiere a las políticas migratorias, hace tiempo que mi colega y amigo Sami Naïr insiste en la denuncia del enfoque neoliberal que teoriza las migraciones como una oportunidad de maximizar el beneficio dentro de la lógica neoliberal del mercado global: mano de obra precaria, inestable, dócil, desplazable y reemplazable. Por eso consideran  que,  al fin y al cabo, es el mercado de trabajo desregulado el que debe, en relación con sus inputs, gestionar primordialmente la inmigración y luego decidir por sí mismo las necesidades del país, lo que en realidad conduce al debilitamiento de los derechos globales de los asalariados; defienden, por ejemplo en España y en la mayoría de los Estados europeos, un planteamiento que vincula estrechamente la inmigración clandestina y la inmigración legal, de tal modo, que aborda ésta desde la lucha contra la inmigración ilegal, y no a la inversa. Esta confusión, equiparada a la que amalgama los refugiados y  peticionarios de asilo a la inmigración económica ilegal, desembocan en un tratamiento potencialmente penal (y no civil y administrativo) de la diversas facetas de la inmigración y de los derechos de los extranjeros. En consecuencia, como subraya el mismo Naïr, las estrategias de lucha contra la inmigración ilegal han condicionado la gestión de los cauces legales migratorios, de tal modo que hemos asistido a un endurecimiento paulatino del modelo de entrada y condiciones de permanencia de extranjeros en el territorio del Estado, que ha revertido contra el inmigrante económico no cualificado.

En realidad, la supeditación de las políticas migratorias a las dos claves de política de equilibrio del mercado de trabajo interno y política securitaria, no pueden esconder el dato en el que ha insistido entre otros, Claire Rodier, el negocio de la industria de control de fronteras y seguridad[5] frente a los movimientos de migraciones forzadas. Junto a ello, como ha subrayado la profesora Ruiz Jiménez Aguilar, hay otros dos negocios florecientes[6]: uno, el ilegal de las mafias que trafican y explotan a seres humanos (inmigrantes y demandantes de asilo), como sucede hoy en condiciones de máxima crueldad en el noroeste de Libia. Pero debe hablarse también de la perversión del fenómeno de la industria del cuidado, que ya analizó Sakia Sassen con capacidad de anticipación. Una industria ligada tantas veces a condiciones de clandestinidad, a un mercado de trabajo alegal (que se da también por ejemplo en España, con el trabajo no cualificado en el trabajo doméstico, la construcción y la agricultura) y que se supedita a las condiciones de infraderecho de esos trabajadores, es decir, al regateo más descarnado de sus derechos como condición del beneficio. Por eso, coincido con la mencionada profesora Ruiz Jiménez al señalar que lo que asistimos hoy en Europa es a una lucha entre el precariado por obtener el mínimo de derechos que se les recorta y deniega desde políticas presididas por el imperativo del déficit y de la maximalización del beneficio. Una lucha en que se enfrentan inmigrantes irregulares, demandantes de asilo, inmigrantes en situación de transitoriedad en su status y la propia clase obrera (y aún la clase media pauperizada) para las que el trabajo ya no es la garantía de una vida digna.

 

 

 

Falacias y moralinas en torno a la crisis de refugiados

Si hablo de falacias y moralinas en la mal llamada “crisis de refugiados” es, sobre todo, porque, como ha sido posible comprobar a lo largo de este pasado año 2015, se ha multiplicado –a mi juicio- un uso perverso del lenguaje en torno a las políticas migratorias y de asilo de la UE (aunque no sólo…). Y, sobre todo, hemos camuflado el análisis y la crítica de esas políticas bajo ese eufemismo de “crisis de refugiados” y, en el mejor de los casos, hemos apelado sobre todo a un humanitarismo paternalista (por eso he utilizado en otros trabajos la fórmula “el avestruz compasivo, para describir la actitud de la UE y de sus Estados miembros), que busca sobre todo quitarse de encima el problema mediante las consabidas soluciones de <externalización> y oculta su verdadera y profunda dimensión política. Ya es hora de decir basta.

Hay que decir basta, en primer lugar, a la masacre (tres mil muertos y desaparecidos en este año), una tragedia que esconde datos horribles, como la suerte desconocida de miles de menores no acompañados (inmigrantes irregulares, refugiados), denunciada no sólo por ONGs como Save the Children, sino nada menos que por la misma Europol. Basta ante las violaciones de derechos humanos que se producen en torno a este negocio del tráfico y explotación de personas y que, desde el cierre de la ruta del Egeo, ha supuesto el sometimiento de miles de seres humanos y en especial mujeres y niños, a malos tratos, vejaciones, humillaciones, violaciones sistemáticas…

Hay que decir basta, también, a lo que todo ello implica en el fondo: una gravísima claudicación, un retroceso en lo mejor del patrimonio europeo, los elementos claves que han contribuido decisivamente a la civilización: la garantía y reconocimiento eficaz de los derechos humanos de todos los seres humanos, el imperio de la ley, la construcción de un espacio público entendido en términos de libertad, seguridad y justicia. Al vaciar el derecho de asilo, al vaciar, despojar de la condición de sujetos de derecho a todos esos seres humanos, qua solicitantes de asilo o inmigrantes, vaciamos lo mejor del proyecto europeo, su carácter de una comunidad de Derecho, de respeto al Estado de Derecho, de la primacía del Derecho al servicio de la garantía de los derechos humanos. Estamos contribuyendo a resucitar lo peor de la historia europea, la construcción de un tópico aceptado acríticamente, el mensaje de que hay seres humanos que por determinadas condiciones no son igual de humanos que los demás (como advirtiera el genial Orwell a través del personaje del cerdo Napoleón en Animal Farm). Los inmigrantes irregulares, los refugiados, son el niño que tiramos con el agua sucia de nuestros miedos. Hemos decidido que no son, no pueden ni deben ser iguales en derechos. Los hemos estigmatizado, hasta el punto de hacer de los demandantes de refugio sujetos sospechosos, invirtiendo el mecanismo de presunción de inocencia y las bases mismas de la tradición jurídica del asilo[7]. Una vez más, hemos creado para ellos un estado de excepción  permanente que, por otro lado, es perfectamente funcional al estadio de evolución del capitalismo global en el que vivimos. Y así, nosotros, europeos, caminamos por la senda de una política, una antipolítica en realidad, que traspasa todas las líneas rojas del Estado de Derecho y de la democracia. Un camino errado que no es, por desgracia, monopolio del viejo continente.

Lo que trato de señalar es que no debemos seguir aceptando la falaz tesis de la “crisis de refugiados”, una mezcla de mentiras y errores de análisis que permiten una operación de “buena conciencia”: hablar de la “crisis de refugiados”, sostener que nos encontramos ante una encrucijada de lo humanitario y lo pragmático, que supondría asumir que nos encontramos ante el dilema de elegir entre el altruismo de ayudar a los desesperados del mundo, o sacrificar nuestra seguridad, como lo mostraría la crisis del sistema Schengen. O sea, que nuestro dilema es elegir entre derechos humanos de esos otros o nuestra seguridad. Esa falacia, cuyos supuestos fundamentos he tratado de analizar en otros trabajos, cumple una función perversa: evitar el esfuerzo crítico que debiera conducirnos a advertir el grave riesgo que se abre ante nosotros, y que intentaré abordar a continuación.

Lo que me interesa es examinar la hipótesis de que, bajo esa “crisis de refugiados”, subyace el refuerzo de la construcción de un modelo demediado de democracia, que se apoya en el mantenimiento de lo que (como han denunciado entre otros y desde perspectivas diferentes, Connelly, Cole o Boaventura Santos o Axel Honneth), podemos calificar como situación neocolonial[8]: una sociedad profundamente dual, dominada por los procesos de exclusión y desprecio de una buena parte de quienes viven en ella o tratan de incorporarse a ella. Vivimos la consecuencia de la hegemonía de lo que Santos ha denominado “razón colonial”, de “matriz cultural occidental, individualista, clasista, racista, patriarcal, homófoba, excluyente, competitiva, consumista, explotadora en el empleo y depredadora del medio ambiente”, mediante la que el liberalismo económico pervierte la democracia representativa  y la convierte –en palabras del sociólogo portugués- en “estrategia de los ricos para asegurar y mantener su propia posición de dominación socioeconómica por medios políticos”[9]. Un modelo que no es nuevo, puesto que se puede encontrar en la primera fase de constitución del mercado global, la que impulsan los abogados de las Compañías que rivalizan por las rutas de comercio marítimo internacional, como Grotius, y construyen un Derecho internacional al servicio de los intereses de esas compañías, más incluso que de los Estados o potencias en liza. Se pone así de manifiesto la contradicción entre la lógica del mercado global y la lógica de los derechos humanos, del bien común, de lo público en un sentido diverso y más amplio, tal y como supo intuir Adam Ferguson en su seminal Ensayo sobre la sociedad civil, en 1767. El segundo gran momento de desarrollo de esa lógica del mercado global ya es denunciado por Eugène Pottier en su conocido poema L’Économie Politique, dedicado a los profesores del Collège de France, en 1881, en el que describe las características de ese movimiento globalizador.

 

 

 

Lo que está en juego: un modelo político que refuerza la exclusión y amenaza seriamente a la democracia y al Estado de Derecho.

Para entender el verdadero alcance de lo que está en juego, me serviré de las tesis críticas de los ya mencionados Saskia Sassen y Zygmunt Bauman, que pondré en relación con las sostenidas por algunos de los que analizan las migraciones en clave jurídica y política, como Abdelmalek Sayad, Daniéle Lochak, Giorgio Agamben y Catherine Withol der Wenden.

Sassen subraya la profunda relación entre tres elementos clave de nuestras sociedades aquí y ahora: las migraciones, la desigualdad en las relaciones internacionales impuesta por la economía globalizada y el proceso de construcción del vínculo social y político[10]. Así lo explica en su libro reciente, Expulsiones, cuyo subtítulo me parece muy elocuente: Brutalidad y complejidad en la economía global, y en el que sostiene que el grado actual de violencia (devenida en ordinaria) del capitalismo en su estadio global, se explica por esa lógica de expulsión, que es como deberíamos llamar a la lógica que preside la economía globalizada. Para Sassen, asistimos al final de la lógica inclusiva que ha gobernado la economía capitalista a partir de la Segunda Guerra Mundial y la afirmación de una nueva y peligrosa dinámica, la de la expulsión. Una lógica que, como señalé antes,  hace culminar la contradicción que, como referí más arriba, ya fue advertida por Adam Ferguson en 1767 en su Ensayo sobre la sociedad civil[11].

En efecto, a mi juicio, la constante más destacable en la inmensa mayoría de los proyectos de gestión del fenómeno migratorio, en las políticas migratorias y de asilo de los países que somos destinatarios de migraciones, es el empeño en olvidar, en ocultar una verdad evidente: la inevitable dimensión política de esas manifestaciones de movilidad humana (inmigrantes y, con mayor claridad aún, refugiados), su condición de res politica, tanto desde el punto de vista estatal como desde las relaciones internacionales. Frente a ello hemos impuesto una mirada sectorial, unilateral, cortoplacista que se concreta en la construcción de una categoría jurídica de inmigrante que, en realidad, es un concepto demediado o, como propone Baumann, un paria[12]: el inmigrante es sólo el trabajador necesario en un determinado nicho laboral en el mercado de trabajo formal (como si no se le utilizara en el mercado clandestino o informal) y mientras se someta a un estatuto precario guiado por la maximalización del beneficio de su presencia. Es una herramienta, ni siquiera un trabajador igual al asalariado nacional. Por eso, su condición precaria, parcial, de sospecha[13].

Todo eso, se acentúa aún más en el caso de los refugiados. El mismo Baumann, en línea con las tesis desarrolladas por Agamben desde su conocido Homo sacer, y en alguna manera con la crítica de Zizek a la gestión de la crisis de refugiados por parte de la UE, ha explicado cómo se crea un estado de suspensión del orden jurídico, ausencia de ley, desigualdad y exclusión social, que hace posible que mujeres y hombres pierdan su condición de ciudadanos, de seres políticos y su identidad, dentro de las fronteras mismas del Estado-Nación.

Lo que me parece más relevante y criticable, desde el punto de vista jurídico y político, es cómo, en aras de esa mirada, en el Derecho de migración y asilo, se convierte en regla la excepción, contraviniendo principios básicos del Estado de Derecho. Insisto en invocar lo señalado desde diferentes perspectivas por Danièle Lochak[14], Giorgio Agamben, Zygmunt Bauman y Catherine Withol der Wenden. Esa es la constante, a mi juicio, más destacable y criticable: el estado de excepción permanente que hemos creado para los inmigrantes y que recientemente estamos trasladando, contra toda evidencia del Derecho vigente, a los refugiados. De ese modo hemos negado la condición misma de inmigrante, una categoría universal, a la vez que hemos vaciado un derecho fundamental, el derecho a ser inmigrante, a escoger el propio plan de vida, a circular libremente, que es un corolario indiscutible del principio (por cierto, liberal) de autonomía. Pero rizando el rizo, estamos desproveyendo a los refugiados de un estatuto jurídico vigente, el propio del standard normativo vinculante que es la Convención de Ginebra de 1951, so pretexto de una “crisis” tan urgente como inabordable.

Hemos creado políticas migratorias y de asilo, pues, que niegan su objeto, que lo deforman, lo sustituyen por una categoría vicaria: nos negamos a aceptar al inmigrante tout court y lo sustituimos por aquel que queremos recibir. Por eso, para nosotros, no todo el mundo tiene derecho a ser inmigrante, de forma que nuestra lógica inevitablemente produce inmigrantes “ilegales”, no-inmigrantes. Así lo explica una de las mejores expertas en política de migraciones, Catherine Withol der Wenden en un artículo publicado el año pasado sobre las novedades o las constantes en políticas migratorias. Me disculpo por la larga cita, pero me parece muy pertinente:

“La réponse aux flux migratoires ressemble ainsi à un vaste Far West, où les États les plus puissants du monde font la loi par les règles qu’ils édictent en matière de droit à la mobilité, et n’acceptent pas que des normes mondiales s’imposent à l’exercice de leur souveraineté que constitue la gestion des flux migratoires. Si l’on est Danois, on peut circuler dans 164 pays ; si on est Russe dans 94 ; si on est subsaharien, cette possibilité peut se limiter aux doigts d’une seule main si le pays où l’on est né, et dont on a la nationalité, est considéré comme un pays à risque. Le droit à la mobilité est donc l’une des plus grandes inégalités du monde aujourd’hui, dans un contexte où il devrait constituer un des droits essentiels duxxie siècle. Les riches des pays pauvres peuvent, eux, migrer, car beaucoup de pays d’immigration ont prévu d’attribuer des titres de séjour à ceux qui leur apportent des capitaux, achètent un appartement d’une taille précise, ou créent une entreprise. Les plus qualifiés, les sportifs professionnels, les créateurs et artistes de haut niveau peuvent également migrer, car beaucoup de pays d’accueil ont opté pour une ouverture de leurs frontières à une immigration sélectionnée. Les étudiants se voient aussi entrouvrir les frontières, nombre de pays, européens notamment, ayant compris le risque d’une option sans immigration dans la course à la compétitivité mondiale”[15]. Esta es la razón de nuestros fracasos a la hora de analizar y también de dar respuesta a los desafíos migratorios en su sentido más amplio (inmigrantes y refugiados).

Por su parte, Bauman, en diálogo con Agamben, ha insistido una y otra vez en la interpretación de la regresión evolutiva que ha sufrido el modelo de Estado social de Derecho en los últimos 20 años. Como explica con gran agudeza en su ya mencionado Archipiélago de excepciones -en el que no es difícil advertir la impronta de Foucault-, se trata de un proceso que, por mor de la lógica de esta fase del capitalismo global,  transforma a buena parte de los que fueron Estados sociales en Estados excluyentes, Estados policiales-penales. Se crean así no ya pequeños espacios de infra-Derecho, zonas de no-Law’s land, que escapan a la soberanía tradicional del Estado de Derecho y que se encuentran regidos por un estado de excepción permanente, sino toda una red global de esas islas, verdaderos archipiélagos de la excepción. La metáfora del Archipiélago tiene como emblema, los campos de refugiados y los barrios de inmigrantes[16]. En ellos se puede comprobar cómo, si los  “Estados sociales” de Derecho en cierto modo son una reformulación o superación del modelo hobbessiano de legitimidad, por incremento de sus outputs (es decir, porque más allá de la garantía de la vida frente a la violencia extienden la seguridad, la certeza en el status de sus ciudadanos, que ya no son meros súbditos), los “Estados penal-policiales” privan a una parte de la población (entre la que se encuentran los que ocupan los márgenes del sistema, lo que fueron consideradas “clases peligrosas”) de esos <beneficios>, los reducen a la condición de precariedad y sólo pueden acudir a una vieja argucia para mantener su adhesión. Es la coartada del agresor externo o del enemigo interior, frente al cual defienden a todos sus ciudadanos, también a los que han golpeado y reducido a la precariedad. Ese recurso, viejo argumento de la lógica del miedo, es el que Bauman denomina “el oscuro espejismo de los otros”: inmigrantes y refugiados. Esos verdaderos “excedentes” de la mano de obra global, y en particular los dos grupos que ejemplifican las migraciones forzadas y que constituyen el emblema de lo que, en términos durísimos, denomina “desecho humano”, producto genuino de la lógica de esta fase del mercado global: los inmigrantes irregulares (mal llamados “ilegales”, que es la forma en que se conoce a los trabajadores extranjeros no expresamente deseados) y los refugiados: “Uno de los resultados más letales del triunfo global de la modernidad es la acuciante crisis de la industria de tratamiento del desecho (humano)”, escribe Bauman[17]. Esa es la razón por la que se ven despojados de todos los elementos de identidad, de los marcadores nacionales: no tienen Estado, no son necesarios/útiles, o han dejado de serlo, no tienen “papeles”. Los Estados de la UE, explica Bauman, no están dispuestos a recibir a esos <excedentes de otros Estados>  y acuden al argumento de problemas de orden público, de seguridad y aun de defensa de la soberanía nacional-territorial. Se esgrime sin rubor el argumento de que son ejército de reserva de la delincuencia, de la violencia, del terrorismo. Eso es lo que, a su juicio, explica el inaceptable rechazo de los refugiados. Y así, concluye: “la basura no precisa de distinciones afinadas ni de matices sutiles, salvo que haya que clasificarla para su reciclaje”.

Lo que trato de decir es que la ignominiosa respuesta de los gobiernos europeos (peor incluso que la de las instituciones de la UE) ha de entenderse no sólo en los términos de la disputa por los medios para extender nuestros deberes a todos aquellos que son titulares de derechos, pero no son nacionales, sino que tiene una lectura, una interpretación más profunda.

Como ha señalado entre nosotros acertadamente Itziar Ruiz Jiménez[18], habría que reconocer que a lo que asistimos hoy es a un desmantelamiento del ámbito de reconocimiento y garantía de los derechos y a una lucha feroz por recortar el ámbito de los sujetos del derecho a tener derechos, que son los indicadores más claros de esa paradoja hacia la que corremos el riesgo de encaminarnos y que expresaríamos con la fórmula democracias excluyentes. Primero, so pretexto de la crisis, se ha profundizado en la  mercantilización de los derechos económicos, sociales y culturales, las conquistas del siglo XX, a los propios ciudadanos, a las clases más débiles y aun a la clase media a la que se ha pauperizado. Ahora se trata de reducir el ámbito de sujetos que pueden aspirar al reconocimiento mínimo de derechos humanos fundamentales. Esa es la batalla. En ella, las primeras víctimas son esos otros más visibles, los inmigrantes y los refugiados, expulsados de la condición de sujetos de derechos.

La conclusión no puede ser más preocupante: cuando habíamos avistado un futuro de ensanchamiento de la democracia, capaz de desanclar el reconocimiento de la plenitud de derechos de una condición etnocultural (la identidad nacional), abrazando así el modelo de democracia plural e inclusiva, sucede que nos asomamos de nuevo hacia una comunidad política basada en la institucionalización de amplias zonas de exclusión. Y eso no puede ser compatible ni con la democracia ni con el Estado de Derecho. De nuevo, habrá que recordar el lema de Heraclito: <un pueblo debe luchar por sus leyes como por sus murallas>. Pero este pueblo ya no es, ya no debería ser, la comunidad etnonacional que se encierra en la fortaleza, sino una comunidad de ciudadanos libres que quieren acoger,  proteger, incluir bajo su espacio de seguridad, libertad y justicia, a los seres humanos que lo necesitan y que llegan hasta sus puertas.

No nos engañemos sobre el alcance del desafío que nos reta. Los europeos lo vivimos ya de forma descarnada: como se ha dicho y he tratado de recordar, “debemos enfrentar la actual apropiación neoliberal de la democracia representativa… Vivimos en <democracias electorales> que, a pesar de reconocer formalmente la igualdad jurídica y política de sus ciudadanos, son compatibles con reglas salvajes que aseguran el dominio de élites políticas y económicas neocoloniales… Es la “democracia” de los señores de la globalización y del dinero, cada vez más agresiva, arrogante y excluyente. La democracia se ha convertido en su instrumento de ataque, en un espejo de las antiguas sociedades coloniales reproducidas hoy en el sur de Europa, donde es utilizada para establecer grados de inhumanidad que abarcan más y más gente. No sólo refugiados e inmigrantes, sino también todos esos parias a los que el modelo fundamentalista neoliberal construye como desechables: parados, pensionistas, funcionarios, familias desahuciadas, enfermos sin urgencias, estudiantes, estafados por las preferentes, etc.


[1] Mediterráneo, el naufragio de Europa, Valencia, Tirant lo Blanch, 2016 (2ª ed.)

[2] Lo cierto es que en los documentos preparatorios hay elementos útiles que debieran ser tenidos en cuenta. Cfr, de un lado, el informe del Secretario General de la ONU, “In Safety and Dignity: Addressing Large Movements of Refugees and Migrants” (mayo 2016), en cumplimiento de la Decisión de la Asamblea General (ONU Decision A/70/L.34), como base para el High Level Meeting de septiembre de 2016. 
Y sobre todo, los dos Anexos del Draft de 29 julio 2016 Outcome Document for 19 september 2016 High-Level Meeting to address large Movements of Refugees and Migrants: https://unngls.org/images/PDF/UN_Summit_Refugees_Migrants_29July_Draft_Declaration_Annex_I_Annex_II.pdf

[3] Aunque no con un carácter provisional, contingente, como se pretende, porque las migraciones son un rasgo estructural y los movimientos de refugiados no parecen un asunto meramente coyuntural, aunque sí lo es su volumen

[4] Me remito, por ej a mi artículo “Voluntad política y respeto al Derecho. La UE se desvanece ante los refugiados”, en Informe FOESSA. Análisis y perspectivas, 2016. Expulsión social y recuperación económica, pp. 68-81, ed. Fundación FOESSA/Cáritas España, Madrid, 2016; igualmente, “Refugiados como moneda de cambio. Sobre el Acuerdo entre la UE y Turquía de 18 de marzo de 2016”, Anuario de Derechos Humanos, Universidad de Chile, nº 12, 2016, pp.17-32.

[5] Los negocios: venta de armas, ganancias en materias primas, además de los negocios de la política de fortificación de fronteras analizados por ejemplo por  Claire Rodier (Xenophobie Business. A quoi servent les controles migratoires?) o Ruben Andersson (Illegality, Inc.: Clandestine migration and the business of bordering Europe). ¿Y qué decir del negocio de la industria de armamento? Cfr. muy recientemente a es respecto el riguroso y detallado informe Making a Killing: The 1.2 Billion Euro Arms Pipeline to Middle East,  de Lawrence Marzouk, Ivan Angelovski y Miranda Patrucic, que trabajan en el proyecto BIRN (Belgrade, London, Sarajevo): http://www.balkaninsight.com/en/page/balkan-arms-trade. Se trata de un artículo dentro del dossier más amplio Balkan Insight, en el que se ha estudiado con detalle, entre otros, las fuentes del tráfico de armamento que llega a Arabia Saudí.

[6] Cfr. Entrevista en la revista digital Agora consultada el 20 de abril de 2016:

http://www.agora-revistaonline.com/#!ENTREVISTAS-Itziar-RuizGim%C3%A9nez-En-Europa-hay-una-batalla-sobre-qui%C3%A9n-tiene-derecho-a-tener- derechos/c112t/5714fb870cf2331db0f847cc.

[7] Creo que lo refleja el hecho de que la definición más apropiada de aquello en que se ha convertido hoy un refugiado, como vengo insistiendo, es la que propuso hace unos meses el Alto Comisionado de derechos humanos de la ONU, el jordano Zeid Ra’ad Al Hussein: “refugees… These are people with death at their back and a wall in their face”. Nuestra aportación es esa: ponerles delante muros, alambradas, campos de detención.

[8] A esa conclusión se llega desde perspectivas diferentes, al examinar el déficit que aqueja al modelo liberal de democracia, incapaz de responder en términos de pluralismo inclusivo e igualitario a los desafíos de una sociedad que, al mismo tiempo que crecientemente multicultural, utiliza la diversidad cultural para profundizar en la desigualdad. Véanse los análisis de Connolly desde el punto de vista del pluralismo constitucional, los de Santos, Sassen y Bauman sobre los efectos del proceso de globalización tecnoeconómico bajo el imperio desregulador del capitalismo financiero, o, desde una perspectiva filosófica, los de Agamben y Honneth.

[9] En realidad, como han insistido Bauman y el mismo B Santos,  es una maquinaria al servicio de la exclusión de la presencia y reconocimiento de los agentes de la diversidad: ante todo, los asalariados y las mujeres; además, los pobres, las personas no blancas, las minorías étnicas y sexuales, los grupos considerados inferiores, las personas con discapacidad, y, en razón de ello, susceptibles de ser cosificados, explotados y silenciados. Por eso se ha podido denunciar el carácter colonial de la democracia liberal y del tipo de relaciones que estableció con una multiplicidad de sujetos a los que despolitizó y deshumanizó.

[10] S Sassen, Expulsions. Brutality and Complexity in the Global Economy, Harvard University Press, 2014. Hay traducción española, Expulsiones. Brutalidad y complejidad en la economía global, B Aires, Katz eds. 2015.

[11] Ferguson denuncia la contradicción entre la lógica de lo público y la lógica del mercado o, por decirlo de otra manera, entre la lógica de la universalidad de los Derechos y la expansión del Estado de Derecho, y aquella otra del beneficio y la “mano invisible”, que postula el regreso al más radical hands-off del Derecho y los poderes públicos en el ámbito desrregulado (“auto-regulado, según el eufemismo falaz) que reclama para sí el mercado.

[12] Nuevos parias, de condición precaria e intercambiable, con fecha de caducidad, tal y como sostiene en su Archipiélago de excepciones, una conferencia impartida en el CCCB de Barcelona, en diálogo con Giorgio Agamben y que fue luego publicada en Katz ediciones, 2008.

[13] Es lo que explica la conocida paradoja enunciada por el dramaturgo Max Frisch y que ignoran esos modelos de políticas migratorias: queríamos mano de obra y nos llegan personas, sociedades, visiones del mundo.

[14] Cfr. Face aux migrants: Etat de Droit ou état de siège, París, Textuel, 2007.

[15]  Withol der Wenden, C., “Une nouvelle donne migratoire”, Politique Étrangère, 3/2015, pp 95-106.

[16]  Quizá debiéramos añadir los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE). Bauman escribe que “es posible que la única industria pujante en los territorios de los miembros tardíos del club de la modernidad sea la producción en masa de refugiados. Y los refugiados son el ´residuo humano´ personificado: sin ninguna función ´útil´ que desempeñar en el país al que llegan y en el que se quedan, y sin intención ni posibilidad realista de ser asimilados e incorporados" (Bauman, 2008: 32)

[17] Bauman, 2008: 32.

"Inmigrantes, refugiados, trabajadores desechables: lucha sin cuartel por las migajas de los derechos"*

UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA

MAESTRÍA ESTUDIOS SOBRE MIGRACIÓN

CONFERENCIA MAGISTRAL

México, 11 agosto 2016

Auditorio José Sánchez Villaseñor

"Inmigrantes, refugiados, trabajadores desechables:

lucha sin cuartel por las migajas de los derechos"*

  

Prof. Dr. Javier de Lucas

IDHUV

 

Introducción

Aunque mi intervención esta mañana -en respuesta a la amable invitación de los organizadores- tiene como marco de referencia cuanto ha sucedido en los últimos años en la UE (a partir de 2013, pero sobre todo en 2015  y en el primer semestre de 2016), a propósito de la fallida respuesta de los Gobiernos europeos y de la propia UE ante el incremento del número de refugiados que tratan de llegar a Europa (también de la fallida respuesta ante los inmigrantes irregulares que insistimos en denominar “ilegales”), permítanme que les diga que, a mi juicio, trasciende con mucho ese marco geográfico y aun temporal. Lo es, ante todo, porque –a mi juicio- obliga a una revisión profunda de las categorías que utilizamos en teoría de las migraciones y en el diseño de políticas públicas migratorias y de asilo. Me refiero, claro, a los dos grupos que ejemplifican lo que, de forma imprecisa, denominamos “migraciones forzadas”, producto genuino de la lógica de esta fase del capitalismo global. Como ha escrito Bauman en su Archipiélago de excepciones, “uno de los resultados más letales del triunfo global de la modernidad es la acuciante crisis de la industria del desecho humano” y desechos humanos son inmigrantes irregulares y solicitantes de asilo, como trataré de exponer después.

Muchos de Vds, como yo, se habrán emocionado al ver desfilar en la ceremonia inaugural de los JJOO de Rio, a un Refugee’s Team, bajo la bandera del COI y auspiciado por la ONU (ACNUR). No discuto la dimensión positiva que hay en lo que, discúlpenme si ofendo a alguien, considero sobre todo una operación mediática. Pero creo que esa iniciativa es también una muestra de nuestra doblez al tratar fenómenos de profundo calado, de carácter estructural y global, que tienen una importantísima dimensión política y que son reducidos a anécdotas paternalistas, dosis de moralina para adquirir buena conciencia. Temo que, por ejemplo, se cumpla la advertencia de una reciente editorial de NYT respecto al peligro de que la próxima cumbre de la ONU prevista para 19 de septiembre de 2016, sobre migración y refugio, se quede nuevamente en el enunciado de buenas intenciones, aunque reconozco que hay elementos positivos en los documentos preparatorios de esa reunión de Alto Nivel[1].

 

 

Falacias y moralinas en torno a la crisis de refugiados

A lo largo de este pasado año 2015 ha sido posible comprobar este uso –a mi juicio- perverso del lenguaje en torno a las políticas migratorias y de asilo de la UE (aunque no sólo…). Sobre todo, porque hemos camuflado el análisis y la crítica de esas políticas bajo eufemismos como el de “crisis de refugiados” que, en el mejor de los casos, apelan al humanitarismo paternalista (por eso he utilizado la fórmula “el avestruz compasivo) y ocultan su verdadera y profunda dimensión política. Y hay que decir basta.

Hay que decir basta, en primer lugar, a la masacre (tres mil muertos y desaparecidos en este año), una tragedia que esconde datos horribles, como la suerte desconocida de miles de menores no acompañados (inmigrantes irregulares, refugiados), denunciada no sólo por ONGs como Save the Children, sino nada menos que por la misma Europol. Basta ante las violaciones de derechos humanos que se producen en torno a este negocio del tráfico y explotación de personas y que, desde el cierre de la ruta del Egeo, ha supuesto el sometimiento de miles de seres humanos y en especial mujeres y niños, a malos tratos, vejaciones, humillaciones, violaciones sistemáticas…

Hay que decir basta, también, a lo que todo ello implica en el fondo: una gravísima claudicación, un retroceso en lo mejor del patrimonio europeo, los elementos claves que han contribuido decisivamente a la civilización: la garantía y reconocimiento eficaz de los derechos humanos de todos los seres humanos, el imperio de la ley, la construcción de un espacio público entendido en términos de libertad, seguridad y justicia. Al vaciar el derecho de asilo, al vaciar, despojar de la condición de sujetos de derecho a todos esos seres humanos, qua solicitantes de asilo o inmigrantes, vaciamos lo mejor del proyecto europeo, su carácter de una comunidad de Derecho, de respeto al Estado de Derecho, de la primacía del Derecho al servicio de la garantía de los derechos humanos. Estamos contribuyendo a resucitar lo peor de la historia europea, la construcción de un tópico aceptado acríticamente, el mensaje de que hay seres humanos que por determinadas condiciones no son igual de humanos que los demás (como advirtiera el genial Orwell a través del personaje del cerdo Napoleón en Animal Farm). Los inmigrantes irregulares, los refugiados, son el niño que tiramos con el agua sucia de nuestros miedos. Hemos decidido que no son, no pueden ni deben ser iguales en derechos. Los hemos estigmatizado, hasta el punto de hacer de los demandantes de refugio sujetos sospechosos, invirtiendo el mecanismo de presunción de inocencia y las bases mismas de la tradición jurídica del asilo[2]. Una vez más, hemos creado para ellos un estado de excepción  permanente que, por otro lado, es perfectamente funcional al estadio de evolución del capitalismo global en el que vivimos. Y así, nosotros, europeos, caminamos por la senda de una política, una antipolítica en realidad, que traspasa todas las líneas rojas del Estado de Derecho y de la democracia. Un camino errado que no es, por desgracia, monopolio del viejo continente.

Lo que trato de señalar es que no debemos seguir aceptando la falaz tesis de la “crisis de refugiados”, una mezcla de mentiras y errores de análisis que permiten una operación de “buena conciencia”: hablar de la “crisis de refugiados”, sostener que nos encontramos ante una encrucijada de lo humanitario y lo pragmático, que supondría asumir que nos encontramos ante el dilema de elegir entre el altruismo de ayudar a los desesperados del mundo, o sacrificar nuestra seguridad, como lo mostraría la crisis del sistema Schengen. O sea, que nuestro dilema es elegir entre derechos humanos de esos otros o nuestra seguridad. Esa falacia, cuyos supuestos fundamentos he tratado de analizar en otros trabajos, cumple una función perversa: evitar el esfuerzo crítico que debiera conducirnos a advertir el grave riesgo que se abre ante nosotros, y que intentaré abordar a continuación.

En otras palabras, me interesa examinar la hipótesis de que, bajo esa “crisis de refugiados”, subyace un trasfondo político de enorme importancia, el refuerzo de la construcción de un modelo demediado de democracia, que se apoya en el mantenimiento de lo que (como han denunciado entre otros y desde perspectivas diferentes, Connelly, Cole o Boaventura Santos o Axel Honneth), podemos calificar como situación neocolonial[3]: una sociedad profundamente dual, dominada por los procesos de exclusión y desprecio de una buena parte de quienes viven en ella o tratan de incorporarse a ella. Vivimos la consecuencia de la hegemonía de lo que Santos ha denominado “razón colonial”, de “matriz cultural occidental, individualista, clasista, racista, patriarcal, homófoba, excluyente, competitiva, consumista, explotadora en el empleo y depredadora del medio ambiente”, mediante la que el liberalismo económico pervierte la democracia representativa  y la convierte –en palabras del sociólogo portugués- en “estrategia de los ricos para asegurar y mantener su propia posición de dominación socioeconómica por medios políticos”[4]. Un modelo que no es nuevo, puesto que se puede encontrar en la primera fase de constitución del mercado global, la que impulsan los abogados de las Compañías que rivalizan por las rutas de comercio marítimo internacional, como Grotius, y construyen un Derecho internacional al servicio de los intereses de esas compañías, más incluso que de los Estados o potencias en liza. Se pone así de manifiesto la contradicción entre la lógica del mercado global y la lógica de los derechos humanos, del bien común, de lo público en un sentido diverso y más amplio, tal y como supo intuir Adam Ferguson en su seminal Ensayo sobre la sociedad civil, en 1767. El segundo gran momento de desarrollo de esa lógica del mercado global ya es denunciado por Eugène Pottier en su conocido poema L’Économie Politique, dedicado a los profesores del Collège de France, en 1881, en el que describe las características de ese movimiento globalizador.

 

 

 

Lo que está en juego: un modelo político que, pese a sus elementos democráticos, refuerza la exclusión.

Para entender el verdadero alcance de lo que está en juego, me serviré de las tesis críticas de los ya mencionados Saskia Sassen y Zygmunt Bauman, que pondré en relación con las sostenidas por algunos de los que analizan las migraciones en clave jurídica y política, como Abdelmalek Sayad, Daniéle Lochak, Giorgio Agamben y Catherine Withol der Wenden.

Sassen subraya la profunda relación entre tres elementos clave de nuestras sociedades aquí y ahora: las migraciones, la desigualdad en las relaciones internacionales impuesta por la economía globalizada y el proceso de construcción del vínculo social y político[5]. Así lo explica en su libro reciente, Expulsiones, cuyo subtítulo me parece muy elocuente: Brutalidad y complejidad en la economía global, y en el que sostiene que el grado actual de violencia (devenida en ordinaria) del capitalismo en su estadio global, se explica por esa lógica de expulsión, que es como deberíamos llamar a la lógica que preside la economía globalizada. Para Sassen, asistimos al final de la lógica inclusiva que ha gobernado la economía capitalista a partir de la Segunda Guerra Mundial y la afirmación de una nueva y peligrosa dinámica, la de la expulsión. Una lógica que, como señalé antes,  hace culminar la contradicción que, como referí más arriba, ya fue advertida por Adam Ferguson en 1767 en su Ensayo sobre la sociedad civil[6].

En efecto, a mi juicio, la constante más destacable en la inmensa mayoría de los proyectos de gestión del fenómeno migratorio, en las políticas migratorias y de asilo de los países que somos destinatarios de migraciones, es el empeño en olvidar, en ocultar una verdad evidente: la inevitable dimensión política de esas manifestaciones de movilidad humana (inmigrantes y, con mayor claridad aún, refugiados), su condición de res politica, tanto desde el punto de vista estatal como desde las relaciones internacionales. Frente a ello hemos impuesto una mirada sectorial, unilateral, cortoplacista que se concreta en la construcción de una categoría jurídica de inmigrante que, en realidad, es un concepto demediado o, como propone Baumann, un paria[7]: el inmigrante es sólo el trabajador necesario en un determinado nicho laboral en el mercado de trabajo formal (como si no se le utilizara en el mercado clandestino o informal) y mientras se someta a un estatuto precario guiado por la maximalización del beneficio de su presencia. Es una herramienta, ni siquiera un trabajador igual al asalariado nacional. Por eso, su condición precaria, parcial, de sospecha[8].

Todo eso, se acentúa aún más en el caso de los refugiados. El mismo Baumann, en línea con las tesis desarrolladas por Agamben desde su conocido Homo sacer, y en alguna manera con la crítica de Zizek a la gestión de la crisis de refugiados por parte de la UE, ha explicado cómo se crea un estado de suspensión del orden jurídico, ausencia de ley, desigualdad y exclusión social, que hace posible que mujeres y hombres pierdan su condición de ciudadanos, de seres políticos y su identidad, dentro de las fronteras mismas del Estado-Nación.

Lo que me parece más relevante y criticable, desde el punto de vista jurídico y político, es cómo, en aras de esa mirada, en el Derecho de migración y asilo, se convierte en regla la excepción, contraviniendo principios básicos del Estado de Derecho. Insisto en invocar lo señalado desde diferentes perspectivas por Danièle Lochak[9], Giorgio Agamben, Zygmunt Bauman y Catherine Withol der Wenden. Esa es la constante, a mi juicio, más destacable y criticable: el estado de excepción permanente que hemos creado para los inmigrantes y que recientemente estamos trasladando, contra toda evidencia del Derecho vigente, a los refugiados. De ese modo hemos negado la condición misma de inmigrante, una categoría universal, a la vez que hemos vaciado un derecho fundamental, el derecho a ser inmigrante, a escoger el propio plan de vida, a circular libremente, que es un corolario indiscutible del principio (por cierto, liberal) de autonomía. Pero rizando el rizo, estamos desproveyendo a los refugiados de un estatuto jurídico vigente, el propio del standard normativo vinculante que es la Convención de Ginebra de 1951, so pretexto de una “crisis” tan urgente como inabordable.

Hemos creado políticas migratorias y de asilo, pues, que niegan su objeto, que lo deforman, lo sustituyen por una categoría vicaria: nos negamos a aceptar al inmigrante tout court y lo sustituimos por aquel que queremos recibir. Por eso, para nosotros, no todo el mundo tiene derecho a ser inmigrante, de forma que nuestra lógica inevitablemente produce inmigrantes “ilegales”, no-inmigrantes. Así lo explica una de las mejores expertas en política de migraciones, Catherine Withol der Wenden en un artículo publicado en 2015, sobre las novedades o las constantes en políticas migratorias. Me disculpo por la larga cita, pero me parece muy pertinente:

“La réponse aux flux migratoires ressemble ainsi à un vaste Far West, où les États les plus puissants du monde font la loi par les règles qu’ils édictent en matière de droit à la mobilité, et n’acceptent pas que des normes mondiales s’imposent à l’exercice de leur souveraineté que constitue la gestion des flux migratoires. Si l’on est Danois, on peut circuler dans 164 pays ; si on est Russe dans 94 ; si on est subsaharien, cette possibilité peut se limiter aux doigts d’une seule main si le pays où l’on est né, et dont on a la nationalité, est considéré comme un pays à risque. Le droit à la mobilité est donc l’une des plus grandes inégalités du monde aujourd’hui, dans un contexte où il devrait constituer un des droits essentiels duxxie siècle. Les riches des pays pauvres peuvent, eux, migrer, car beaucoup de pays d’immigration ont prévu d’attribuer des titres de séjour à ceux qui leur apportent des capitaux, achètent un appartement d’une taille précise, ou créent une entreprise. Les plus qualifiés, les sportifs professionnels, les créateurs et artistes de haut niveau peuvent également migrer, car beaucoup de pays d’accueil ont opté pour une ouverture de leurs frontières à une immigration sélectionnée. Les étudiants se voient aussi entrouvrir les frontières, nombre de pays, européens notamment, ayant compris le risque d’une option sans immigration dans la course à la compétitivité mondiale”[10].

Por su parte, Bauman, en diálogo con Agamben, ha insistido una y otra vez en la interpretación de la regresión evolutiva que ha sufrido el modelo de Estado social de Derecho en los últimos 20 años. Como explica con gran agudeza en su ya mencionado Archipiélago de excepciones -en el que no es difícil advertir la impronta de Foucault-, se trata de un proceso que, por mor de la lógica de esta fase del capitalismo global,  transforma a buena parte de los que fueron Estados sociales en Estados excluyentes, Estados policiales-penales. Se crean así no ya pequeños espacios de infra-Derecho, zonas de no-Law’s land, que escapan a la soberanía tradicional del Estado de Derecho y que se encuentran regidos por un estado de excepción permanente, sino toda una red global de esas islas, verdaderos archipiélagos de la excepción. La metáfora del Archipiélago tiene como emblema, los campos de refugiados y los barrios de inmigrantes[11]. En ellos se puede comprobar cómo, si los  “Estados sociales” de Derecho en cierto modo son una reformulación o superación del modelo hobbessiano de legitimidad, por incremento de sus outputs (es decir, porque más allá de la garantía de la vida frente a la violencia extienden la seguridad, la certeza en el status de sus ciudadanos, que ya no son meros súbditos), los “Estados penal-policiales” privan a una parte de la población (entre la que se encuentran los que ocupan los márgenes del sistema, lo que fueron consideradas “clases peligrosas”) de esos <beneficios>, los reducen a la condición de precariedad y sólo pueden acudir a una vieja argucia para mantener su adhesión. Es la coartada del agresor externo o del enemigo interior, frente al cual defienden a todos sus ciudadanos, también a los que han golpeado y reducido a la precariedad. Ese recurso, viejo argumento de la lógica del miedo, es el que Bauman denomina “el oscuro espejismo de los otros”: inmigrantes y refugiados. Esos verdaderos “excedentes” de la mano de obra global, y en particular los dos grupos que ejemplifican las migraciones forzadas y que constituyen el emblema de lo que, en términos durísimos, denomina “desecho humano”, producto genuino de la lógica de esta fase del mercado global: los inmigrantes irregulares (mal llamados “ilegales”, que es la forma en que se conoce a los trabajadores extranjeros no expresamente deseados) y los refugiados: “Uno de los resultados más letales del triunfo global de la modernidad es la acuciante crisis de la industria de tratamiento del desecho (humano)”, escribe Bauman[12]. Esa es la razón por la que se ven despojados de todos los elementos de identidad, de los marcadores nacionales: no tienen Estado, no son necesarios/útiles, o han dejado de serlo, no tienen “papeles”. Los Estados de la UE, explica Bauman, no están dispuestos a recibir a esos <excedentes de otros Estados>  y acuden al argumento de problemas de orden público, de seguridad y aun de defensa de la soberanía nacional-territorial. Se esgrime sin rubor el argumento de que son ejército de reserva de la delincuencia, de la violencia, del terrorismo. Eso es lo que, a su juicio, explica el inaceptable rechazo de los refugiados. Y así, concluye: “la basura no precisa de distinciones afinadas ni de matices sutiles, salvo que haya que clasificarla para su reciclaje”.

Lo que trato de decir es que la ignominiosa respuesta de los gobiernos europeos (peor incluso que la de las instituciones de la UE) ha de entenderse no sólo en los términos de la disputa por los medios para extender nuestros deberes a todos aquellos que son titulares de derechos, pero no son nacionales, sino que tiene una lectura, una interpretación más profunda.

Como ha señalado entre nosotros acertadamente Itziar Ruiz Jiménez[13], habría que reconocer que a lo que asistimos hoy es a un desmantelamiento del ámbito de reconocimiento y garantía de los derechos y a una lucha feroz por recortar el ámbito de los sujetos del derecho a tener derechos, que son los indicadores más claros de esa paradoja hacia la que corremos el riesgo de encaminarnos y que expresaríamos con la fórmula democracias excluyentes. Primero, so pretexto de la crisis, se ha profundizado en la  mercantilización de los derechos económicos, sociales y culturales, las conquistas del siglo XX, a los propios ciudadanos, a las clases más débiles y aun a la clase media a la que se ha pauperizado. Ahora se trata de reducir el ámbito de sujetos que pueden aspirar al reconocimiento mínimo de derechos humanos fundamentales. Esa es la batalla. En ella, las primeras víctimas son esos otros más visibles, los inmigrantes y los refugiados, expulsados de la condición de sujetos de derechos.

La conclusión no puede ser más preocupante: cuando habíamos avistado un futuro de ensanchamiento de la democracia, capaz de desanclar el reconocimiento de la plenitud de derechos de una condición etnocultural (la identidad nacional), abrazando así el modelo de democracia plural e inclusiva, sucede que nos asomamos de nuevo hacia una comunidad política basada en la institucionalización de amplias zonas de exclusión. Y eso no puede ser compatible ni con la democracia ni con el Estado de Derecho. De nuevo, habrá que recordar el lema de Heraclito: <un pueblo debe luchar por sus leyes como por sus murallas>. Pero este pueblo ya no es, ya no debería ser, la comunidad etnonacional que se encierra en la fortaleza, sino una comunidad de ciudadanos libres que quieren acoger,  proteger, incluir bajo su espacio de seguridad, libertad y justicia, a los seres humanos que lo necesitan y que llegan hasta sus puertas.

No nos engañemos sobre el alcance del desafío que nos reta. Los europeos lo vivimos ya de forma descarnada: como se ha dicho y he tratado de recordar, “debemos enfrentar la actual apropiación neoliberal de la democracia representativa… Vivimos en <democracias electorales> que, a pesar de reconocer formalmente la igualdad jurídica y política de sus ciudadanos, son compatibles con reglas salvajes que aseguran el dominio de élites políticas y económicas neocoloniales… Es la “democracia” de los señores de la globalización y del dinero, cada vez más agresiva, arrogante y excluyente. La democracia se ha convertido en su instrumento de ataque, en un espejo de las antiguas sociedades coloniales reproducidas hoy en el sur de Europa, donde es utilizada para establecer grados de inhumanidad que abarcan más y más gente. No sólo refugiados e inmigrantes, sino también todos esos parias a los que el modelo fundamentalista neoliberal construye como desechables: parados, pensionistas, funcionarios, familias desahuciadas, enfermos sin urgencias, estudiantes, estafados por las preferentes, etc.”.

 

 


* Draft. Se ruega no citar sin autorización del autor.

[1]  Lo cierto es que en los documentos preparatorios hay elementos útiles que debieran ser tenidos en cuenta. Cfr, de un lado, el informe del Secretario General de la ONU, “In Safety and Dignity: Addressing Large Movements of Refugees and Migrants” (mayo 2016), en cumplimiento de la Decisión de la Asamblea General de la  (ONU Decision A/70/L.34), como base para el High Level Meeting de septiembre de 2016. 
Y sobre todo, los dos Anexos del Draft de 29 julio 2016 Outcome Document for 19 september 2016 High-Level Meeting to address large Movements of Refugees and Migrants: https://unngls.org/images/PDF/UN_Summit_Refugees_Migrants_29July_Draft_Declaration_Annex_I_Annex_II.pdf

 

[2] Creo que lo refleja el hecho de que la definición más apropiada de aquello en que se ha convertido hoy un refugiado, como vengo insistiendo, es la que propuso hace unos meses el Alto Comisionado de derechos humanos de la ONU, el jordano Zeid Ra’ad Al Hussein: “refugees… These are people with death at their back and a wall in their face”. Nuestra aportación es esa: ponerles delante muros, alambradas, campos de detención.

[3] A esa conclusión se llega desde perspectivas diferentes, al examinar el déficit que aqueja al modelo liberal de democracia, incapaz de responder en términos de pluralismo inclusivo e igualitario a los desafíos de una sociedad que, al mismo tiempo que crecientemente multicultural, utiliza la diversidad cultural para profundizar en la desigualdad. Véanse los análisis de Connolly desde el punto de vista del pluralismo constitucional, los de Santos, Sassen y Bauman sobre los efectos del proceso de globalización tecnoeconómico bajo el imperio desregulador del capitalismo financiero, o, desde una perspectiva filosófica, los de Agamben y Honneth.

[4] En realidad, como han insistido Bauman y el mismo B Santos,  es una maquinaria al servicio de la exclusión de la presencia y reconocimiento de los agentes de la diversidad: ante todo, los asalariados y las mujeres; además, los pobres, las personas no blancas, las minorías étnicas y sexuales, los grupos considerados inferiores, las personas con discapacidad, y, en razón de ello, susceptibles de ser cosificados, explotados y silenciados. Por eso se ha podido denunciar el carácter colonial de la democracia liberal y del tipo de relaciones que estableció con una multiplicidad de sujetos a los que despolitizó y deshumanizó.

[5] S Sassen, Expulsions. Brutality and Complexity in the Global Economy, Harvard University Press, 2014. Hay traducción española, Expulsiones. Brutalidad y complejidad en la economía global, B Aires, Katz eds. 2015.

[6] Ferguson denuncia la contradicción entre la lógica de lo público y la lógica del mercado o, por decirlo de otra manera, entre la lógica de la universalidad de los Derechos y la expansión del Estado de Derecho, y aquella otra del beneficio y la “mano invisible”, que postula el regreso al más radical hands-off del Derecho y los poderes públicos en el ámbito desrregulado (“auto-regulado, según el eufemismo falaz) que reclama para sí el mercado.

[7] Nuevos parias, de condición precaria e intercambiable, con fecha de caducidad, tal y como sostiene en su Archipiélago de excepciones, una conferencia impartida en el CCCB de Barcelona, en diálogo con Giorgio Agamben y que fue luego publicada en Katz ediciones, 2008.

[8] Es lo que explica la conocida paradoja enunciada por el dramaturgo Max Frisch y que ignoran esos modelos de políticas migratorias: queríamos mano de obra y nos llegan personas, sociedades, visiones del mundo.

[9] Cfr. Face aux migrants: Etat de Droit ou état de siège, París, Textuel, 2007.

[10]  Withol der Wenden, C., “Une nouvelle donne migratoire”, Politique Étrangère, 3/2015, pp 95-106.

[11]  Quizá debiéramos añadir los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE). Bauman escribe que “es posible que la única industria pujante en los territorios de los miembros tardíos del club de la modernidad sea la producción en masa de refugiados. Y los refugiados son el ´residuo humano´ personificado: sin ninguna función ´útil´ que desempeñar en el país al que llegan y en el que se quedan, y sin intención ni posibilidad realista de ser asimilados e incorporados" (Bauman, 2008: 32)

[12] Bauman, 2008: 32.

FIESTAS, NEGOCIOS, DERECHOS

Cumplida la primera mitad de la fiesta por excelencia, los San Fermines, se registran cuatro denuncias por agresión sexual, una quinta por un intento y otras siete por abusos. Y doce personas detenidas por la policía, que ha rastreado las innumerables cámaras (sólo después de las denuncias, claro).

Es inadmisible. No me digan que pasa en todas las fiestas. No me digan que ellas provocan e incitan. No me digan que siempre ha sido así, pero que ahora se sabe gracias a la iniciativa del Ayuntamiento, que anima a denunciar. El hecho es que nadie ha pensado en parar la fiesta, aunque sea un día. Nos manifestamos por la noche, y salimos tan contentos de lo feministas que somos.

Admiro y respeto a Uxue Barkos a la que considero una figura insustituible en la vida pública y de otra forma de entender la política. Precisamente por eso, me extraña que hubiera que esperar hasta el lunes 11 por la noche, en la manifestación en la plaza del Castillo, para escucharle una primera condena. Tampoco el alcalde de Pamplona, persona ilustrada y de inequívoca convicción democrática, que se declara (para mi asombro) asqueado pero impotente. ¿Impotente? El alcalde? Y por qué no dimite? Y es que parece que una cosa es la lucha por la autodeterminación y otra parar la fiesta: cualquiera se atreve a poner en cuestión fiesta, tradición y negocio! Ningún político navarro parece advertir qué es lo importante en todo esto: las agresiones sexuales, las violaciones, que suponen una insoportable negación de derechos básicos de las mujeres.

Lo dijo mucho mejor que yo Pedro Blanco en su editorial (“Dáis asco!”) en H25 y por eso termino citándole  “A los hombres deberían repugnarnos todos los hombres que ejercen esa forma indecente de dominación... todos los que callan, todos los que lo justifican, todos los que menosprecian a las víctimas o vitorean a los agresores…Y los demás, todos los demás y los hombres los primeros, deberíamos ser una barrera física, un dique moral con el que contener tanta hombría repugnante. Es necesario denunciar los abusos y señalar a los abusadores, desmontar las coartadas y combatir los clichés y decir bien alto... pero qué asco nos dais!”.

 

EL PSOE, ANTE EL NUDO GORDIANO

El PSOE se encuentra en una situación típica de lo que los clásicos llamaban argumento cornudo o dilemático. Ante su ejecutiva federal se abren dos opciones y las dos, malas. El ejemplo clásico es el que Diógenes Laercio atribuye a Sócrates. Parece que una vez le preguntaron a Sócrates si era mejor casarse o no. Y el sabio respondió: es igual, hagas lo que hagas, decidas una cosa u otra, te arrepentirás.

Hay que reconocer la habilidad de Rajoy y del PP para endosar ese dilema al PSOE. Porque, indiscutiblemente, si alguien tiene la responsabilidad de tomar posición, más aún, según se subraya enfáticamente, de decidir a la altura de la “responsabilidad de Estado”, en aras del “interés general”, que debe sobreponerse al del partido (y, además, ya, con toda urgencia, es decir, con la que jamás ha tenido ni Rajoy ni el PP), ese es Rajoy y el PP. De acuerdo con su propio argumentario, como lista más votada les corresponde actuar y cuanto antes. Pero no, estos (ir)responsables, se contentan con pasar la carga al PSOE y a Sánchez y esperar a que se lo solucionen.

Ciertamente, el PSOE lo tiene difícil: si opta por una coalición con un partido al que ha denunciado por las pruebas abrumadoras de corrupción sistémica para la autofinanciación fraudulenta (en la que no puede no estar implicada del presidente del partido, salvo que opte por aquello de “no sé; yo no me ocupaba”, la “ignorancia deliberada”, que no le ha servido a Messi, aunque quizá si a la infanta), sería una traición en toda regla a los votantes del PSOE. También se produce esa traición al mandato de sus casi cinco millones y medio de electores (22.67%), si acaba permitiendo con su abstención que se constituya otro Gobierno de Rajoy. Lo primero parecen tenerlo claro todos en la ejecutiva del PSOE. Lo segundo, no: un sector relevante se alinea con FG y echa mano de la “responsabilidad de Estado”: no se puede permitir que nos veamos abocados a una tercera cita electoral en la que, verosímilmente, las perspectivas parecen especialmente negativas para un PSOE al que todos señalarían con el dedo como responsable. Ahora bien, ¿cómo desconocer que el precio de la coherencia con los principios y programas va a llevar consigo su estigmatización como irresponsable, como origen de un nuevo proceso electoral? Hagas lo que hagas, sin perdón, la cagas.

Sin embargo, creo que ante este dilema es posible salir al modo de Alejandro cuando se enfrentó con el nudo gordiano. El PSOE debe cortar el dilema, negándolo. Porque hay una opción que le puede salvar de la cornada que le pilla sea cual sea la opción del dilema que escoja.. Se trata de negar el planteamiento y hacerlo precisamente acudiendo a un criterio bien asentado en la ética política por Spinoza (y, en cierto modo, por Kant).

Dejó escrito Spinoza (para que lo desarrollara Hegel) que la vía para la determinación es la negación. Me atrevo una interpretación muy poco ortodoxa para relacionarlo con el clásico motto kantiano para describir las dificultades de las decisiones propias del ámbito de la razón práctica (la moral, la política, el Derecho): nuestra necesidad de actuar supera siempre la posibilidad de conocer y, por eso, la angustia ante una decisión que no podemos fundar de modo inequívoco, que comporta el riesgo del error. Pues bien, lo razonable es proceder por exclusión, la vía negativa. No sabemos qué será lo mejor. Pero quizá si que es lo peor, que es lo que no nos gusta, lo que rechazamos. Lo que debemos excluir.

Y eso es lo que viene en ayuda para salir del dilema aparentemente planteado al PSOE. Porque lo peor, lo que hay que excluir,  no es no contar con un Gobierno de inmediato. Lo peor es tener un Gobierno que la inmensa mayoría de los ciudadanos no queremos. No se trata de tener Gobierno a toda costa so pretexto de la responsabilidad de Estado. La verdadera prioridad, el verdadero sentido de Estado es tratar de no ofender aquello que la mayoría de los ciudadanos excluyó como opción de Gobierno el 26 de junio: más del 67% no queremos un Gobierno de Rajoy y de su PP. Ergo el PSOE no debe de ninguna manera hacer posible ese Gobierno. La responsabilidad de Estado exige precisamente lo contrario: hacer posible otro Gobierno. ¿Difícil? Evidentemente. Pero es que estamos ante una necesidad en la que han insistido los ciudadanos dos veces en seis meses. Y, además, es lo menos irrazonable.

Porque irrazonable es pensar que el mejor Gobierno es el de un Presidente y un grupo dirigente de un partido que insiste en recetas políticas que afectan negativamente a la mayoría de los ciudadanos, que cada día se levanta con un nuevo testimonio de corrupción que evidencia que no se trata de casos aislados sino de un modo de organización y financiación del partido, que ha llevado a España a un cul de sac en la gestión del problema con Cataluña, que practica y justifica disparates como los de la “policía patriótica”, que ha convertido a nuestro país en irrelevante no ya en el panorama internacional, sino en el europeo. Ese partido, que tiene un indiscutible y relevante apoyo de los ciudadanos (casi 8 millones), debe regenerarse: pero sabemos que no lo hará si continúa en el poder.

Y aquí  nos encontramos con otra razón que excluye el apoyo al Gobierno de Rajoy como una decisión razonable. Es el propio país el que, por decencia, por pedagogía democrática, necesita otro Gobierno. Se trata de mostrar a la ciudadanía que sí, que es posible una opción de Gobierno más decente, más esperanzadora, mejor. Por ejemplo, ¿por qué no un acuerdo de Gobierno para una legislatura corta que permita reformas elementales, imprescindibles para regenerar la acción política, las instituciones clave, que pueda replantear la relación con Cataluña?  Ya sé que no serán las reformas de fondo, las constitucionales, en las que el concurso del PP es imprescindible, también porque no se deben hacer en contra del sentir de 8 millones de ciudadanos. Per probablemente, tras dos años de otro Gobierno, el PP habría podido llevar a cabo una tarea de regeneración y todos estaríamos en mejores condiciones para seguir trabajando por el bien común.

Publicado en INFOLIBRE, 9 de julio de 2016

http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2016/07/09/el_psoe_ante_nudo_gordiano_52314_1023.html

 

LA UE PIERDE SU ALMA ANTE LOS REFUGIADOS

La UE pierde su alma ante los efugiados

Javier de Lucas

ÉXODO ÉXODO 134

Uno de los relatos más antiguos sobre refugiados ocupa las páginas de la Biblia (Génesis, 3, 24): Adán y Eva son expulsados –aunque no perseguidos– del paraíso en que vivían, por desobedecer las órdenes de su Creador y dueño. Algunos siglos después, y con todos los matices que se deban añadir, los europeos vivimos en lo que, de acuerdo con muchos índices objetivos, puede ser calificado como el paraíso, al menos para el resto del mundo: Europa, la UE, reúne al grupo de sociedades más prósperas y felices de la historia de la humanidad. También las más seguras, al menos en la acepción amplia de seguridad humana. Pero en este paraíso hay grietas, desuniones, incluso clases, de Grecia, Portugal, España, al Reino Unido, Dinamarca, Alemania o Suecia. Y, por si fuera poco, tratan de alcanzarlo algunos centenares de miles de extraños: inmigrantes y refugiados. De unos y otros se puede decir que casi nunca llegan en el momento oportuno ni en la medida justa/deseada, sobre todo en opinión de quienes les ven llegar y temen por el mantenimiento del alto standing que disfrutaban en exclusividad antes de ver sacudidas las puertas del club por semejantes parias.

 

 

  1. ¿Crisis de refugiados?: categóricamente, no. Refugiados en crisis ante la indiferencia de la U.E

 

En efecto, a lo largo de 2015 se ha propagado la tesis engañosa de que Europa vive una agudacrisis de refugiados. Responsables (¿) políticos de la UE y de los Estados miembros y una buena parte de los medios de comunicación nos insisten todos los días en ello y en las dificultades que provoca este fenómeno, al parecer, imprevisible y desproporcionado en relación con nuestros recursos. Pero hay que decir que casi nada en ese discurso se ajusta a la verdad.

 

Ante todo, porque los refugiados siempre han vivido en crisis: la noción misma de refugiado, tal y como lo define el artículo 1º de la Convención de Ginebra sobre los refugiados (de la que todos los Estados europeos son parte y, por tanto, sus preceptos les obligan jurídica, y no sólo política o moralmente) así lo reconoce.

 

Pero, además, es falso que asistamos a una ola, un tsunami incontenible e imprevisible. Ante nuestros ojos, durante más de 5 años en el caso sirio y en los de Afganistán, Eritrea o Mali por más tiempo, se ha desarrollado una guerra civil, con muertes y persecuciones feroces que provocan que millones de personas se vean en el estado de necesidad de huir se sus hogares. Por citar un caso del que apenas se habla, en el sureste asiático, en 2015, la comunidad musulmana rohyngia (asentada y perseguida en la antigua Birmania casi desde el siglo VII), sufrió un nuevo embate que obligó a la huida de decenas de miles de personas que salieron de Birmania, sin que país alguno (salvo Bangla Desh) les acogiera. Lo mismo sucede en Sudán del Sur, un Estado fallido, en Mali y en tantos otros países en todo el mundo. El ACNUR cifra en más de 60 millones los refugiados y desplazados a finales de 2015.

 

Frente a esa realidad, en la mayoría de los casos, no sólo no hemos hecho nada (el pecado de indiferencia del que habla el papa Francisco), sino que hemos conseguido negociar con los conflictos (dividendos de la industria de armamento, por ejemplo) o hemos sacado provecho de circunstancias extremas que están en el origen de la huída de una buena parte de los refugiados (desertificación, sequías, hambrunas que no siempre son producto de fenómenos “naturales”, sino también de la mano del hombre, de la rapiña del mercado: sobre-explotación de recursos, fracking, contaminación insoportable): debemos fijarnos en esas causas que subyacen, la venta de armas, ganancias en materias primas, además de los negocios de la política de fortificación de fronteras analizados por ejemplo por Claire Rodier (Xenophobie Business. A quoi servent les controles migratoires?) o Ruben Andersson (Illegality, Inc.: Clandestine migration and the business of bordering Europe). Por supuesto, calificarlos de tsunami o invasión incontenible carece de todo fundamento.

 

¿Crisis de refugiados? No. Como he tratado de explicar en otros trabajos (singularmente enMediterráneo: el naufragio de Europa, Valencia, Tirant lo Blanch 2015), los europeos hablamos de crisis porque creemos estar amenazados por una extraordinaria ola de refugiados que desbordaría todos nuestros recursos (¿!) Recordaré que si España recibiera un número de refugiados sirios equiparable a los que viven en Líbano (donde 1 de cada 4 habitantes es un refugiado), estaríamos hablando aproximadamente de 10 millones de refugiados. Las debatidas cifras de acogida, en la propuesta de la Comisión Europea lanzada en mayo de 2015 (Nueva Agenda europea de inmigración y asilo) y pensada para procesos de reubicación en la UE de los refugiados llegados a Italia y Grecia y luego procesos de reasentamiento de quienes desbordan (en esos casos sí, los campos de acogida en Jordania, Líbano, Iraq o Turquía), no alcanzan un total de 160.000.

 

 

  1. La crisis de los refugiados es la crisis del proyecto europeo

 

No: lo que esta “crisis de refugiados” ha sacado a la luz es la crisis del proyecto europeo, de un verdadero espacio de libertad, justicia y seguridad presidido por el imperio del Estado de Derecho, al servicio del reconocimiento e igual garantía de los derechos humanos. Con su actitud al negar –peor que olvidar– sus obligaciones jurídicas con los refugiados, los europeos renunciamos a cuanto de más válido hay en la UE y hacemos tristemente real el veredicto del presidente Juncker en el debate de septiembre de 2015 sobre el estado de la UE: “una Europa sin Unión, una Unión que no es europea”. Hemos renunciado a poner en pie un verdadero sistema europeo de asilo, común y obligatorio. En lugar de hacer más asequible y seguro el asilo a quienes tienen derecho a recibirlo, nos empeñamos en incrementar las dificultades y externalizar la tarea de recibir a los refugiados, comprando a Turquía para que se encargue y despreocupándonos de si lo hace con respeto o no de los derechos de esos millones de personas.

“No podemos hacer otra cosa”, nos dicen. No es verdad. La UE, sus Estados miembros, puede, y sobre todo debe ofrecer otras respuestas. Permítanme recordar tres de ellas.

Lo primero, sería contar con una Autoridad o Agencia específica europea para la gestión del sistema de Asilo y Refugio y de la protección subsidiaria (con especial atención a los programas de reasentamiento). No basta a mi juicio con la FRA (Agencia Europea de derechos fundamentales) ni, evidentemente, con FRONTEX, ni aun en su modalidad de verdadera policía de fronteras propuesta por la Comisión en su comunicación del 15 de diciembre.

En segundo término, hay que incrementar la implementación de vías legales para la solicitud de asilo y en particular garantizar la posibilidad de pedir asilo en embajadas y consulados en los países de origen, limítrofes y tránsito y que se abra así el expediente de asilo, sin que sea necesario llegar a territorio europeo para hacerlo. De manera proporcional a los recursos diplomáticos de cada Estado, la UE debe multiplicar las oficinas diplomáticas y consulares, sobre todo en los países limítrofes a aquellos en los que existen situaciones de conflicto que generan desplazamientos de refugiados. Es ingenuo pensar en hacerlo en Siria, Afganistán o Eritrea. Pero no en Jordania, Líbano. Iraq o Turquía, por referirnos sólo a ejemplos que afectan los refugiados sirios.

Además, en tercer lugar, se trata de hacer realidad la Directiva 2001/55CE del Consejo de Protección Temporal activando el mecanismo contemplado para hacer frente a emergencias humanitarias, para lo que se cuenta con el Fondo Europeo para refugiados. La directiva provee iniciativas para hacer seguro y equitativo el deber de solidaridad entre los Estados miembros de la UE. Entre esas medidas se incluye eliminar la exigencia del visado de tránsito para aquellas personas que proceden de países en conflicto y mejorar los programas de reunificación familiar.

Por supuesto, hay muchas otras medidas. Habría que hablar, por ejemplo, de otro modelo de política de reasentamiento que haga efectivo un compromiso obligatorio y proporcionado por parte de todos los Estados miembros.

En su mayoría, estas medidas como es fácil advertir, suponen una concreción de los aspectos más positivos de la Agenda migratoria europea, presentada por la Comisión el 13 de mayo de 2015 –Com (2015) 240 final– (http://ec.europa.eu/dgs/home-affairs/what-we-do/policies/european-agenda-migration/background-information/docs/communication_on_the_european_agenda_on_migration_es.pdf), que se basaba en 4 ejes: salvar las vidas en peligro; ayudar a los dos países de la UE que se encuentran en primera línea (Italia y Grecia) y compartir la carga mediante políticas de reasentamiento y reubicación; colaborar con los países de origen de los flujos migratorios; luchar contra las redes mafiosas d tráfico de personas.

La Agenda fracasó por la oposición de buena parte de los Estados miembros a la puesta en marcha del elemento más importante de esa Agenda, un sistema común y obligatorio de Asilo, que implicaba en una política complementaria de reubicación y reasentamiento de refugiados, distribuida de modo proporcional entre los 28, conforme a cuatro criterios objetivos (tamaño de población; PIB; tasa de paro y número de solicitudes recibidas). Esa oposición hace patente la tendencia a la renacionalización que está minando el proyecto europeo y cuyo extremo es la posición permanente del Reino Unido que hoy ha llegado al escenario Brexit.

Con todo, el objetivo prioritario de la nueva agenda europea era asegurar el salvamento y rescate de quienes arriesgan sus vidas. Sin embargo, la política de la propia Comisión ha sido poco coherente con ese objetivo declarado. Desde el principio, alegando una mala razón que roza la apología del delito de omisión del deber de socorro, como proclamaron sin vergüenza alguna ministros del Gobierno Cameron (Theresa May), o del Gobieno Rajoy (Fernández Díaz, García Margallo) , se rechazó sustituir la operación Mare Nostrum, auténtica operación de salvamento y rescate mantenida por el gobierno italiano durante 2014 con un coste de algo más de 110 millones de euros, con el argumento expreso de que esa operación ¡“provocaría efecto llamada”! Hoy, la UE mantiene dos operaciones de control y vigilancia de fronteras (no de salvamento y rescate), una en el canal de Sicilia y otra en el Egeo, donde junto a los efectivos de FRONTEX y de toda la UE está actuando ya, lo que envía el desastroso mensaje simbólico de que no ya el orden público, la policía de fronteras, están amenazados, sino que está en juego la seguridad y defensa de la propia UE. Cuando lo que está en juego es la garantía de la vida de los refugiados e inmigrantes. Los mismos que están llenando ya de nuevo de cadáveres la ruta del canal de Sicilia (se cifra en más de 3.000, por más de 14.000 personas rescatadas) en los últimos 10 días, después de que las mafias se hayan aprovechado del cierre de la ruta turco-griega para vender de nuevo su mercancía: barcos que lleven a los desesperados hacia las islas italianas, desde Egipto o, sobre todo, la destruida e ingobernable Libia.

 

 

  1. Refugiados con derechos: “personas con la muerte a su espalda y un muro ante su rostro”

 

En todo caso, lo importante es entender que hablamos de derechos de los refugiados, derechos que nos hemos comprometido a reconocer y garantizar ante el Derecho internacional, al ratificar la Convención de Ginebra de 1951 y el Protocolo de Nueva York de 1967. Pero no. La contribución de la UE a esos refugiados es la segunda parte de esa definición de refugiados propuesta por el Alto Comisionado de la ONU para derechos humanos, el jordano Zaid Ra’ad Al Hussein: “refugiados son personas con la muerte a su espalda y un muro ante su rostro”. Frente a los refugiados, personas que necesitan protección internacional para poder tener el derecho a tener derechos que les niegan los países de los que huyen (sus patrias), nuestra respuesta es el rechazo, la contención mediante muros y alambradas y, en el colmo, su internamiento en campos que ya no son de acogida: son campos de detención (como si fueran criminales, delincuentes) o fábricas abandonadas, sin techo, luz ni agua, como han encontrado los expulsados del campo de Idomeni. Aún peor, no contentos con ese rechazo y esa criminalización, hemos retorcido el Derecho internacional de refugiados y aun el específicamente europeo (Directivas 32 y 33/2013) para acordar un pacto de deportación de Grecia a Turquía, comprado a base de 6000 millones de euros y ventajas de exención de visado y rebajas comerciales a Turquía que, bajo el régimen de Erdogan es cada vez más claramente un país no seguro, sobre todo para todos estos refugiados, ya que no considera refugiados a los no europeos.

El incumplimiento de lo que da sentido al proyecto de la UE, esto es, ser una comunidad bajo la extensión del imperio de la ley, del Estado de Derecho, su falta de respeto a los derechos humanos universales, a los ojos del mundo, de los ciudadanos que siguen mirando a Europa como un paraíso de libertad, justicia y seguridad, nos sitúa como no fiables. Mucho menos realmente fiables que cuando incumplimos una tasa de déficit o retrasamos el pago de la deuda. Debemos elegir si preferimos que aún sueñen y quieran ser como los europeos, o que nos teman y nos desprecien.

(Publicado en el número 134 Revista Éxodo, junio 2016)

Apunts entre la matinada i el Malson electorals

N’hi haurà temps per a l'anàlisi, però a aquestes hores de la matinada crec que podem constatar alguns fets, preveure dues conseqüències i, sobretot, formular unes quantes preguntes: Primer, les dades, els fets: Encara que a molts ens sorprenga i ens dolga, el PP de Rajoy ha guanyat de llarg les eleccions en millorar els seus resultats de desembre. Tindrà 14 diputats més i majoria absoluta en el Senat (130 senadors). Pel que fa a les dades sobre els vots, el PP obté quasi huit milions de vots (7.902.000), el PSOE quasi cinc i mig (5.423.324), Unidos Podemos cinc milions i C’s poc més de tres milions. Una dada rellevant és que qui perd vots és sobretot la coalició Unidos Podemos (quasi milió i mig). La llei electoral bloqueja les possibilitats de canvi. Ho ha subratllat el constitucionalista Miguel Presno en posar de manifest tres dades: el PP, amb 33,02% vots, aconsegueix 39,14% d'escons (137). El PSOE amb 22,68% vots té el 24,2% d’escons (85). Unidos-Podemos amb 21,11% vots, el 20,28% escons (71). L'abstenció arrossegà un milió dos-cents mil ciutadans més que al desembre. S'imposen, al meu parer, dues conseqüències: 1) Ara, Rajoy ja li pot escriure a Juncker per a dir-li que endavant amb les retallades i les sancions i que la majoria dels espanyols estaran molt contents que així siga, perquè li donen suport aclaparadorament i, per tant, li donen carta blanca per a seguir amb reformes laborals, buidatge de la caixa de pensions i altres foteses… 2) Els refugiats hauran de seguir confiant en el treball de voluntaris i ONGs com MSF o Save the Children, perquè de part del més que probable Govern Rajoy, ja poden esperar en va una altra cosa que les seues mesquineses i mentides habituals I, per fi, cal formular ja algunes preguntes • S'empassaran Albert Rivera i C's el seu veto a Rajoy per a formar el govern de dretes en honor de l’"estabilitat"? Farà el cor dur amb la seua exigència de modificar la llei electoral, que tant penalitza els partits com el seu? Perquè si espera que un Govern de Rajoy impulse aqueixa reforma, haurà d'anar a Santa Llúcia perquè li conserve la vista • * Veurem el PNB recórrer al seu pragmatisme i ideologia conservadora, per a permetre un Govern de la dreta espanyolista (PP de Rajoy+C’s de Rivera), a canvi de concessions econòmiques? • * Donarà mostres Coalició Canària de la seua “flexibilitat” i donarà suport també al PP i a Rajoy, després d'haver votat a favor de la investidura de Sánchez? • * Revisarà Podemos la seua dependència de l’hiperlideratge d'Iglesias i la seua aposta per referendar el dret d'autodeterminació a Catalunya i més, si vol governar a Espanya? S'obrirà un procés dins de Podemos per a revisar el paper d'Iglesias i la seua estratègia? S'abandonarà l'estratègia d'annexió d'IU, o reconeixeran que la posició d’Errejón era més encertada? • * ¿Es mantindrà la perspectiva intrapartidista de Sánchez en el PSOE, que mostra la seua satisfacció pel fet de no haver sigut superats per UP, i deixa a banda el reconeixement que han perdut 5 escons en els pitjors resultats de la història del PSOE i que, a Andalusia, han perdut per tres escons davant el PP? Es mantindrà Sánchez en la secretaria general, després de la derrota de Susana Sánchez? • * Seguirà sostenint Alberto Garzón que la submissió d'IU a Podemos ha sigut una estratègia encertada? Dimitirà com a coordinador de l'encara formalment existent IU o explicarà el conte que han millorat el seu resultat? * Els politòlegs, les empreses de sondejos i els tertulians han/hem errat de llarg. Quants ho reconeixeran? • * N’hi haurà illes o fins i tot arxipèlags suficients per als qui volguérem passar almenys una temporada aliens al mandat ibèric de Rajoy o ens acontentarem amb l'exili interior i allò de la resistència, en la qual el president en funcions ha demostrat la major perseverança contra tot pronòstic?

APUNTES DE LA MADRUGADA ELECTORAL

Tiempo habrá para el análisis, pero a estas horas de la madrugada creo que podemos constatar algunos hechos, prever dos consecuencias y, sobre todo, formular unas cuantas preguntas:

Primero, los datos, los hechos:

Aunque a muchos nos sorprenda y nos duela, el PP de Rajoy ha ganado de largo las elecciones al mejorar sus resultados de diciembre. Tendrá 14 diputados más y mayoría absoluta en el Senado (130 senadores). Por lo que se refiere a los datos sobre los votos, el PP obtiene casi ocho millones de votos (7.902.000), el PSOE casi cinco y medio (5.423.324), Unidos Podemos cinco millones y C’s poco más de tres millones. Dato relevante es que quien pierde votos es sobre todo la coalición Unidos Podemos (casi millón y medio).

La ley electoral bloquea las posibilidades de cambio. Lo ha subrayado el constitucionalista  Miguel Presno al poner de manifiesto tres datos: el PP, con 33,02% votos, consigue 39,14% de escaños (137). El PSOE con 22,68% votos tiene el 24,2% escaños (85). Unidos-Podemos con 21,11% votos, el 20,28% escaños (71).

La abstención arrastró a un millón doscientos mil ciudadanos más que en diciembre.

 

Se imponen, a mi juicio, dos consecuencias:

1) Ahora, Rajoy ya le puede escribir a Juncker para decirle que adelante con los recortes y las sanciones y que la mayoría de los españoles estarán muy contentos de que así suceda, porque le respaldan abrumadoramente y, por tanto, le dan carta blanca para seguir con reformas laborales, vaciamiento de la caja de pensiones y demás fruslerías…

2) Los refugiados tendrán que seguir confiando en el trabajo de voluntarios y ONGs como MSF o Save the Children, porque lo que es del más que probable Gobierno Rajoy, ya pueden esperar en vano otra cosa que sus mezquindades y mentiras habituales…

 

Y, por fin, cabe formular ya algunas preguntas:

* ¿Se tragarán Albert Rivera y C's su veto a Rajoy para formar el gobierno de derec,ha en aras de "estabilidad"? Hará de tripas corazón con su exigencia de modificar la ley electoral, que tanto penaliza a partidos como el suyo? Porque si espera que un Gobierno de Rajoy impulse esa reforma, deberá ir a que Santa Lucía le conserve la vista

* ¿Veremos al PNV echar mano de su pragmatismo e ideología conservadora, para permitir un Gobierno de la derecha españolista (PP de Rajoy+C’s de Rivera), a cambio de concesiones económicas?

* ¿Dará muestras Coalición Canaria de su “flexibilidad” y apoyará también al PP y a Rajoy, tras haber votado a favor de la investidura de Sánchez?

* ¿Revisará Podemos su dependencia del hiperliderazgo de Iglesias y su apuesta por referenda de derecho de autodeterminación en Catalunya y más, si quiera gobernar en España? Se abrirá un proceso dentro de Podemos para revisar el papel de Iglesias y su estrategia? Se abandonará la estrategia de anexión de IU o reconocerán que la posición de Errejón era más acertada?

* ¿Se mantendrá la perspectiva intrapartidista de Sánchez en el PSOE, que muestra su satisfacción por el hecho de no haber sido superados por UP, dejando aparte el reconocimiento de que han perdido 5 escaños en los peores resultados de la historia del PSOE y que, en Andalucía, han perdido por tres escaños frente al PP? Se mantendrá Sánchez en la secretaría general, vista la derrota de Susana Sánchez?

* ¿Seguirá sosteniendo Alberto Garzón que el sometimiento de IU a Podemos ha sido una estrategia acertada? Dimitirá como coordinador de la aún formalmente existente IU o contará el cuento de que han mejorado su resultado?

* Los politólogos, las empresas de sondeos y los tertulianos han/hemos errado de largo. Cuántos lo reconocerán?

* habrá islas o incluso archipiélagos suficientes para los que quisiéramos pasar al menos una temporada ajenos al mandato ibérico de Rajoy o nos contentaremos con el exilio interior y aquello de la resistencia, en la que el presidente en funciones ha demostrado la mayor perseverancia contra todo pronóstico?

 

ALIVIO PARA LA IMPOTENCIA

Aunque pueda parecerlo, esto no es un mensaje comercial de laboratorios farmacéuticos. La impotencia es, será, el motivo de muchos de los votos que se producirán este domingo, el voto reactivo, decidido por el sentimiento de indignación o frustración que embarga hoy a muchos ciudadanos tras la legislatura de mayoría absoluta del PP. Y aún más, después de la prórroga de medio año que consiguió el Gobierno Rajoy, ante la incapacidad/ausencia de voluntad por parte de nuestros representantes para gestionar los resultados del 20 de diciembre.

Una parte importante de esos votantes –hasta 3 millones, según el sondeo de demoscopia del pasado viernes- van decidir si frenan la caída del PSOE, o si la profundizan, pasando su voto a C’s, UP, o incluso al PP. De ese resultado dependerá el color del Gobierno de inevitable coalición que habrá de constituirse. Y no es en absoluto descartable que no sea el de la confluencia de las dos fuerzas de izquierda (UP y PSOE) que, sumadas, parecerían tener a su alcance esa opción.

Muchos ciudadanos sumarían así impotencia sobre impotencia, porque -también según todos los sondeos- esa sería la coalición de Gobierno que preferirían la mayoría de los votantes y la que obtendría mayor respaldo parlamentario. Una coalición que se vería frustrada por los antagonismos entre los líderes de UP y PSOE y las diferencias en sus programas que, la verdad, son menores que las convergencias. Sobre todo, menos importantes que el objetivo básico: tener un Gobierno alternativo al que hemos sufrido en los últimos 4 años y medio.

Comprendo, claro, las razones de la mutua desconfianza entre los dos partidos. Es evidente, por mencionar sólo un dato, que el PSOE no puede aceptar el horizonte de posibles referenda de autodeterminación en Catalunya, Galicia, el País Vasco: para quienes siguen pensando en España como Estado, aunque sea federal, son promesas que carga el diablo. Pero la fuerza del ala neoliberal dentro del PSOE y su sumisión (la de ZP, por cierto) al realismo austericida queda en la memoria de quienes anhelan un cambio de verdad hacia una democracia en la que cuenten como prioridades las necesidades de los más débiles.

Y ahí viene el alivio. El voto puede desempeñar esa función. Como afirmación de mi prioridad y no sólo como expresión de mi impotencia. Es decir para no apoyar a quienes quizá hablen e incluso se lamenten de las situaciones de los parados, los pensionistas, los jóvenes forzados a emigrar, las mujeres que mueren asesinadas todas las semanas, los dependientes que no consiguen sobrevivir dignamente, por no hablar del ninguneo de la cultura y del maltrato a los creadores. Pero que no incluyen ni una línea en los presupuestos para poner remedio a todos esos problemas. Un voto que tampoco irá en apoyo de quienes, por ejemplo, no se comprometan como prioridad con las 5 medidas elementales de política de refugiados propuestas por CEAR en su informe de 2016. Hay que darles donde les duele: que no tengan ni un escaño con nuestros votos

LIERATURA Y CINE EN EL DIA INTERNACIONAL DE LOS REFUGIADOS

Hay muchas maneras de commemorar este 20 de junio, día internacional de los refugiados, porque celebrar, lo que se dice celebrar, no es que haya muchos motivos para hacerlo.

Muchos participarán (si no lo han hecho ayer, en las marchas convocadas para el domingo), en manifestaciones y actos de denuncia, para exigir otras políticas que reconozcan y garanticen eficazmente los derechos de esos nadie, los refugiados, que necesitan del asilo para poder reclamar derechos elementales. Otros meditarán su voto para el próximo domingo y ojalá que decidan negárselo a los partidos que ni siquiera llevan en su programa (y no digamos en las medidas económicas) las iniciativas básicas propuestas por CEAR en su reciente Informe 2016. Pero también existe la posibilidad de aprovechar para leer algunas novelas, visitar una exposición o rescatar algún documental o alguna película que, muchas veces, nos enseñan sobre los refugiados mucho más que densos tratados o manuales.

Muchos de nosotros tenemos en casa, sin saberlo, el primer relato sobre refugiados, el que nos cuenta el Libro del Génesis, 3, 23-24: Y Yahveh Dios echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida”. Según el relato bíblico, los primeros refugiados fueron nuestros progenitores, de modo que la historia de la humanidad comienza con un acto de expulsión y con dos seres humanos a la busca de un refugio fuera de su hogar natal. Pero, si no queremos remontarnos tanto, sugiero la lectura de dos novelas relativamente recientes.

La primera, de Laurent Gaudé, traducida al castellano con el título El Dorado (Salamandra, 2007) nos acerca a la historia de un comandante de guardacostas italiano, Piraci, que desde el puerto de Catania, trata de controlar la llegada de inmigrantes irregulares y refugiados a la puertas de Europa. Después de vivir una experiencia traumática, pues conoce a la madre de un niño al que rescataron ahogado, decide emprender el viaje al revés, es decir, unirse a los inmigrantes y refugiados que tratan de alcanzar ese El Dorado que es para ellos Europa. Ahí la historia se cruza con la de uno de esos millones de inmigrantes, Suleiman, que trata de alcanzar las costas del norte de Africa para encontrar su paraíso europeo.

La segunda, una nouvelle de la multipremiada escritora Maylis de Kerangal, A cet Stade de la nuit, recién publicada (Gallimard, Verticales, 2015) y que he tenido la suerte de poder leer gracias al buen consejo de una impagable amiga. En este cuento se narra en primera persona cómo la protagonista se entera por un boletín de radio, a media noche, del primero de los dos naufragios ante la isla de Lampedusa, que tuvo un coste de 350 personas, a las que todo el mundo se refería como “inmigrantes” aunque pronto advertimos la presencia entre ellos de refugiados. Este cuento tiene el aliciente para los cinéfilos (no digamos para los cinemaníacos, como quien suscribe) de un genial hallazgo de Kerangal, que pone en relación el topónimo Lampedusa con la obra de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, el autor de El Gatopardo. La imaginación de Maylis de Keranga, le lleva a establecer un vínculo entre el naufragio y la maravillosa secuencia del baile en el palazzo Ponteleone, tal como la filmó Visconti en su extraordinaria versión cinematográfica. El baile, verdadero canto del cisne del mundo de Fabrizio, como sugiere con agudeza la misma de Kerangal, es la puesta en escena del fin de un mundo, de una sociedad, de una época que agoniza en su decadencia y que va a ser sustituido por otro, el de la nueva burguesía, que encarnan Don Calogero y su bella hija Angelica. Aunque entre los del viejo mundo hay quienes, como el sobrino del príncipe, Tancredi, tratan de negociar: “Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi”. La Europa envejecida, que camina hacia su decadencia, hacia su irrelevancia en la política global, por su empeño en encerrarse en su privilegiado jardín convertido en fortaleza inútilmente amurallada (como ha explicado Wendy Brown), puede bailar esa danza final, ajena a que su oportunidad de rejuvenecimiento depende en buena medida de una política migratoria y de asilo justa, atractiva y eficaz. Pero no, aquí domina la visión instrumental y cortoplacista, porque gobernantes (y medios de comunicación) ceden a la fácil tentación del mensaje simplista de la inmigración y el asilo como amenaza para nuestro privilegiado nivel de vida, para nuestro modo de ser, que les sirve para acarrear el voto del miedo. Por eso, la política europea (y española) de asilo e inmigración es lampedusiana: cambiar algo para que todo siga igual y, sobre todo, que el cambio no nos afecte. Por eso, como el avestruz, creemos que es mejor no tener esa realidad ante nuestros ojos y hacer que se encarguen otros, los no europeos: los propios países africanos, o Turquía, como en el ignominioso acuerdo entre la UE y Turquía por el que, a cambio de 6000 millones de euros y la exención de visados a los ciudadanos turcos, arrojamos a todos los “excedentes” en manos del cada vez menos fiable Erdogan

Y sí, también el cine. Dos ejemplos entre una larga lista (consulten por ejemplo el sitio web de ACCEM, https://refugiadosenelcine.wordpress.com/ ).

El primero, la estupenda y multipremiada  Illégal (2010), del belga Olivier Masset-Depasse, en la que se nos muestra la historia del paso por un CIE (CREA en su versión belga y francesa)  de Tania, una joven inmigrante irregular que es detenida y encarcelada durante un control de documentos, mientras que su hijo logra escapar. En esa historia se advierte cuán fina puede ser la línea roja que aparentemente separa a inmigrantes de refugiados y sobre todo, hasta qué punto es nuestra respuesta la que habría que calificar de ilegal.  La lucha de Tania, una mujer de 39 años de origen ruso, para no ser expulsada de Bélgica, país donde vive y está integrada desde hace muchos años. Durante un control de documentos, es detenida y encarcelada en un centro de detención mientras que su hijo logra escaparse

El segundo, Fuocoammare (2015), la versión ofrecida por el director italiano Gianfranco Rossi, acerca de la tragedia que viven quienes quieren alcanzar Lampedusa, una película que obtuvo el Oso de Oro en la Berlinale de 2016. Rossi se instaló durante año y medio en la isla para seguir las historias de quienes tratan de alcanzar las puertas de Europa a través del canal de Sicilia, la ruta central del Mediterráneo que recorren miles de personas desde las costas más occidentales de Libia. Rossi recogió el premio acompañado por el doctor Pietro Bartlo, del equipo sanitario que trata de ayudar a todas esas personas, y quiso dedicar el galardón a las gentes de Lampedusa, que gritaron vergogna, vergogna! a las autoridades europeas que llegaron a la isla para derramar sus lágimas de cocodrilo tras el primer gran naufragio de 2013. Gentes abnegadas, generosas, como las de las islas griegas de Lesbos o Kos, que hacen lo que ni las autoridades de la UE ni los Gobiernos de nuestros Estados rehúsan hacer.

 

EL BAILE Y EL NAUFRAGIO: EUROPA, HOY, EN EL DIA INTERNACIONAL DE LOS REFUGIADOS

¿Qué se puede añadir, que no esté ya dicho, sobre el infierno que viven los refugiados y sobre la ceguera europea?¿quizá repetir que aquellos que nos parecen un problema irresoluble, los refugiados sirios, son sólo un pequeño porcentaje de los 60 millones de personas que tratan de encontrar un lugar seguro fuera de su hogar? ¿insistir en que no son delincuentes, sino sujetos de derechos cuya garantía es un deber exigible precisamente a nosotros los europeos, porque así lo prometimos y nos comprometimos al firmar Convenios y protocolos que son derecho vigente, obligatorio, en nuestro país, para todos nosotros? ¿comparar el desafío que afronta Europa con lo que les toca asumir a países como Líbano, Jordania, Iraq, Pakistán, Kenia, Somalia? ¿Preguntar una vez más por la suerte de 10000 menores no acompañados llegados a Europa y desaparecidos, según Europol, ante la aparente pasividad de las autoridades europeas, como denuncia una y otra vez Save the children (http://www.europapress.es/internacional/noticia-menos-10000-ninos-refugiados-desaparecido-europa-20160131094942.html ?

En este día mundial de los refugiados, habrá quien insista en la dimensión humanitaria de la cuestión, en su carácter de tragedia. Esa es una imprescindible tarea de información y concienciación. Para ello, bastará con exhibir algunas de las terribles imágenes, videos, documentales, como por ejemplo el que expone ahora el director de Periodismo humano, Javier Bauluz, en el Centro Niemeyer de Avilés, en su imprescindible “Buscando refugio para mis hijos” (http://www.niemeyercenter.org/noticias/1489/javier-bauluz-expone-buscando-refugio-para-mis-hijos-en-el-centro-niemeyer.html ). O volver a escuchar los testimonios de desesperación  de las madres que pierden a sus hijos en el mar, o de los voluntarios de tantas ONGs que entregan su vida, su tiempo, en el esfuerzo de prestar socorro a quien nada tiene.

Algunos escogeremos la vía de mostrar la diferencia entre los deberes que tenían que asumir la UE y los gobiernos de los Estados miembros y lo que han hecho en realidad. Porque eso, creo, es lo más grave de todo, como traté de señalar hace casi un año, en septiembre de 2015, al publicar el libro Mediterráneo: el naufragio de Europa. En ese momento, ya en coincidencia con lo que apuntaban Cécile Duflot, Zygmunt Bauman, Danièle Lochak o Giorgio Agamben, sostuve que lo que los europeos -desde una perspectiva miope- veían como crisis de refugiados, era algo completamente distinto y aún peor que esa tragedia. Hoy casi todo el mundo (menos nuestros ensimismados gobernantes) está de acuerdo en ello y esta crítica es moneda común. No, lo que sucede ante nuestros ojos no es sólo ni aun principalmente una crisis humanitaria. Naufraga la credibilidad del proyecto europeo, por la opción por un modelo de fortaleza privilegiada para los que somos de aquí, que abandona el compromiso de hacer de Europa un santuario del Estado de Derecho, un espacio de libertad, seguridad y justicia que se mueve por el ideal de la lucha por los derechos, derechos de todos, derechos para todos. Quiero decir que lo que está en juego (y lo ha señalado entre nosotros, por ejemplo, Itziar Ruiz Giménez) es nuestro compromiso con la protección de los derechos, que parece pasar de un compromiso universal a una obligación selectiva, que deja fuera del paraguas de protección jurídica cada vez a más seres humanos, en línea con el proceso de expulsión denunciado por Saskia Sassen como efecto inevitable de la actual fase del modelo neocapitalista de mercado global.

Europa ha cerrado los ojos casi hasta ayer, como un avestruz. Tuvimos un primer aviso en 2013. Nos negamos a tomarlo en serio. Mientras naufragaban no sólo los refugiados, sino también eso que es la razón de ser de Europa, la lucha por los derechos y el imperio de la ley, nosotros bailamos, ajenos al fin de una época. Esa imagen no es mía. La tomo prestada de uno de los mejores relatos sobre esta crisis, la nouvelle de Maylis de Kerangal À ce stade de la nuit, que he tenido la suerte de leer gracias al consejo de una imprescindible amiga. Un cuento que, a partir de una noche de desvelo de su protagonista, el 3 de octubre de 2013, acierta a establecer la relación entre el naufragio y el baile que es el fin de una época, mediante el vínculo entre dos Lampedusa.

Una, claro, es la isla más próxima a la costa norteafricana, al sur de Sicilia. Lampedusa, frente a la que, en esa madrugada, perdieron la vida en un naufragio 350 refugiados e inmigrantes. Esa noticia, transmitida por la radio, sorprende a la autora al filo de la media noche. Y advierte lo que va a suceder: Lampedusa desde ese momento es sinónimo de tragedia, que golpea inopinadamente a la opinión pública europea, ciega frente a esa aventura de riesgo que es cruzar el Mediterráneo en las embarcaciones de desecho que utilizan las mafias ( http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2013/10/06/malditos_duelos_8391_1023.html ) Y aunque al principio se hablaba sólo de inmigrantes, las nacionalidades de los fallecidos (eritreos, somalíes, libios), abren los ojos a lo que en el lenguaje técnico-burocrático se designa como flujos mixtos, para admitir que están llegando –y muriendo- también refugiados. Lampedusa y sus habitantes, simbolizados en la enérgica alcaldesa, Giusi Nicolini, es también muy pronto sinónimo de la revuelta de los ciudadanos europeos de a pie, frente a la hipocresía y la falta de voluntad política de los gobernantes europeos, que derraman lágrimas de cocodrilo y dejan pasar el tiempo para que se olvide la responsabilidad al menos por omisión (http://alrevesyalderecho.blogsinfolibre.es/?p=1863 ). Lampedusa es el grito, vergogna, vergogna! con el que esa población increpa a los Durao Barroso y demás gerifaltes que parecen carecer del sentido del respeto a la vida de quienes, en definitiva, no votan y, por tanto, no existen. Un deber sagrado, el de prestar socorro para salvar las vidas en el mar, que las gentes de la isla, como todos los pueblos marineros, tienen como imperativo sagrado de conducta desde tiempo inmemorial.

Pero el topónimo reenvía también a Giuseppe Tomasi di Lampedusa, el autor de El Gatopardo. La imaginación de Maylis de Keranga, le lleva a establecer un vínculo entre el naufragio y la maravillosa secuencia del baile en la extraordinaria versión cinematográfica de Visconti (en la colección Cine y Derecho, el libro ha sido objeto de un análisis interesantísimo por parte de los profesores Jorge Correa y Sergio Villamarín). Nadie que haya visto el film puede olvidar la larga secuencia de ese baile en el palazzo de Pontoleone, en el que brilla un extraordinario grupo de actores, encabezado por un Burt Lancaster, el aristócrata del cine, insuperable en el papel de Fabrizio, el príncipe de Salina (antepasado del propio Lampedusa). El baile, verdadero canto del cisne del mundo de Fabrizio como sugiere con agudeza la misma de Kerangal, es la puesta en escena del fin de un mundo, de una sociedad, de una época que agoniza en su decadencia y que va a ser sustituido por otro, el de la nueva burguesía, que encarnan Don Calogero y su bella hija Angelica. Aunque entre los del viejo mundo hay quienes, como el sobrino del príncipe, Tancredi, tratan de negociar: plus ça change, plus c’est la même chose, que dejó escrito Alphonse du Karr antes de que Lampedusa ponga en boca de Tancredi su famoso “Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi”.

La Europa envejecida, que camina hacia su decadencia, hacia su irrelevancia en la política global, por su empeño en encerrarse en su privilegiado jardín convertido en fortaleza inútilmente amurallada (como ha explicado Wendy Brown), puede bailar esa danza final, ajena a que su oportunidad de rejuvenecimiento depende en buena medida de una política migratoria y de asilo justa, atractiva y eficaz. Pero no, aquí domina la visión instrumental y cortoplacista, porque gobernantes (y medios de comunicación) ceden a la fácil tentación del mensaje simplista de la inmigración y el asilo como amenaza para nuestro privilegiado nivel de vida, para nuestro modo de ser, que les sirve para acarrear el voto del miedo.

Por eso, la política europea (y española) de asilo e inmigración es lampedusiana: cambiar algo para que todo siga igual y, sobre todo, que el cambio no nos afecte. Por eso, como el avestruz, creemos que es mejor no tener esa realidad ante nuestros ojos y hacer que se encarguen otros, los no europeos: los propios países africanos, o Turquía, como en el ignominioso acuerdo entre la UE y Turquía por el que, a cambio de 6000 millones de euros y la exención de visados a los ciudadanos turcos, arrojamos a todos los “excedentes” en manos del cada vez menos fiable Erdogan.

Claro que todo es susceptible de empeorar: acabamos de escuchar a Sarkozy, que ha recogido la vieja idea que expuso Aznar en el Consejo Europeo de Sevilla de 21 y 22 de junio de 2002: llevar los hotspots de selección de inmigrantes y refugiados y también los propios CIE al otro lado del Mediterráneo. Así no nos molestarán las imágenes de masas de desarrapados acosando nuestras fronteras, como las del poster del UKIP exhibido por Neil Farrage como falaz argumento para apoyar el Brexit

 

Frente a esos mensajes que, por su simplificación, calan fácilmente en la opinión pública, no podemos combatir con buenismo a su vez simple, del tipo del bienintencionado pero estéril hagstag #Mediterranisomriure. No, no basta con sonreir y animar a ser felices. Hay que denunciar que esta política de asilo y sus instrumentos, son graves violaciones de derechos y, en realidad, destruyen el derecho de asilo. Así lo ha hecho la organización MSF, que ha anunciado su renuncia a seguir recibiendo subvenciones de la UE mientras ésta siga practicando esta inaceptable política migratoria y de asilo (www.msf.es/actualidad/la-externalizacion-del-control-migratorio-practicada-europa-sienta-peligroso-precedente ).

Sobre todo, hay que garantizar un derecho imprescindible para millones de personas que buscan la protección más elemental, la que les garantiza el sistema de derecho internacional de asilo, porque les ofrece ante todo el derecho a tener derechos. Eso significa cambiar la política europea y española de asilo. No nos equivoquemos: eso debe empezar por cambiar a los gobernantes europeos en cada país. Para sustituirlos por otros, como Justin Trudeau que ha creado en su Gobierno un Ministerio de Refugiados, Inmigración y Ciudadanía y ha hecho de Canada un santuario al que llegarán en 2016 más de 50.000 refugiados sirios (http://alrevesyalderecho.infolibre.es/?p=4511 ).

Así, deberíamos exigir el compromiso de los partidos que piden nuestro voto el próximo domingo 26 de junio con las cinco medidas mínimas propuestas por CEAR en su reciente informe 2016 Las personas refugidas en Europa y en España (se puede descargar aquí: http://www.cear.es/wp-content/uploads/2016/06/Informe_CEAR_2016.pdf ), como primer paso en la política de refugiados:

1. Retirada del apoyo de España al acuerdo entre la UE y Turquía. Exigir la inmediata suspensión de su aplicación e impugnarlo de forma asimismo inmediata.

2. Inmediata reubicación en España de los refugiados que se encuentran en Grecia e Italia, en el número y procedimiento acordado para nuestro país.

3. Inmediata puesta en marcha de vías legales y seguras para el acceso al derecho de asilo, mediante la recuperación de la posibilidad de solicitud en embajadas y consulados, emisión de visados humanitarios, flexibilización de los requisitos para reagrupación familiar, cumplimiento de los compromisos sobre reasentamiento, que deben ser ampliados con generosidad.

4. Eliminación inmediata de los obstáculos para el derecho de asilo: acabar con las devoluciones ilegales en las fronteras de Ceuta y Melilla y supresión de la exigencia de visado de tránsito aeroportuario a lo sirios.

5. Aprobación inmediata del Reglamento de asilo pendiente desde 2009 y trasposición inmediata de las directivas de asilo aún pendientes.

Lo que propongo al lector es, sencillamente, que hagamos algo por los refugiados: algo tan sencillo como no apoyar con nuestro voto el próximo domingo a ningún partido que no adquiera al menos esos compromisos.